viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz 2011!


Gracias a todos los que en estos últimos seis meses han participado del sueño de las utopías y han hecho posible que se pudiera transitar por este mapa que ha tenido la cultura como pretexto. A todos los que, en algún momento y desde cualquier lugar del planeta, se han acercado a este blog, mis mejores deseos para el  año que comienza en unas horas. ¡Feliz 2011!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Adiós a CNN+

Desde hace dos días, el canal 133 de mi televisor ha dejado de emitir. Un escueto mensaje sobre la pantalla en negro me informa que, por razones ajenas a la plataforma que tengo contratada, las emisiones han finalizado. Una eufemística manera de decirme que CNN+, que a lo largo de once años ha dado noticias las 24 horas del día, ha sido cerrado por sus actuales dueños. Al parecer, la información continuada y los debates darán paso a un reality show, si no lo han hecho ya. Un síntoma más del mal momento que atraviesa en nuestro país el periodismo hecho desde el sosiego y la objetividad, sin crispación ni insultos, consagrado por entero a los hechos, al sagrado principio de "just the facts", a las noticias, que son el pan nuestro de cada día de quienes nos dedicamos a esta profesión. Ahora se impone una forma de ejercer este oficio dominada por los malos modos, por las ofensas, por los improperios. Cuanto más soez, mejor. Es lo que se lleva. Es la particular manera que tienen algunos de hacer subir -dicen- las audiencias a las que -insisten- se deben por entero. 

Precisamente, según repiten sus gestores, han sido las bajas cifras de telespectadores a lo largo del tiempo las que han condenado a CNN+ y, sobre todo, a más de un centenar de profesionales, a los que, además de pasar a engrosar la lista de parados, no les ha quedado otro recurso que el de recoger firmas. Con las muestras de solidaridad trataban de impedir una muerte ya anunciada desde que Sogecable llegó a un acuerdo económico con Telecinco, aunque la responsabilidad del cierre sea más consecuencia de la mala administración de la empresa de PRISA, de su escasa originalidad para buscar nuevos formatos, para hallar novedosas fórmulas que relanzaran la cadena, que del mandato del nuevo socio, por mucho que algunos hayan querido en estos días esconder la mano. 

Hace once años, cuando el canal de "está pasando, lo estás viendo" iniciaba su andadura, entrevisté a Francisco G. Basterra, su director general, para Canarias7. Entonces me habló de un nuevo modo de hacer periodismo, importado de Estados Unidos, de un nuevo tipo de periodistas que saldrían a la calle en busca de las noticias en el mismo momento en el que se estuvieran produciendo. Aquellos sueños de antaño hoy ya han quedado rotos. Se ha impuesto la lógica empresarial al deseo informativo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El mundo, al revés (2)

No deja de sorprenderme la virulencia -como si les fuera la vida en ello- con la que algunos se despachan en su defensa a ultranza de la barra libre en Internet para los contenidos culturales. Una actitud agresiva que contrasta con la tibieza con la que se pronuncian o el silencio con el que callan, por ejemplo, para reclamar a las inmobiliarias unas viviendas más baratas o gratuitas, a los bancos unos intereses más bajos o, sencillamente, inexistentes, a las operadoras de telefonía unas líneas de ADSL menos costosas o, directamente, gratis. 

No deja de sorprenderme la facilidad con la que algunos han hecho suyas las tesis de la derecha extrema, detrás de las que hay un menosprecio sin tapujos a los creadores y a la Cultura, a los que se acusa de vivir de las subvenciones, negando, en cualquier caso, el talento, la dedicación, el esfuerzo o los recursos que toda creación intelectual y artística requiere para nacer y llegar al público. Y ocultando, al mismo tiempo, no sólo la necesidad de toda colectividad de proteger el acervo y la diversidad culturales, sino también las ayudas que reciben la agricultura, la minería, las elécricas, la industria automovilística, la banca, las exportaciones y otros tantos sectores tan productivos como la Cultura (4% del PIB y miles de empleos). 

No deja de sorprenderme el cinismo de quienes hablan con desprecio de los autores de las películas, los libros, los videojuegos y las canciones que se descargan impunemente, sin retribuir a sus legítimos propietarios; la desfachatez de quienes apelan a la neutralidad en la red y la libertad de expresión para justificar la sustracción de las obras ajenas; la hipocresía de quienes piden una mayor velocidad de las líneas para facilitar sus intercambios personales -eufemismo con el que se refieren al tráfico ilegal de la música, el cine y la literatura de otros-, cuando les bastaría con lo básico para transmitirse los alegatos libertarios de gente como Enrique Dans o Víctor Domingo, que caben en menos de 150 caracteres. 

Menos mal que, para que el mundo no esté del todo del revés, hay quienes se posicionan claramente en los medios de comunicación a favor de la creación. Como Victoriano S. Álamo, quien, desde las páginas de Canarias7, recuerda hoy que "lo único que se consigue dejando que Internet sea un lugar donde a los creadores se les ningunea, un día sí y otro también, es generar un futuro (y próximo) empobrecimiento cultural irreparable". Seguramente, este periodista tenga desde ahora más enemigos anónimos que simpatizantes. Es lo que tiene apostar por la justicia y criticar abiertamente el robo. 

Lo dicho, el mundo, al revés.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El mundo, al revés


El mundo, al revés. Los ladrones se ponen dignos y, ofendidos, interrumpen por unas horas el expolio masivo de obras musicales, audiovisuales y literarias ajenas, con cuyo tráfico ilegal se lucran de lo lindo, ante la amenaza de una norma -la tan traída y llevada Ley Sinde- que pretende poner coto al saqueo constante del trabajo de otros. En un ejercicio de evidente cinismo, los chorizos apelan al sagrado principio de la ¡libertad de expresión! para continuar robando a manos llenas películas, canciones, videojuegos y libros que no sólo no les pertenecen, sino para cuya puesta a disposición tampoco han pedido permiso a sus legítimos propietarios ni mucho menos pagado lo que en una economía de mercado corresponde. Y, además, para seguir rizando el rizo, argumentan que acabar con la rapiña es  recurrir a la censura. Curiosa forma de defender el pillaje en la Red.

Y mientras una de las partes favorecidas por este lucrativo negocio -las operadoras de telefonía- se frota las manos, porque el debate parece no rozarle lo más mínimo, los autoproclamados gurús de Internet incitan a compartir libremente lo que tampoco es suyo porque, según proclaman, contribuye a aumentar la cultura de la ciudadanía. Curiosamente, estos nuevos iluminados ni comparten sus viviendas o vehículos, ni mucho menos colectivizan sus sueldos para regocijo de esa misma sociedad a la que con tanto empeño quieren culturizar... con la depredación.

Pero el sonrojo no sería total si obviáramos a una clase política que produce auténtico bochorno cuando, haciendo un papelón lamentable, se demuestra incapaz de defender un derecho como la propiedad privada, consagrado en una Constitución que debería regir su actuación, porque tienen tanto miedo a los internautas como los niños que suspenden a presentar a sus padres el boletín con las calificaciones escolares.

El cuadro se completa con los afectados -creadores, empresarios del entretenimiento y trabajadores-, a los que no sólo se priva de sus creaciones y de la posibilidad de vivir de su trabajo sino a los que, en un claro y libre ejercicio de la tan cacareada libertad de expresión, se avasalla e insulta en los foros cuando tratan de hacer oír su voz, cuando no se les impide ejercer ese derecho tumbando sus webs.

Lo dicho. El mundo, al revés.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Nombre de mujer


El blog tiene hoy nombre de mujer. Podría ser ocupado, otra vez, por Sakineh Ashtianí, que continúa encarcelada en Irán, acusada de un delito tan absurdo como el adulterio. Sería oportuno que tuviera el de Marisela Escobedo, asesinada ante las cámaras, ante el mundo, para escarnio y vergüenza del Estado mexicano y de su Justicia, incapaces de proteger a sus ciudadanos, de poner coto a la violencia, de impedir la crónica de una muerte anunciada, de evitar un crimen que la propia víctima anunció días atrás.  Tendría mucho sentido que llevara el de la paquistaní Asia Bibi, a la que el fanatismo religioso, la barbarie de quienes se creen poseedores de la verdad divina, pueden conducir, de un momento a otro, a la horca, por su condición de cristiana en un país musulmán. Debería estar Yolanda, esa nueva mujer, otra más y van 71 en este año en España, muerta en una pequeña localidad de Ciudad Real, Porzuna, por quien se arrogó el derecho de disponer de su vida, como si fuera una mera pertenencia, un objeto que emplear a su antojo. Ellas, sacadas del anonimato por la tragedia, igual que tantas y tantas otras, en todas partes, que merecerían, lamentablemente, dar título hoy al blog.

Al final, lo que se establece como causa es probablemente una excusa, porque la causa o el problema último no está  más que en el cerebro del hombre, en el concepto y la manera que tiene de ejercer el poder en el día de hoy. El ejercicio de un poder que no admite rebeliones, ni siquiera contrapuntos, porque el sistema de género es, en sí mismo, cerrado. 

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hasta siempre, maestro

Un grupo de hombres rompe en llanto en cuanto aparece el féretro a las puertas de la Sociedad de Autores. Y, entre lágrimas, con los rostros marcados por un dolor irreprimible, suben a hombros, casi a rastras porque aún no se lo creen, los restos mortales de alguien a quien querían, por el que sentían una profunda admiración, además de un gran cariño, hacia una sala, habituada a las presentaciones, a las celebraciones, y ahora convertida en improvisada capilla ardiente, en donde se masca el sufrimiento por una pérdida inesperada, injusta e incomprensible como su propia muerte, como la propia muerte. Y comienza el desfile de ciudadanos, muchos de ellos conocidos, la mayoría anónimos, no pocos compañeros de profesión, algunos oportunistas, como ocurre siempre que el fallecido es popular, que quieren dar su último adiós al que les dio algo inolvidable mientras vivía. Da igual qué les regaló, si esa ofrenda les colmó, si los hizo mejores. El cante desgarrado, la  poesía  engrandecida por la jondura. Él, que buscaba la estrella que le guiara para meterla muy dentro de su pecho, la encontró en el camino para que le iluminara el último paseo. Él, que persiguió la verdad y huyó de los odios, de las mezquindades. Él, que también quiso ser llorando el hortelano, el compañerico del alma, a quien dolía el aliento. Él, que fue voz del pueblo. Él, que como Ignacio, murió cuando apuntaban las cinco de la tarde. Él, único, como arrancado de una pena, nos volvió más infelices esta semana. No necesitó marcarse una vidalita, una malagueña o una soleá para hacernos llorar. Bastó con que se marchara y nos dejara, huérfanos, con el recuerdo de su voz, de su desgarro. Ahora, nadie nos regalará ya un pequeño vals vienés, ni tampoco unos tangos de la vida, ni unos versos de Lorca o Hernández. Nos dijo que prefería la muerte, pero no era cierto, porque fue más amigo de los tientos que de los silencios. Tendrá que haber un camino...y en él volveremos a encontrarlo. Hasta siempre, maestro. Hasta siempre, Enrique.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sakineh Ashtianí

Durante unas horas, millones de ciudadanos de todo el planeta celebramos la supuesta liberación de Sakineh Ashtianí, la mujer iraní condenada a morir lapidada, tras ser declarada culpable de adulterio por los tribunales de su país. Según anunciaban las ediciones digitales de algunos diarios la noche del pasado jueves, el régimen totalitario de Teherán había dado un paso atrás en sus pretensiones criminales y excarcelaba, por fin, después de años de prisión, a quien se ha convertido en un símbolo mundial de la lucha contra la intolerancia, la barbarie y el fanatismo religioso y del combate a favor de la libertad sexual, los derechos humanos o la justicia. Víspera del Día Internacional de los Derechos Humanos, el panorama que se dibujaba era demasiado ideal para ser verdad. Al final, Internet nos devolvía a la cruda realidad y nos desmentía las primeras informaciones: Sakineh continúa en prisión y sobre ella sigue pendiendo la amenaza de la salvaje muerte a pedradas.

El viernes amaneció un poco más triste de lo normal. No había Día Internacional que celebrar. No es tan fácil doblegar a las dictaduras ni hacer recapacitar a sus dirigentes. Por mucho que nos empeñemos los habitantes de este globo terráqueo en el que vivimos y en el que tantas injusticias y tantas violaciones de los derechos se cometen a diario, por más que nuestra voluntad nos lleve a pedir la liberación de Sakineh, de Liu Xiaobo y de quienes, como ellos, están presos por el capricho de unos sistemas políticos opresivos, que se sostienen gracias al sometimiento y la represión de sus ciudadanos.

Desconozco el final que le espera a Sakineh Ashtianí, pero no quiero dejar de pensar en que esta mujer, cuyo rostro nos es ya tan familiar, a la que hemos hecho parte de nosotros, a la que hemos metido en nuestros corazones, será finalmente libre. Por una vez, la razón vencerá al despotismo, a la arbitrariedad. Como ha dicho el nuevo Premio Nobel de la Paz, al que China ha impedido recoger el galardón, "no hay fuerza capaz de poner fin a la búsqueda de la libertad".

martes, 7 de diciembre de 2010

La España soez

(@Bartolomé Ros)
Cada vez me cuesta más mostrarme indiferente ante tanta grosería como se escucha y se lee a diario.  Cada día me resulta más difícil controlarme ante tanta vileza como se observa en los comportamientos y modales de algunos. Cada hora que pasa tengo la impresión de que vivo en una España donde se premia lo soez, donde se jalea lo indigno, donde se aplaude lo más tosco, donde lo más burdo es moneda de cambio y donde la ordinariez es garantía de popularidad y éxito social. Y parece que no es algo nuevo, sino que viene de muy atrás.

No hace falta salir a la calle. Basta con pasar un rato ante el televisor, leer los diarios o curiosear los comentarios que saturan las noticias en Internet para constatar que lo que más se valora en este país es la mayor burrada expuesta y a quien la pronuncia o escribe. Si incorpora el insulto, mejor. Y si produce crispación y malestar ajenos, pleno. Objetivo cumplido. No es necesario que a uno lo cojan con un micrófono abierto o parapetado tras el anonimato de la Red para que ofrezca gustoso y con total naturalidad lo mejor de sí mismo.

Decía mi abuela, de quien aprendí menos de lo que hubiera debido y deseado, que "en la mesa y en el juego, la educación se ve luego". Al dicho, quizás por antiguo, le faltarían actualmente algunos otros espacios o momentos en los que fácilmente se pierden la cortesía y la urbanidad. Además, con demasiada frecuencia, son los que pasan por educados los primeros que se echan mano a la entrepierna cuando algo les desagrada o no se acomoda a su gusto. Los primeros en emular el estilo grosero, falto de todo tacto, de aquel militarote de apellido Millán-Astray que desafió la inteligencia.

Javier Marías asegura haber encontrado ventajas de la zafiedad reinante. Yo confieso que aún no lo he conseguido. 

domingo, 5 de diciembre de 2010

Un abismo, las palabras

(@www.torresdelmundo.com)

Cierre. Caos aeroportuario. Huelga salvaje. Intimidación. Secuestro. Desesperación. Chantaje. Obediencia militar. Gentuza. Desilusión. Insensatez. Privilegios exorbitantes. Irresponsabilidad. Daño. Vagos. Vacaciones perpetuas. Endiosados. Incivismo. Extorsión. Sanciones. Estado de alarma. Saboteadores. Desvergüenza...

Un abismo, las palabras.

Un torrente infinito y, en muchos casos, seguramente justificado, de expresiones. Una catarata de reproches merecidos. Una avalancha de opiniones que, desde que se conoció la actuación de los controladores aéreos, ha desbordado los medios de comunicación, los foros de internet, las conversaciones...

Un abismo, las palabras.

Una excusa para quienes, escudándose en el anonimato, se han lanzado a los espacios que las ediciones digitales de los periódicos reservan a los comentarios de los lectores para, libremente, insultar, ofender y vejar a quienes no comparten sus mismos pareceres, jaleados por otros participantes. Una práctica ya tan habitual que, incluso, debe resultar normal para quienes moderan las anotaciones. De otro modo, no se explicaría que, entre varios apuntes eliminados por inadecuados, se lea en un diario lo siguiente: "Pepiño, si hubiese justicia en España, tú estarías ajusticiado hace mucho tiempo", "Chic@s, que sepais que el gay que me suplanta, es el chapero formal de Pepiño el 'INETO', jajajaja" y otra, irreproducible pero repetida hasta la saciedad, sobre los abuelos y las cunetas. Una manera muy particular de entender la libertad de expresión...

Un abismo, las palabras.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Agdaym Izik (7)


Desde el asalto y desmantelamiento violento del campamento de Agdaym Izik el pasado 8 de noviembre y la posterior represión en El Aaiún,  el Gobierno español ha evitado por todos los medios condenar la actuación de la gendarmería y el ejército marroquíes, alegando un obligado realismo político de buena vecindad, la ausencia de datos de fuentes directas o la necesidad de un informe independiente. A pesar de que las investigaciones de Human Rights Watch y Amnistía Internacional confirmaron las denuncias de torturas y que tanto la Eurocámara, como el Congreso y el Senado, han condenado lo ocurrido, ha persistido el silencio gubernamental, por temor a desairar al sátrapa alauita, que amenaza con revisar sus relaciones con España. 

Como escribe John Berger en su último libro, Con la esperanza entre los dientes, es muy cierto que a lo largo de la historia se ha producido una brecha entre los principios declarados y la realpolitik, pero también lo es que al hablar del Sáhara Occidental, como si lo hiciéramos de Palestina, lo que está ocurriendo es la destrucción detallada de un pueblo y una nación prometida. Y ya sabemos que "en torno a esta destrucción hay palabras menores y un silencio evasivo", el mismo en el que se han instalado Zapatero y Trinidad Jiménez, a quienes tampoco ha importado la mordaza que la dictadura marroquí ha impuesto a la prensa de nuestro país.

Es verdad que existe desesperación en el pueblo saharaui. Basta con visitar Tinduf o El Aaiún para constatarlo en primera persona. Pero quizás, como también señala Berger, en los campamentos de refugiados y en los territorios ocupados "la desesperación sin miedo, sin resignación, sin un sentido de la derrota, logra una postura moral hacia el mundo" como no se había visto antes. Una desesperación presente en la vieja que recuerda, en el joven que desconfía del futuro o en la sonrisa de una niña "que envuelve en su pañuelo una promesa para esconderla de la desesperanza", una desesperanza en la que algunos quisieran ver a esta población.

Y mientras, los saharauis dejan las huellas de sus manos sobre una pared en señal de rebeldía, como símbolo de una lucha que les ha hecho fuertes a pesar de las adversidades, de los atropellos, del olvido internacional.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Mario Pacheco

(@Efe Eme)
Cada nuevo libro del británico John Berger facilita el reencuentro con un pensamiento comprometido con el ser humano, con una ética cuya firmeza profiere gritos contra la desesperación, contra la injusticia, contra los atropellos, contra los abusos que comete el poder de unos pocos; al mismo tiempo, esa misma honestidad discursiva expresa una ira controlada que permite vislumbrar un futuro de esperanza anclado en la ternura, en la libertad, en el amor, en los anhelos de quienes, a pesar de verse privados de lo básico, practican la postura moral de estar desesperados pero sin miedo, sin resignación, sin un sentido de la derrota. 

Del último libro de Berger, Con la esperanza entre los dientes, una recopilación de escritos incluidos con anterioridad en otros volúmenes o publicados en diversos periódicos y suplementos culturales en los últimos años, extraigo una frase: "La muerte ocurre cuando la vida no tiene ya un solo jirón que defender". Una sentencia que me ha traído a la mente a quien desde hoy ya está en la memoria de muchos de los que amamos la música: el productor Mario Pacheco, arrebatado por una enfermedad que fue dejando su cuerpo sin jirones a los que agarrarse, pero que no pudo llevarse su legado, su humilde pero fundamental contribución al mayor conocimiento de la jondura. Seguro que cuando hace unos días el Flamenco fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, Mario lo sintió como algo suyo, como un triunfo al que había contribuido a su manera.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Contra la violencia machista

Uno acaba volviéndose escéptico con la celebración cotidiana del Día Internacional de las más diversas causas. Un día está dedicado a la lucha contra el tabaco y a tu lado nadie deja por un segundo de echar humo. Al siguiente le toca el turno a las bicicletas y en el asfalto no ves ninguna. Y al otro, no debería haber ni un solo coche en las calles y resulta que son las veinticuatro horas con más tráfico del año. Lo que nos hace dudar de la trascendencia de estas efemérides. No sé si es porque siempre esperamos que sean los demás quienes nos resuelvan los problemas o quizás es que no damos abasto con tantas causas que exigen de nuestra participación para una solución urgente.

Hoy, 25 de noviembre, es una ocasión inmejorable para dedicar nuestro pensamiento a las víctimas inocentes de la Violencia de Género, para destinar nuestras acciones a la erradicación del machismo de la vida cotidiana. Hoy no toca contribuir con una moneda para poner fin al cáncer, porque las actitudes machistas, tan comunes, tan habituales, tan enquistadas, no se eliminan con dinero, sino extirpándolas del lenguaje, de las conversaciones, de los chistes, de los comportamientos, del trato con los demás. El asunto es demasiado serio como para mirar hacia otro lado, como para pensar que hoy es un Día Internacional más. Casi a diario, los medios de comunicación, los mismos que dan cabida a anuncios detrás de los que se esconde la explotación sexual,  nos dan cuenta de nuevas muertes de mujeres, de hogares rotos por la brutalidad de quienes se creen que sus parejas les pertenecen, de familias destrozadas por los machos que no saben de diálogo y amor, pero que manejan muy bien los puños y las armas.

Deberíamos convertir cada día del año en 25 de noviembre y contribuir, en la medida de lo posible, a acabar con esta lacra social que es el machismo. Pero, de igual modo, deberíamos llevar también con nosotros, a todas horas, la solidaridad con los más desfavorecidos, la lucha contra el racismo, la pobreza o el maltrato animal, la defensa de la infancia o la protección de los mayores... En definitiva, ser mejores, más humanos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Libertad de expresión

(7 de novembre, 1971 © F. Antoni Tàpies, Barcelona/VEGAP © de la fotografia: Martí Gasull)

Ferviente defensor de la libertad de expresión, que considero un pilar fundamental de las sociedades libres y democráticas, me repugnan quienes esgrimen constantemente este derecho fundamental -reconocido en muy pocos países y por cuyo ejercicio muchos ciudadanos son represaliados, torturados o encarcelados en diversas partes del mundo- para denigrar, crispar, humillar, insultar, alardear de machismo recalcitrante o de mal gusto, faltar de forma reiterada a la verdad o, simplemente, falsear la Historia. Ahí están las tribunas -escritas y audiovisuales- de una buena retahíla de columnistas y tertulianos habituales de radio y televisión: Alfredo Urdaci, Federico Jiménez Losantos, Ricardo PeytavíCarlos Dávila, Herman Terstch, David Gistau, Salvador Sostres, Pío Moa... No se trata de airear aquí las gestas de cada uno de ellos, pues de las lindezas diarias de esta caterva de opinantes ya dan cuenta, en sus respectivos espacios periodísticos y con mucha gracia, Javier Vizcaíno y José María Izquierdo, autores de sendos blogs en Público y El País, de muy recomendable consulta. Tampoco sorprende que todos se prodiguen en medios de comunicación de una orientación política muy definida. Será, quizás, que se mueven más por una actitud ante la vida que por una ideología concreta. ¿O irán ambas cosas, actitud e ideología, de la mano?

También los hay que aprovechan esto de la libertad de prensa para alardear de ignorancia o, simplemente, de escasa sensibilidad artística o, por ir un poco más allá, de complejos. Es lo que me sugiere la columna titulada Noticias 'muy verdaderas', publicada en el Canarias7 hace unos días, en la que, entre tópicos, José R. Sánchez proclama, sin rubor, su antipatía hacia el arte y los creadores contemporáneos. Después de bromear con la obra de Joan Miró y Tàpies, declara sentirse a gusto con quienes, como él, no entienden el "desparrame" de los artistas, o confiesa satisfecho que ya se siente un ciudadano más, "silente hasta ahora, al tiempo de valorar las creaciones contemporáneas que muchos pretenden hacernos comulgar con que son dignas de admirar". No le faltó a su discurso mas que alguna referencia al cine español para cumplir los lugares comunes al uso. A lo mejor ya está preparando su próxima entrega, con otras noticias más verdaderas.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Inmigración

Hace algunos años, durante la presentación de un libro sobre los movimientos poblacionales en Europa, Juan Goytisolo denunció la perversión de una encuesta que recogía, como principal conclusión, que los españoles consideraban a los gitanos como los inmigrantes que menos confianza les generaban. Por contra, recordaba el escritor barcelonés que, precisamente, estos ciudadanos no eran extranjeros, pues llevaban viviendo en territorio español desde hacía más de cinco siglos. 

Ahora, un sondeo de la Fundación Bertelsmann constata que el 67% de los españoles piensa que el número de extranjeros que reside en nuestro país es elevado. Nada dicen las informaciones de la pregunta que se formuló a los encuestados para obtener este porcentaje. ¿En comparación con qué es alta la cifra de inmigrantes? ¿Sabían los interrogados cuántos extranjeros viven actualmente en España? ¿Son muchos mil? ¿Y diez mil? ¿Y un millón? ¿Y cinco millones? ¿Cuántos se convierten en demasiados? ¿Son muchas las mujeres que cuidan a nuestros mayores? ¿Eran demasiados los que se subían hasta hace unos meses a los andamios para seguir inflando la burbuja inmobiliaria, ahora deshinchada?

Para tranquilidad de quienes nos tememos lo peor, esto es, que empiecen a soplar vientos de racismo por estas tierras, el estudio, titulado La percepción de los españoles sobre la diversidad y la inmigración, constata que no ha aumentado la xenofobia entre nosotros. Yo no me atrevería a ser tan rotundo, tomando en consideración otros resultados de la encuesta, como que el 38% valora la inmigración como negativa o que el 72% la entiende como asunto de preocupación. Preocupantes son estas percepciones y no quienes entran en España en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Rectificar

Cada día me es más difícil creer, como insinúa el dicho popular, que rectificar sea cosa de sabios. Al menos no es la sabiduría la que ha dirigido los pasos de los miembros del Gobierno español que, de una u otra manera, se han significado de forma pública a raíz del asalto a sangre y fuego -que no desmantelamiento, como eufemísticamente se califica el suceso- del campamento de la dignidad de Agdaym Izik, en El Aaiún. Porque otra cosa no han hecho nuestros responsables políticos, que ir cambiando de parecer a medida que transcurrían los días. Aunque Trinidad Jiménez se lleva la palma con su sucesión de idas y venidas e imposibles equilibrios, no le fueron a la saga el ministro del Interior, tan esquivo a la hora de valorar las restricciones y el apagón informativos impuestos por Marruecos en el Sáhara Occidental, o Ramón Jáuregui, al que la soberanía del territorio ocupado le jugó una mala pasada en sede parlamentaria. 

La última en participar del debate fue la ministra de Cultura, a la que no se le ocurrió mejor petición que reclamar a los artistas e intelectuales que opinaban sobre el conflicto del Sáhara que guardaran un prudente silencio. Alguien de su entorno debió recordar a Ángeles González-Sinde que la libertad de expresión que no se respeta en Marruecos ni en el Sáhara ocupado, en España es un derecho fundamental reconocido por la Constitución de 1978. Y llegó entonces la enésima rectificación oficial. 

Me pregunté entonces, haciendo un ejercicio de historia virtual, qué habría opinado nuestra ministra de haber tenido responsabilidades política en enero de 1898 en Francia, cuando Émile Zola publicó en el diario L´Aurore su célebre artículo J'Accuse...!, con el que ponía en solfa al Estado, al Ejército y a la Justicia franceses por su lamentable actuación en el caso Dreyfus, considerado uno de los principales ejemplos del compromiso público de los intelectuales con la sociedad y el tiempo en los que viven. ¿Habría recriminado al escritor por su inexperiencia, como hizo con Javier Bardem?

Siguen pasando los días y la única conclusión a la que llego es a la de que lo del Gobierno español en este asunto ha sido un penoso y lamentable papelón envuelto en inconfesados intereses.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Cercanía tecnológica

"La tecnología te acerca a quienes están lejos y te aleja de los que están cerca", escucho, a mi lado, como si alguien estuviera leyendo en voz alta una de esas odiosas sentencias que, ilustradas con imágenes paradisiacas del Himalaya o de bellísimas orquídeas, llenan esos insoportables powerpoint que inundan a diario nuestros correos electrónicos y con los que, al parecer, nuestros remitentes pretenden ayudarnos a cambiar la existencia y hacernos mejores personas. Curiosamente, el individuo que ha pronunciado tal frase está rodeado de otros comensales en la mesa del hotel en el que desayuna. Y mientras habla, casi sin hacer caso a quienes comparten con él ese primer momento de la mañana, manipula un iPad, recorriendo sucesivas páginas de un periódico, al tiempo que consulta las llamadas perdidas de su iPhone. Un hombre hecho en la factoría de Mr. Jobs que, momentos después, comenzará a enviar y recibir mensajes a través de su MacBook Air, sin prestar atención a ningún otro estímulo externo. Lo sorprendente es que el resto de acompañantes hace más o menos lo mismo aunque su despliegue de artilugios no sea ni de lejos parecido.

La devoción casi religiosa hacia estos aparatos, utilísimos sin duda, necesarios por supuesto, pero invasivos hasta extremos intolerables, nos está haciendo perder el placer de la proximidad, el gusto por la conversación, el goce del contacto cara a cara, convirtiéndonos en extraños para los que están a nuestro lado. O a lo mejor es que hemos llegado a un punto en que hablar con un semejante al que tenemos enfrente nos resulta de una incomodidad insoportable. O peor, que no sabemos cómo dirigirnos a él si no media una maquinita. No me imagino a los tertulianos del Café Pombo o el Gijón entretenidos con las pantallas táctiles desatendiendo las opiniones de sus colegas. ¿Qué iban a pensar don Ramón Gómez de la Serna o Manuel Alexandre?


sábado, 13 de noviembre de 2010

Sáhara en el corazón

Treinta y cinco años de ocupación ilegal del Sáhara Occidental no han bastado a Marruecos para doblegar la voluntad de independencia del pueblo saharaui. Un muro de más de dos mil kilómetros no le ha servido a Rabat para separar a una población que se siente unida, a pesar de la distancia impuesta por las armas, en los deseos de libertad. La opresión, el pisoteo de los derechos humanos, la represión, las condenas de cárcel o los asesinatos cometidos por la dictadura alauita no han hecho disminuir las ansias de miles de mujeres y hombres de alcanzar, algún día, el sueño de un Estado propio.

El abandono de España, la desidia y la tibieza, cuando no el olvido, de los sucesivos gobiernos -centristas, socialistas y populares- no han sido capaces de rebajar o apagar el compromiso y la solidaridad de una ciudadanía que, en todos estos años de afrenta, se ha sentido hermanada con quienes una vez constituyeron una provincia española y tiene el Sáhara en el corazón.

Y hoy, en Madrid, miles de ciudadanos, españoles y saharauis, hemos querido decirle a los gobiernos de Marruecos y de España que la población del Sáhara Occidental no se rinde, que el Frente Polisario es el portavoz legítimo y reconocido internacionalmente de ese pueblo y que la parálisis diplomática y el sometimiento a espurios intereses de Trinidad Jiménez y Zapatero o la violencia de la policía y el ejército de Mohamed VI no podrán matar la utopía. 

Al campamento de Agdaym Izik, arrasado este pasado lunes, seguirá otro, y otro, y otro... ¿O acaso creen algunos que es posible asesinar la dignidad de un pueblo?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Agdaym Izik (6)

Confieso que me habría gustado cambiar de asunto. Volver a hablar de laicismo, de mis últimas lecturas, del ciclo sobre arte y pensamiento que ha organizado en Tenerife la Fundación Cristino de Vera o de algún retazo de memoria infantil. Pero no quiero renunciar a hacerlo de quienes hoy siguen reclamando la atención del mundo, porque son víctimas del terror, de un poder ocupante que utiliza las armas de la represión, de las desapariciones y que, incluso, se ha atrevido con ciertas medidas raciales que, obviamente, nos retrotraen a un tiempo que creíamos olvidado, cuando a un pueblo lo señalaron con estrellas amarillas y lo masacraron en guetos, en campos de exterminio. Leo horrorizado que los marroquíes que circulen por El Aaiún deberán hacerlo utilizando una gorra blanca y que los saharauis están obligados a ir con la cabeza descubierta, señalados, estigmatizados por pertenecer a una comunidad que no se rinde, que ha gritado ¡basta! sin alzar la mano, con la fuerza de la unión, con la solidaridad, levantando un campamento de dignidad, hoy arrasado, incendiado, pero símbolo ya de lucha, de resistencia.  No, no se rinde quien sabe que lleva consigo la razón. 

Recupero una foto de hace algunos años, de una manifestación organizada frente al muro que Marruecos construyó en el desierto con la ayuda occidental, para impedir lo imposible: separar a un pueblo. La pancarta que presidía aquella movilización no ha perdido actualidad. Tampoco ha cambiado, en estos años, la posición de un gobierno cuya tibieza y miedos obligan a sus ministros a rectificar a cada paso, les confunden hasta el punto de admitir la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental o les impiden condenar la violencia, el imperio de la atrocidad y la cobardía. El tiempo, como a otros antes que a ellos, les pasará factura. Así es la Historia, implacable con los pusilánimes, con los necios.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Agdaym Izik (5)


Rabia, dolor, impotencia. Sentimientos que se agolpan y me acompañan tras la noticia del asalto militar, a sangre y fuego, a un campamento pacífico, a un espacio de dignidad, reivindicación y libertad. Un pueblo que continúa luchando por un territorio que le pertenece y que se le niega sistemáticamente. Una tiranía que se empeña en defender una ocupación ilegal, aguantada por el poder de las armas. Una potencia administradora que calla y teme no sabemos muy bien a quién o qué. Una comunidad internacional sometida a sus propios intereses, cómoda en su papel de juez sin capacidad de decisión. Un niño que llora en una jaima incendiada por la intolerancia. Maldigo a quienes niegan un derecho legítimo. Una mujer que trata de levantarse tras los golpes para reemprender la marcha. Maldigo a los ocupantes, a los tiranos. Un joven que yace, sin vida, en la arena de un desierto con el que ya no puede seguir soñando. Maldigo a quienes aplastan las libertades y los derechos humanos. Un anciano desconcertado que busca a quien le explique las razones -si las hubiera- de tantos años de sufrimiento. Maldigo la mentira, el silencio cómplice. Una barricada que se erige, impotente, frente a la maquinaria de destrucción. Maldigo a los asesinos. Y sufro por los inocentes.

Agdaym Izik (4)

(@Reuters)
Hemos amanecido esta mañana con la noticia de que la policía y el ejército marroquíes han entrado por la fuerza en el campamento de Agdaym Izik, en las afueras de El Aaiún, donde más de 20.000 saharauis se habían establecido desde hace varias semanas como gesto pacífico de protesta contra la ocupación ilegal del Sáhara Occidental por parte de Marruecos y en favor de la independencia de la antigua colonia española. Una acción represiva que delata las verdaderas intenciones con las que Rabat acude hoy a Nueva York para reanudar, bajo la mirada de Naciones Unidas, las conversaciones con el Frente Polisario sobre el futuro de ese territorio abandonado por nuestro país hace 35 años. ¿Acaso alguien esperaba que la dictadura alauita, que no respeta los derechos y libertades de su propia población, se comportara de otro modo con los manifestantes saharauis? ¿No fue acaso el discurso pronunciado hace unos días por el tirano una velada amenaza hacia los acampados? 

De la diplomacia de la potencia administradora -España- no esperemos nada, salvo las consabidas frases de lamento, la petición -sotto voce- de esclarecimiento de los hechos y la declaración de que se trata de un asunto interno que afecta exclusivamente a Marruecos y sobre el que nuestro país no tiene nada que decir. Confiar en una posición diferente a la expresada habitualmente por el Ministerio de Asuntos Exteriores español nos situaría más en el espejismo y la ficción que en el realismo político al que se ha apuntado gustosa Trinidad Jiménez. Y no corren tiempos para la ilusión ni la utopía. 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Conversación benedictina

(@www.que.es)
-Pues, ¿qué hace ahí escondido?
-Esperando a que Quien ha venido de visita se marche por donde mismito vino.
-Salga y le cuento. Que el zángano nos ha dejado algunas perlas deliciosas sobre las que merece la pena conversar.
-No me haga perder el tiempo. Empiece, empiece.
-Diz que dijo que reivindiquemos las raíces cristianas de Europa.
-¿Pues no sabe lo que contestó Daniel Cohn-Bendit a quienes defienden esa patraña? Pues se lo diré: que se trata de una "usurpación intelectual insidiosamente racista". ¿Y qué otras lindezas nos ha dejado Ratzinger?
-Diz que dijo que vivimos en un país agresivamente laico y que nuestro anticlericalismo se parece muy mucho al de la Segunda República.
-Ah, ¿sí? ¿Y no habló de su educación hitleriana, de las bendiciones romanas a los crímenes del nacional-catolicismo y de la ceguera papal ante el Holocausto?
-Pues no. Ahora que caigo, de eso no habló.
-¡Santito desmemoriado! Mejor sigo escondido hasta que escampe.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Agdaym Izik (3)

La semilla de rebelión plantada hace algunas semanas en la aridez de la hamada próxima a El Aaiún ha germinado y se ha fortalecido gracias al orgullo y el pundonor con el que la han abonado cada día los más de 20.000 saharauis que hoy habitan las miles de jaimas que forman ese Campamento de la dignidad hacia el que se dirigen las miradas de admiración del mundo. Quienes creían que el movimiento de protesta era flor de un día tendrán que revisar sus criterios de valoración, porque asistimos a la mayor movilización del pueblo del Sáhara Occidental desde su abandono por España hace 35 años. Querer ignorar este hecho y sus consecuencias futuras, tratando de reducirlo a una mera reivindicación de tintes económicas y laborales, es apuntarse a un ejercicio de ceguera política. 

Y, mientras, asistimos a la visita a Madrid del ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Taib Fasi Fihri, que, sin el  más mínimo miramiento a las normas de educación protocolaria, delante de su homóloga, Trinidad Jiménez, se permite reprender y acusar a la prensa libre de nuestro país de mentir sobre la realidad  de las libertades políticas y los derechos humanos en el reino alauita. Unos días después, en una pantomima de juicio celebrado en Casablanca contra siete saharauis que reclaman la independencia del territorio ilegalmente ocupado por Marruecos, dos periodistas españoles son agredidos e insultados. Maniobras de defensa que recuerdan mucho a las que organizaba el franquismo cada vez que desde el extranjero se atacaba la dictadura. Lástima que la memoria sea tan frágil y tengamos que seguir escuchando y leyendo en algunos medios de comunicación españoles que Rabat está embarcado en un decidido e imparable proceso de democratización. 

¿Qué espúreos intereses se esconden detrás de esas afirmaciones periodísticas? ¿Y de ciertos silencios que se convierten en cómplices de los atropellos y la represión marroquíes?

viernes, 5 de noviembre de 2010

La piel del miedo


La piel del miedo es, además de una sugerente novela de formación del ecuatoriano Javier Vásconez, una profunda reflexión literaria sobre el miedo, esa perturbación angustiosa del ánimo que se instala en nosotros en un momento impreciso de nuestra existencia y parece no abandonarnos nunca. Los temores mutan con el paso de los años pero no desaparecen. Retornan una y otra vez con cualquier excusa. Para el protagonista de este relato es una suerte de pasión y de prisión, pero también lo es, en muchos casos e instantes, para todos. Una especie de mal incurable del que descubrimos síntomas a cada paso. Echo la vista atrás y hallo, en aquel niño en el que seguramente no me reconocería si me lo cruzara ahora por la calle, vagas huellas del pavor a la oscuridad, al dolor, al desamor, a la enfermedad, al castigo, a la violencia... a tantas y tantas circunstancias que entonces me hacían temer lo peor porque me sentía incapaz de controlar las circunstancias, de dominar la situación, porque rompían la calma infantil, la felicidad inocente en las que vivía. Tampoco mis compañeros de pupitre, de juegos, de estudio, según recuerdo ahora, escapaban a la angustia, a los momentos de inseguridad, de desconcierto que traían consigo la entrega de las calificaciones escolares, las vacunaciones en grupo, las reprensiones de los maestros.

También,  como el narrador de la historia que nos acerca Vásconez, advertimos a nuestro alrededor, en estos tiempos de crisis, señales de miedo colectivo, "en la ciudad azotada por la lluvia, en los zaguanes donde se refugian los vagabundos, en la sonrisa temblorosa de los niños, en los ojos de las mujeres cuando salen atropelladas de sus trabajos",  en los rostros de los inmigrantes que desembarcan en nuestras costas después de una travesía en la que sortean al destino y, en muchos casos, a la muerte,  en esas largas colas que esperan la renovación de los papeles de residencia o una oferta de trabajo por precario que sea, en las conversaciones de café en las que una y otra vez se habla de la amenaza de embargos o de despidos, en las miradas de esas madres que, en las pantallas de las televisiones, desesperan por la suerte de sus hijos enfermos o desnutridos...

martes, 2 de noviembre de 2010

Godot, Benedicto XVI y Fernando Vallejo

(@Hoysecumplen.com)
A Godot lo seguimos esperando aunque sabemos que no llegará nunca. Al contrario que al personaje de Beckett, a Benedicto XVI no lo esperábamos -al menos yo- y, sin embargo, ya nos han anunciado a bombo y platillo que está al caer. Una semana antes de que pastoree por estos lares, el despliegue informativo es arrollador y no parece que vaya a detenerse en estos días. Es más, nos insinúan una cobertura mediática -especialmente televisiva- que no olvidaremos en mucho tiempo. Y para que a ojos del Pontífice nuestros dirigentes más a la derecha parezcan lo que son, ya Rajoy nos adelanta que si gobierna no nos libraremos de su mano santificadora ni del recorte de derechos conquistados en estos últimos tiempos. Empezando por el matrimonio homosexual, por el aborto y ya veremos dónde acaba. Es lo que tienen las visitas papales que a muchos les hace salir de las madrigueras en que estaban escondidos mientras esperaban a que escampara la maldita crisis. 

Yo, por si acaso, mientras llega el Santo Padre, me recreo en la lectura de La puta de Babilonia, muy recomendable y sabio libro de Fernando Vallejo, del que extraigo el pasaje en que relata el viaje de Benedicto XVI a Turquía. Dice así: "Ayer llegó Benedicta a Estambul y provocó un embotellamiento de puta madre. La suya se la mentaban los catorce millones de musulmanes de la ciudad, que no podían llegar de sus trabajos a sus casas porque por las medidas de protección desplegadas para proteger al zángano les habían bloqueado las arterias principales en la hora pico de la tarde. ¿Y a qué venía el zángano a la antigua Constantinopla que en nombre de Cristo quemaron hace ochocientos años los cruzados, y así llamada en honor del primero y más grande concubino de la Puta?" 

Pues digo yo que vendrá a lo mismo. O eso creo... 

sábado, 30 de octubre de 2010

Agdaym Izik (2)

La ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, ha roto su silencio sobre el Sáhara Occidental, en una entrevista publicada en el diario El País, en la que expresa sus deseos de "una solución realista" al conflicto, al tiempo que parece dar por buenas las explicaciones de Marruecos sobre el asesinato del joven saharaui Nayem el Gareh

A estas alturas, no sorprende en absoluto el realismo político de la ministra, toda vez que sigue los pasos de sus antecesores en el cargo, incapaces de adoptar o sugerir cualquier decisión que pudiera incomodar a Rabat. Sus palabras, sin embargo, suponen un reconocimiento explícito de la legalidad de la ocupación marroquí del territorio de la ex colonia española, al conceder a Rabat potestad para negociar la autodeterminación del pueblo saharaui, derecho reconocido por la ONU en varias resoluciones apoyadas por España, potencia administradora mientras no se resuelva el problema. La autodeterminación, como bien sabe Trinidad Jiménez, es innegociable y no la ejerce el país colonizador ni, como en este caso, invasor, sino un pueblo, que es quien debe expresar su voluntad de constituirse o no en Estado. Insistir en remedios realistas es, simplemente, apostar por la fórmula marroquí de autonomía. Y ya todos sabemos cómo se las gasta el reino alauita. 

Mientras, en el campamento de Agdaym Izik, en las afueras de El Aaiún ocupado, continúan las reivindicaciones políticas de autodeterminación, a pesar del bloqueo de las fuerzas policiales y militares marroquíes. Porque realista también es el levantamiento de un pueblo cuando la negociación significa someterse al más fuerte.

jueves, 28 de octubre de 2010

Quiqui

Siendo niños, tuvimos un perro que al que pusimos el nombre de Quiqui. Nos lo había regalado una vecina, dueña de un pequeño comercio al que acudíamos a comprar golosinas, cromos y revistas infantiles, pero también los ovillos de hilo con los que mi abuela hacía punto. Quiqui pasaba el día en la azotea de la casa, donde, entre bidones de agua y patios de luz, nos veía jugar al fútbol en un campo imaginario, siempre cuidadosos con un balón que no pocas veces acababa en la calle o en los corrales cercanos como consecuencia de algún tiro errado que no encontraba el camino de la portería y superaba el pequeño muro protector de aquella cubierta llana tan característica de los pueblos del Sur de Gran Canaria. 

Mi memoria ha olvidado el tiempo que Quiqui estuvo con nosotros, como también los motivos por los que fue devuelto a nuestra vecina, quien no puso reparos en recuperar a aquel animal obediente y dócil. Sí recuerdo que, en alguna ocasión, seguramente muy pocas, fuimos a visitarlo. Nos recibía moviendo el rabo, como si se alegrara de volver a vernos y no guardara ningún tipo de rencor hacia nosotros, a pesar del gesto que habíamos tenido con él. 
  
No sé la razón por la que hoy me he acordado de Quiqui. Quizás porque era muy parecido a este Canelo que he encontrado navegando por la Red y que corrió peor suerte que él, pues acabó en la perrera de Hellín, tras unas rejas, abandonado por unos amos a los que, con toda probabilidad, esperaba reencontrar.  

lunes, 25 de octubre de 2010

Agdaym Izik

Marruecos seguirá ocupando ilegítimamente el Sáhara Occidental y explotando sus recursos naturales con el silencio cómplice, cuando no el apoyo explícito, de las potencias occidentales, entre ellas España. La ONU continuará sin dar solución al referéndum de autodeterminación al que una vez se comprometió con la población de la antigua colonia española, mayormente exiliada en territorio argelino desde hace más de tres décadas. Y mientras unos se empeñan en convertir la cuestión saharaui en uno de esos conflictos olvidados que ya no están presentes en las agendas gubernamentales y a los que los medios de comunicación aluden muy de vez en cuando, un pueblo se muestra terco, expresa su rebeldía y se resiste a ser víctima del abandono y la omisión, mientras espera el ansiado momento de decidir su propia suerte y alcanzar la independencia.

Aminetu Haidar demostró al mundo que cuando se defiende una causa justa se puede doblegar la voluntad de los gobiernos aunque la lucha sea individual. Ahora son muchos miles los que, en las proximidades de El Aaiún ocupado, se rebelan contra la opresión y gritan desde el campamento de Agdaym Izik sus ansias de libertad. Esta nueva protesta pacífica cuenta ya con su primera víctima mortal, el joven Nayem el Gareh -ese muchacho de ojos llorosos y labios apretados de la fotografía-,  asesinado por el Ejército marroquí. Y mientras Rabat trata de justificar la muerte de un inocente e impide a la prensa internacional viajar a la zona, Trinidad Jiménez calla, como antes calló Moratinos y mucho antes otros muchos ministros de Asuntos Exteriores españoles al tiempo que Marruecos pisoteaba los derechos humanos.

Y en momentos como ahora, queda también suscribir el optimismo de Pepe Taboada, uno de los nombres históricos de la solidaridad con el pueblo saharaui, al que ha dedicado los últimos treinta años de su vida, cuando, convencido, afirma: "hoy, más que nunca, estamos ganando". Seguro que sí, Pepe.

domingo, 24 de octubre de 2010

Wikileaks


Hace algunos años, cuando investigaba con Mirta Núñez los crímenes del franquismo en los archivos militares, nuestra reclamación de causas judiciales era despachada a menudo con un rotundo no, que se justificaba en la supuesta salvaguarda de la intimidad de los familiares de los represaliados (que eran precisamente los más interesados en conocer la verdad de lo ocurrido a sus parientes), aunque a quienes de verdad querían proteger era a los descendientes de quienes formaban aquellos tribunales de guerra (todos ellos pertenecientes al ejército), a los que no temblaba el pulso cuando de sentenciar a muerte se trataba. 

Ahora escucho una excusa muy similar de los responsables políticos y militares de  Estados Unidos a raíz de las filtraciones de Wikileaks sobre la guerra sucia, las matanzas y los abusos de los derechos humanos perpetrados en Irak por las tropas norteamericanas e iraquíes y por los mercenarios de Blackwater. Ni el Pentágono ni el Departamento de Estado hablan de investigar los hechos, de llevar a los culpables ante la justicia o de reparar de alguna manera el daño causado. Ni mucho menos se les ha oído pronunciar la palabra perdón. Se escudan en la seguridad nacional y en la protección de las vidas de  estadounidenses y de sus aliados.

Me pregunto, mientras leo con espanto los horrores ahora puestos al descubierto por la web de Julian Assange, qué estará pensando aquel que una vez regresó a España con acento tejano y que no dudó en poner una franca sonrisa para la famosa foto de las Azores, aunque en aquel momento se estuviera poniendo en juego la vida de miles de seres humanos.

sábado, 23 de octubre de 2010

Malditas prisas


No le falta razón al escritor Ricardo Menéndez Salmón cuando declara que en el mundo que nos rodea hay mucha obra de creación fruto del apresuramiento y que si se ha trabajado deprisa, cortando y pegando, haciendo trampas, falseándolo todo, al final se nota. La creación artística es enemiga natural de las prisas, de las urgencias. Reclama reposo, reflexión, necesita asentarse antes de salir a un mercado que con demasiada frecuencia pide nuevas mercancías, contenidos novedosos para seguir funcionando con normalidad, pero que no establece esos filtros de calidad que el propio autor debería imponerse antes de entregar su producto. Ahí están esos miles y miles de títulos literarios que la industria editorial española lanza cada año y que pasan sin pena ni gloria, sin apenas tiempo para que el lector pueda elegir lo que de verdad vale la pena entre tanta avalancha de papel, pero en su mayoría tan insustanciales, tan anodinos, que el olvido los devora en apenas unas semanas, cuando no en unos pocos días.

Hace algunos años, cuando ya Soldados de Salamina era un éxito de ventas, Javier Cercas me confesaba que en la gaveta de su mesa de trabajo o en el disco duro de su ordenador tenía algunas obras que no se había atrevido a entregar a su editor por pudor, convencido como estaba de que no valía la pena talar más árboles para extraer el papel en el que debían ser impresas. ¿Falsa modestia? Seguramente no. Convencimiento de que no todo vale y de que el autor debe mimar y cuidar su producción creativa para no arrepentirse tiempo después de su impulso, de su vanidad. Lástima que el ejemplo del reciente Premio Nacional de Narrativa no haya cundido lo suficiente y que cada vez los bosques sean más escasos. 

domingo, 17 de octubre de 2010

Periodismo de cartón piedra

Por boca de su presidenta, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, FAPE, acaba de  pedir a los medios de comunicación que dejen de acudir a las ruedas de prensa en las que no se aceptan preguntas. Esta curiosa solicitud no pasaría de mera anécdota si no fuera porque este tipo de comparecencias, en las que los profesionales de la información son invitados a participar en una representación en la que su papel se circunscribe al de meros figurantes o, peor aún, en la que son reducidos a la condición de las grabadoras o las cámaras con las que trabajan, se ha convertido en la norma habitual cuando los convocantes temen que pueda aparecer alguna cuestión incómoda. En este sentido, el Partido Popular -aunque no es la única formación que impone límites a quienes contempla como enemigos naturales- es la fuerza política que más abusa de esta práctica, empeñado como está en ocultar todo lo relativo a la mancha de corrupción que persigue a muchos de sus dirigentes en toda España.

Nunca será tarde para devolver al periodismo las herramientas con las que cumple con su verdadera esencia, para que los periodistas inquieran, indaguen y traten de encontrar la verdad de los hechos a partir de un ejercicio libre de su profesión. En caso contrario estaremos asistiendo a la consolidación del periodismo de cartón piedra. Está por ver el esfuerzo que los reporteros realicen para cumplir la petición de FAPE y boicotear estas convocatorias que desvirtúan su función. Y el empeño que pondrán sus jefes, directores y editores, obligados en muchos casos a sacrificar sus intereses empresariales e ideológicos en favor de una información veraz y contrastada.

viernes, 15 de octubre de 2010

Los topos olvidados

La casualidad ha hecho coincidir en el tiempo el feliz rescate de los 33 mineros atrapados durante varias semanas en San José, Chile, con la reedición de un libro sobrecogedor que, cuando se publicó en 1977, causó cierto revuelo. Estábamos en los primeros momentos de la democracia y hablar de posguerra y represión aún producía escozor en algunos sectores de la sociedad española más propensa al olvido que al recuerdo y la memoria. Me refiero a Los topos, valiente investigación histórica que llevaron a cabo Jesús Torbado y Manuel Leguineche sobre los centenares de españoles que, derrotados en la Guerra Civil, no encontraron mejor solución para huir del escarnio, las represalias, la violencia y, en muchos casos, una muerte segura, que encerrarse en vida, que esconderse en agujeros en los que vivieron,  con el miedo adherido al cuerpo, con el temor a ser  detenidos en cualquier momento, durante décadas. 

Cuando salieron de sus escondrijos, de aquellas cárceles no oficiales, a finales de los sesenta, no los esperaban las cámaras, los periodistas, los políticos, ni mil millones de telespectadores frente a las pantallas, siguiendo segundo a segundo su liberación. Tan sólo sus familiares, los mismos que se habían jugado su suerte, poniendo en peligro su propia libertad, por mantenerlos a salvo, alimentándolos y tratando de que no enloquecieran durante el largo período en el que permanecieron ocultos a los ojos del vengador régimen franquista. 

Hace algún tiempo, la realidad de aquellos topos humanos volvió a la actualidad gracias a la ficción, a un estremecedor relato de Alberto Méndez, titulado Los girasoles ciegos, incluido en un libro junto a otras tres historias -o derrotas, como las calificó su autor-, que fue llevado al cine por José Luis Cuerda, con Maribel Verdú y Javier Cámara en el reparto. Ahora lo hace desde el rigor histórico, gracias a una recuperación ajena a las modas editoriales que nos devuelve el sufrimiento de aquellos hombres que una vez creyeron en la victoria de sus ideales. 



  

martes, 12 de octubre de 2010

Onetti/Carpentier

(@Alfaguara.com)
En una de las muchísimas entrevistas que Mario Vargas Llosa concedió el mismo día en que supo que le había sido otorgado el Premio Nobel de Literatura, el escritor hispanoperuano afirmaba que el mayor misterio de la escritura era su capacidad para hacer nacer la vida de la nada, con ese grácil material que son las palabras. A eso, a dotar de existencia a personajes surgidos de su imaginación o a revivir a figuras históricas desde la ficción, ha dedicado la mayor parte de su trayectoria como narrador, dramaturgo, cuentista y ensayista, ahora reconocida por la Academia Sueca.

Y en lugar de mostrarse soberbio o arrogante por el honor recibido o limitarse a glosar sus muchos méritos, aseguró en la misma conversación radiofónica que el galardón no lo situaba automáticamente entre los clásicos, que esa condición le vendría dada por el tiempo, quizás cuando, ya fallecido, sus obras siguieran recibiendo el favor de los lectores. Y de ese panteón de los inmortales recuperó dos nombres: Alejo Carpentier, del que confesó a su entrevistador que estaba releyendo El reino de este mundo, y Juan Carlos Onetti, a quien dedicó hace un par de años una lectura personal en El viaje a la ficción. ¡Inmejorable gusto de quien sí se sabe creador de una producción literaria balzaciana!

Después de concluida la interviú, extraje de los estantes de mi biblioteca La guerra del fin del mundo y Conversación en La Catedral. Podía haber elegido otros títulos para enfrascarme en el particular homenaje a quien durante tanto tiempo me ha producido un inolvidable placer.  Me consuela pensar que aún tengo por delante un año entero, antes de que sea designado su sucesor como Nobel de Literatura.  


domingo, 10 de octubre de 2010

Abandonos animales

Cada vez que me topo con un animal abandonado, me nace, además de un profundo sentimiento de desazón y rabia, el impulso de rescatarlo del desamparo, de alejarlo del sufrimiento de la existencia callejera, de recogerlo y otorgarle todas las atenciones veterinarias necesarias, porque suele estar herido o enfermo. Algo así como lo que hizo hace ya dos décadas Aníbal Vallejo, por entonces profesor de Arte de la Universidad de Antioquia, cuando detuvo su coche, en plena autopista, para atender a un perro que había sido atropellado y estaba al borde de la muerte. Aquel mismo día decidió abandonar la enseñanza universitaria y dedicarse por entero al cuidado de animales necesitados de protección. El lema que guía su vida desde entonces es "Siempre habrá un animal abandonado que me impedirá ser feliz". 

La historia protagonizada por Aníbal la cuenta su hermano, el irreverente escritor colombiano Fernando Vallejo en su última novela, El don de la vida, en la que insiste en expresar su profundo amor por los canes y su más absoluto desprecio por las personas. "Que se hacinen, que se amontonen, que copulen, que se jodan. A mí los que me duelen son los animales", dijo en una ocasión, con la misma contundencia -para escándalo de muchos- con la que decidió donar los 100.000 dólares del premio literario Rómulo Gallegos de 2003, que le había concedido un docto jurado, a la sociedad protectora de Caracas. 

Esta mañana, mientras paseaba, encontré a un pequeño e indefenso gato que, apoyado en una pared, buscaba refugio y quizás calor, después de estos días de incesante lluvia. Navegando por la red, doy con la foto de un gatito bogotano abandonado, realizada en 2006, que guarda parecido con el que, a mi pesar, dejé, pasmado de frío, en la misma calle en que lo hallé. No todos tenemos el valor ni el arrojo de Aníbal Vallejo. 

martes, 5 de octubre de 2010

Charlistas profesionales

Hace algunos años, en un artículo periodístico recogido posteriormente en libro, el escritor Antonio Muñoz Molina expresaba su hastío y mostraba su disgusto hacia los charlistas profesionales que comenzaban a poblar las emisoras de radio y los estudios de televisión, opinando de cualquier asunto aunque lo desconocieran todo de él, encantados de conocerse a sí mismos y gastando saliva con afirmaciones anodinas, escasamente inteligentes, que en nada enriquecían el debate público. 

Algunos años después, basta con mover el dial a derecha e izquierda o emplear el mando del plasma para pasar de un canal a otro para comprobar, con cierto desasosiego, que la situación no sólo no ha ido a mejor, sino que el panorama que dibujaba el académico jienense ha empeorado hasta alcanzar límites insoportables. A cualquier hora del día, de la mañana, la tarde o la noche -desconozco si de madrugada se practica el mismo ejercicio periodístico-, cualquier programa -da igual que sea político, deportivo, de entretenimiento o del corazón- cuenta con una larga nómina de charlistas, esto es, individuos que disertan sin solemnidad ni excesivas preocupaciones formales, que, en su inmensa mayoría, continúan sin aportar nada, que opinan de lo que escasamente saben o de lo que acaban de oír por primera vez y que, lo que es peor, tratan de imponer sus pareceres a los demás contertulios a base de gritos, salivazos y mamporros verbales. 

La competencia mediática es tal -el número de canales, sobre todo televisivos por mor de la TDT,  se ha incrementado de un modo geométrico- que mucho me temo que el estado de la cosa va a seguir degenerándose, pues prima la conquista de las audiencias por encima de la cordura y la inteligencia. No vaya uno a perder oyentes o telespectadores por mostrarse comedido y educado.

domingo, 3 de octubre de 2010

Villanías

Estados Unidos ha pedido esta semana perdón a Guatemala por los experimentos realizados con casi setecientos pacientes de hospitales psiquiátricos de ese país centroamericano a los que se infectó con sífilis y gonorrea entre 1946 y 1948. Un hecho que podría parecer aislado si no fuera porque cada cierto tiempo se hacen públicas las tropelías cometidas por los gobiernos contra sus propios ciudadanos o contra los de otros países, como en esta ocasión. La memoria nos devuelve, entonces, otros muchos casos, para los que no hay que alejarse hasta épocas remotas, pues basta quedarse en el siglo XX. Ahí están las pruebas nucleares llevadas a cabo por EEUU o Francia en las que sus tropas o las poblaciones civiles fueron utilizadas como cobayas, los sufrimientos infligidos durante décadas a los aborígenes australianos por leyes y prácticas injustas, los abusos de que fueron víctimas los niños de la isla de La Reunión, enviados a territorio francés con la promesa de estudios y sometidos a situaciones de semiesclavitud, y tantos y tantos atropellos que harían muy extensa una relación de afrentas que nos haría temblar como si estuviéramos viendo una película de terror. La realidad, una vez más, superaría a la ficción. 

Estados democráticos occidentales que, cada día, se ponen como ejemplos de virtud frente a terceros pero que esconden en sus archivos secretos un verdadero arsenal de villanías contra sus compatriotas, a los que tienen la obligación de proteger y cuidar. Un deber del que, sin embargo, con demasiada facilidad, según comprobamos, se han olvidado en tiempos, ya digo, no tan lejanos.   

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Recordar

(@liberales.be)
A su paso por España, donde acaba de publicar un nuevo libro, Viaje de ida y vuelta, el novelista húngaro  György Konrád ha dicho que "el deber de un superviviente es recordar. Y si es escritor, más. Hablar por los que ya no pueden hablar". Recordar, como hicieron Primo Levi, Elie Wiesel, Imre Kertész, Jean Améry (nacido Hans Mayer), Viktor Klemperer, Boris Pahor, Shlomo Venezia, Jorge Semprún y tantos y tantos otros que se agarraron a la escritura como lo habían hecho a la vida para no sucumbir a la barbarie. Recordar para sobrevivir, aunque alguno no pudiera convivir con el recuerdo constante del horror y se le hiciera insoportable llevar consigo la culpa de haberse salvado. Recordar para que quienes fueron exterminados no quedaran definitivamente en el olvido y continuaran viviendo en la memoria colectiva y no sólo familiar. Recordar para que lo ocurrido no volviera a suceder, aunque la realidad ha sido más terca y nuevos episodios de genocidio han vuelto a producirse.

Y recordar y hablar, como recomienda György Konrád, es lo que hizo la comisaria europea Viviane Reding hace muy poco, escandalizada por las deportaciones de gitanos ordenadas por el Gobierno de Nicolas Sarkozy, al que recordó que en Francia, durante el Gobierno colaboracionista de Vichy, en plena Segunda Guerra Mundial, se confinó a los gitanos en campos, como el de Saliers, y se les desterró sabiendo el destino que les esperaba.

Recordar y hablar....

lunes, 27 de septiembre de 2010

Burguillos del Cerro

Hace unos días recibí la llamada de un vecino de Burguillos del Cerro, provincia de Badajoz. Según me contó aquel desconocido, identificado como Manuel Lima Díaz, en el listado que figura en Consejo de guerra. Los fusilamientos en el Madrid de la posguerra (1939-1945), que escribí y publiqué con Mirta Núñez Díaz-Balart en 1997, aparecen dos vecinos de su pueblo, ejecutados en septiembre de 1939 en las tapias del Cementerio madrileño del Este, hoy de La Almudena. Quería saber si conocía más detalles de aquellas muertes o si tenía conocimiento del expediente judicial que contemplaba su caso. Y me habla de una compañía, integrada por burguillanos, que, hecha prisionera, fue pasada por las armas en la Sierra de Madrid. 

Desde hace siete años, Manuel Lima trata de documentar la brutal represión desatada tras la toma de su localidad por las tropas golpistas. Al parecer, en aquel entonces Burguillos era una población de unos 6.000 vecinos, de los que 500 fueron asesinados por el nuevo orden (¡uno de cada doce!). Y Manuel Lima me dice también que hace muy poco tiempo han conseguido abrir una fosa, en el  cercano Salvatierra de los Barros, en la que hallaron los cadáveres de cuatro fusilados. 

A pesar de los años transcurridos desde la muerte del dictador, el estudio de la represión franquista transcurre muy lentamente, gracias exclusivamente al empeño de las familias de las víctimas y el esfuerzo voluntarioso de investigadores que, como Manuel Lima, continúan topándose con numerosas dificultades para desarrollar su trabajo, como si todavía hubiese demasiada gente empeñada en que no se conozca lo sucedido en aquellos oscuros años. Lamentablemente, queda todavía demasiado tiempo para que veamos concluido el mapa de la violencia ejercida contra los ciudadanos por el régimen salido de la victoria militar de 1939.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Kim Thúy

(@Benoit Levae)

Kim Thúy es una escritora tardía. A una edad, 39 años, a la que la mayoría de autores han entregado ya al público más de un título e incluso han consolidado su carrera, ella decidió adentrarse en el universo de la literatura y probar con la ficción narrativa. Tres décadas después de que abandonara Vietnam junto a su familia, en una arriesgada travesía que definitivamente la llevó a Canadá, país de acogida del que dice sentirse parte integrante -"me pertenece como persona, no soy una exiliada,  ni una inmigrante, soy una hija de Canadá"-, ha realizado una prospección en su memoria, un viaje a los recuerdos personales que, de un modo voluntariamente desordenado, ha depositado en su opera prima, Ru

Un debut literario que no ha nacido de la necesidad de curar viejas heridas, que no ha perseguido efectos paliativos. Kim Thúy ha dejado fluir momentos, en algunos casos insignificantes, que creía olvidados, ha desempolvado historias, tan imperfectas como la naturaleza humana, que esperaban una pequeña oportunidad para aflorar a la luz y convertirse en algo vivo. Y han sido las palabras, cada una con su peso, su color, su textura e incluso su olor, las que han devuelto a la vida esas imágenes que ahora nos regala, que ya nos pertenecen como lectores.