lunes, 21 de noviembre de 2011

El exilio del corazón



Baste hoy, 21 de noviembre de 2011, una frase extraída de El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, y cuya paternidad hay que atribuir a Alberto Aguirre, activista e intelectual colombiano exiliado en España durante unos meses para evitar ser asesinado por los escuadrones de la muerte:

"Hay un exilio peor que el de las fronteras: es el exilio del corazón".

jueves, 17 de noviembre de 2011

Las ambigüedades de Rajoy

De la amplia entrevista que publica El País con quien parece que será el próximo presidente del Gobierno de España, dos cosas me quedan meridianamente claras. Primera, Mariano Rajoy es un político cuyo territorio de acción preferido es el de la ambigüedad, la indefinición, la vaguedad, la escasa claridad. Resulta imposible adivinar, a partir de las respuestas que da a Javier Moreno, no ya el alcance del programa electoral del Partido Popular, sino las propias medidas que va a adoptar si, como parece, gana el 20-N. Salvo que su estrategia sea que no nos enteremos de nada hasta el 21-N y que a partir de ese día nos vayamos preparando para lo que pueda venir. O que juegue al despiste, algo que, en los tiempos que corren, con los mercados al acecho, no parece que sea lo más apropiado ni decente. O que ejerza de gallego y que cada uno entienda lo que quiera.

Segunda, que su política estará basada en un único verbo, que podremos conjugar como queramos, pero que, en ningún caso, cambiará de significado: recortar. Dependencia, desempleo, sanidad, educación, cultura... son ámbitos destinados a sufrir los tijeretazos -él los llama ajustes y además los justifica porque se amparan en decisiones de instancias superiores- que se avecinan.

Y, claro, como ya advierte para los más crédulos que no tiene "varita mágica", pues las sensaciones que al final quedan son la desconfianza y el escepticismo, pero nunca la tranquilidad o la seguridad que él tanto reitera y en las que ha basado un programa de medidas que, a estas alturas, aún desconocemos.  

martes, 15 de noviembre de 2011

De Rubalcaba y los mercados

(@www.vueltadehoja.com)
En uno de esos fragmentos televisivos que los partidos políticos ceden graciosamente a las cadenas de televisión para facilitar la libertad de expresión y el derecho a la información de la ciudadanía, el candidato Rubalcaba, el mismo al que auguran una debacle histórica de las que no se olvidan fácilmente, reclamaba el voto de la audiencia (¿por qué todas esas imágenes líbremente cedidas se parecen tanto, con las banderitas ondeando al viento y el fervor popular desbordado a raudales, que uno ya no sabe si está en Logroño, La Gomera o Cáceres?). Empleaba el siguiente argumento, no sé si con el objetivo de convencer a las masas o de disuadirlas de que acudieran a las urnas en unos días: "el domingo 20 no votan los mercados". Y tenía razón el futuro jefe de la oposición.

Lo que no dijo es que a los mercados, esos extraños e indefinidos entes con los que se vienen abriendo los telediarios y las portadas de los diarios desde hace meses pero a los que no tenemos el gusto de conocer,  les da lo mismo votar, porque de todos modos mandan, pervierten la democracia (¿acaso Monti y Papademos han salido de las urnas? Pregunten a los pueblos de Italia y Grecia) y socavan la voluntad popular. No sé si esta aclaración de Alfredo Pérez le restaría algún voto y por eso la silenció. Pero podía haberla aportado, por aquello de ofrecer más elementos de juicio a los votantes. Rajoy la ha obviado en sus mítines -también generosamente ofrecidos a las televisiones- porque debe tener muy claro a quién debe obedecer a partir de la madrugada del 21. ¿Para qué romperse la cabeza cuando todo está meridianamente claro?


jueves, 10 de noviembre de 2011

Las ferocidades de la caverna

Se pregunta Iñaki Gabilondo, en el prólogo de Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, de José María Izquierdo, qué peso tienen en el pensamiento del Partido Popular los vociferantes periodistas que, alineados en el extremo diestro, llevan años ridiculizando y humillando, desde sus tribunas mediáticas, a todo aquel que no coincide con sus ideas, alimentando con sus exabruptos el odio y la mentira, tergiversando, con sus insinuaciones, la realidad, saltándose a la torera los elementales principios de la deontología profesional... Lamentablemente, los últimos acontecimientos protagonizados por miembros del PP le dan la razón y confirman que estos profetas incendiarios capaces de escribir o pronunciar mil ferocidades forman parte de "la galería de héroes de la familia" popular.

Ahí está, dando ejemplo, Fernando Autrán, coordinador de Circulación del Ayuntamiento de Madrid, que empleaba Twitter para remedar a "estos bizarros representantes mediáticos de la grosería y el insulto", como los califica Izquierdo. La prensa ha informado que su jefe, Alberto Ruiz-Gallardón, lo ha destituido de forma fulminante al conocer sus andanzas en la Red. Lo curioso es que la afición de Autrán viene de lejos y no de hace unos días. Otra candidata a engrosar la lista de Izquierdo en una segunda edición de la feroz antología es la ocurrente Francisca Pol, ahora dimitida, que también utilizó Internet, esta vez Facebook, para difundir un fotomontaje de muy mal gusto de Carme Chacón.

¿Casualidad? La respuesta, a partir del 20-N, una fecha casualmente extrema.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Ágora 15


"Tiempo terrible, tiempo apasionante, que pretendemos abordar activos, vivos, entregados a la digna labor del periodismo, profesión que hoy tantos convierten en vergonzante". Tiempo en el que se han puesto en solfa las instituciones democráticas, los valores, las costumbres y hasta el mismísimo sistema. Y es en este convulso momento histórico en el que tratará de hacerse un hueco en los quioscos -algo nada fácil- una nueva publicación, Ágora 15, periódico mensual que aspira a convertirse en el referente informativo de la Sierra de Guadarrama (Madrid), que sueña con devolver a la ciudadanía parte del espacio perdido, que propugna la defensa de lo público desde la trinchera de la indignación, desde una posición claramente de izquierdas.

Detrás de esta aventura se encuentra un luchador inagotable, un agitador de conciencias incansable que, como ya hiciera en otras épocas, especialmente desde el ámbito cultural, no se resigna a la inacción, al aletargamiento generalizado: Víctor Claudín, al que muchos recordarán por su gestión al frente de la Sala Elígeme o el Teatro Alfil y que, recientemente, formó parte de ese fiasco periodístico que fue La Voz de la Calle.

Detrás de Ágora 15 no hay ningún grupo empresarial o político, tan solo el entusiasmo de unos pocos ciudadanos comprometidos que han puesto en juego sus ahorros porque creen en el proyecto, en la idea. La aventura, iniciada en este mes de noviembre, se antoja compleja y muy arriesgada. El tiempo -el mismo tiempo agitado en el que nace- dictará sentencia. ¡Mucha suerte a sus impulsores!


sábado, 5 de noviembre de 2011

La crítica, el crítico y el criticado

Si uno pregunta a un escritor, cineasta, artista plástico, actor, músico, arquitecto, director teatral, etc., qué le parecen las críticas que se publican en los medios de comunicación sobre sus obras de creación, a buen seguro que le responderán que son inevitables, necesarias y que, de no existir, habría que inventarlas. Lo que no le dirán es que cuando uno habla de crítica, esto es, del "examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.", como la define la RAE, ellos están entendiendo, en realidad, elogio, apología, alabanza, ensalzamiento y cualquiera de sus sinónimos. Y, en ningún caso, opinión negativa, reproche o reprobación. 

Y si no, que se lo planteen a Bernardo Atxaga en su polémica con Ignacio Echevarría, a Pedro Almodóvar cada vez que Carlos Boyero expresa lo que le parecen las películas del director manchego o a Joaquín Sabina, que acabó echando mano de Almudena Grandes para replicar la crónica de uno de sus conciertos en la plaza de toros de Las Ventas. La última salida de tono la ha protagonizado el cantautor tinerfeño Pedro Guerra, al que disgustó tanto lo que de su paso por el Arteria Coliseum de Madrid dijo Fernando Neira en El País, que se atrevió a escribir una "Crítica de una crítica" en su blog personal, que rezuma, básicamemte, resentimiento, ensañamiento y victimismo y de cuya lectura se concluye que es, cuando menos, patética.

El apóstol de la tolerancia y el buenrollismo ha demostrado en esta ocasión tener poca cintura, encajar de muy mala manera los golpes, emplear artimañas inapropiadas y lo que es peor, no saber perder. Nada nuevo, por otro lado. Vanitas vanitatis.

martes, 1 de noviembre de 2011

El olvido que será

He sabido que Ricardo ha iniciado el lento descenso a los oscuros abismos del mal de Alzheimer. Ahora mismo los síntomas son muy leves, pero la enfermedad ha empezado ya a hacer su trabajo, a borrar parsimoniosamente el disco duro de su cerebro. No hay vuelta atrás. Los médicos han sido taxativos. Precisamente le ha ocurrido a él, que ha vivido siempre agarrado al recuerdo, que no ha sabido vivir ajeno a la memoria. Será dentro de un tiempo -nadie sabe cuánto- olvido. Quizás sea cierto, como escribe Héctor Abad Faciolince en su magnífica y emotiva novela El olvido que seremos, que "la memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigadas sobre una playa de olvidos". Quizás, pero esa arena sobre la que ha transitado toda su vida Ricardo, repleta de instantes pasados y revividos una y otra vez, sin descanso, como si necesitara regresar a ellos siempre para no perder lo que es, se la está llevando el mismo mar que tanto ha amado y que ha inspirado su poesía, esos versos que miran al Atlántico porque en sus aguas han encontrado la inspiración, la razón de su existencia. 

La memoria de Ricardo se le escapará entre las manos a su pesar, se volverá opaca, se irá haciendo añicos, como ese espejo del que hablaba Faciolince, a pesar de lo necesaria que ha sido para él. Entonces, con toda seguridad, él no tendrá constancia de su pérdida. Vivirá ajeno a lo que le rodea y sus  ojos me traerán el recuerdo -qué travesura de la memoria- de aquellos enfermos de Alzheimer con los que estuve tratando durante unos meses y cuya mirada se perdía en un lejano y profundo lugar al que los demás no teníamos acceso ni modo alguno de llegar porque hacía ya tiempo que habían descendido al abismo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Las esquinas de Manuel Longares

Ya sabemos que el Olimpo de los superventas está reservado a unos cuantos privilegiados, a esos dioses paganos que han hallado la fórmula para ganarse el favor y el gusto del público. También sabemos que, en no pocas ocasiones, el éxito nada tiene que ver con la calidad, con un mínimo acercamiento a la Belleza, y sí con trucos, modas y otros artificios convenientemente empleados en beneficio propio. Nada que objetar. Que cada uno se gestione como mejor sepa eso que llaman popularidad y fama y que tantas servidumbres ocasiona. 

Tampoco sería novedad desvelar que Manuel Longares es un escritor que está al alcance de unos cuantos miles de lectores, pero no de millones, como algunos de sus colegas. De todos modos, da igual. Su literatura está ahí, su narrativa está al alcance de todos. Es cierto que el Premio Nacional de la Crítica, que recibió en 2001 por ese magnífico fresco de la España última, del país que se debatía entre el tardofranquismo y la democracia recién inaugurada, por esa crónica de la burguesía improductiva que es Romanticismo, no lo llevó a ese Paraíso. Quizás tampoco importe, ni le importe a él, más preocupado por su escritura que por la repercusión pública y vanidosa de la misma.

Manolo Longares es, y no es en absoluto exagerado afirmarlo, un Galdós contemporáneo. Ningún novelista sería capaz de desvelarnos, de pintarnos, como el escritor canario, ese Madrid que amamos en ocasiones pero que, quizás por ese molesto intervencionismo de los políticos, odiamos la mayoría de los días que pasamos sobre su asfalto.

Yo lo que quería era recomendar su reciente trabajo, Las cuatro esquinas, una colección de otros tantos relatos que nos trasladan al Madrid -que es lo mismo que decir que a la España- de las últimas décadas. Y me quedaría con ese primer relato que abre el libro, "El principal de Eguílaz", que nos habla de un tiempo de camisas azules, de paseos, de violencia silenciosa, de señoritos y cutrez que, a la que nos descuidemos, tendremos encima en breve tiempo, si no está ya campando a sus anchas desde hace tiempo. O a lo mejor es que nunca nos desprendimos de esa desagradable pátina que nos trajeron los vencedores.




miércoles, 14 de septiembre de 2011

Toro de la Vega

(@AFP)
Nuestra sociedad está enferma. Porque lo está toda colectividad que se comporta de un modo salvaje, que no solo tolera el maltrato animal, sino que hace de él un acto de exaltación pública, que declara de Interés Turístico Nacional unas fiestas en las que el acto central es el alanceamiento de un indefenso toro, que convierte en estrella mediática a un tal Óscar Bartolomé Hernández, quien se jacta de su "heroicidad" comparándose con Cristiano Ronaldo, que sigue sin Ley de Protección Animal, que...permite que el Toro de la Vega se siga celebrando en la localidad de Tordesillas. ¡Una vergüenza!

martes, 13 de septiembre de 2011

11-S, diez años después

La tragedia tiene rostro humano. No así el sufrimiento, que también adivinamos -con demasiada frecuencia- en la mirada animal. Se han cumplido diez años de los atentados del 11-S y mi recuerdo de aquellas inolvidables horas, de aquel día grabado a fuego en las conciencias de todos, permaneceá indeleblemente unido al espanto que se dibujó en las caras de una pareja de turistas neoyorquinos que comían en una mesa cercana a la nuestra en una taberna del barrio lisboeta de la Alfama en la que decidimos hacer un alto en el camino. Se me ha olvidado qué pedimos, qué plato teníamos delante cuando el segundo avión se estrelló contra una de las torres, pero no el horror con el que aquellas dos personas contemplaron las imágenes que retransmitía un pequeño televisor situado al fondo del salón. El restaurante quedó en silencio. Ningún cliente se atrevió ya a seguir comiendo, a manejar unos cubiertos que habrían roto, con su sonido metálico, el sentimiento de duelo que inundó el local. El mismo silencio atravesó la ciudad de Lisboa, conmocionada por el suceso. Hasta el tráfico pareció detenerse, en señal de respeto. De algunas esquinas y también de algunos comercios, el sonido lejano de los transistores relatando una noticia que habría de cambiarnos, de traumatizarnos.

Ahora, los rostros de aquellas víctimas del injustificable terror han regresado del pasado a la actualidad, a los informativos, a los especiales que han llenado la parrilla de los canales televisivos. Entre tanta avalancha mediática, ante tanto programa realizado en directo desde Estados Unidos, he echado de menos los rostros de otros miles de muertos, de los inocentes que en esta década han perdido sus vidas en las guerras de venganza lanzadas por Estados Unidos, en los conflictos iniciados por la gran potencia para aplicar la ley del Talión.

martes, 6 de septiembre de 2011

Los ascensores

Seguramente el asunto de los ascensores haya dado para sesudos tratados sociológicos, psicológicos e incluso psicoanalíticos,  para deliciosas páginas literarias o para entretenidísimas escenas cinematográficas, pero no dejará de sorprenderme el comportamiento de los humanos -especialmente de los adultos- cuando coincidimos con otros congéneres en el interior de un elevador. Estas cabinas suspendidas en el vacío no entienden de edades, clases sociales, profesiones o vínculos personales, pero ejercen un influjo tan extraordinario que, una vez dentro de ellas, experimentamos una profunda transformación. Como por arte de magia nos volvemos seres incapaces de articular palabra alguna, como si al entrar nos cortaran la lengua y nos obligaran a permanecer mudos. Da igual que en el rellano, segundos antes de penetrar en ese maravilloso universo de subidas y bajadas por el hueco de la escalera, hayamos compartido saludos, sonrisas o conversaciones con los otros, porque, una vez se cierra la puerta y comienza el breve viaje, olvidamos lo sucedido, perdemos toda educación y nos comportamos como extraños, como verdaderos desconocidos.

Empiezan, entonces, en ese estrecho e incómodo habitáculo, en esa cabina que se traslada verticalmente,  las miradas perdidas, los obsesivos vistazos al contador de pisos o a las teclas numéricas, cuando no al espejo si por suerte existe. Cuanto antes se llegue a destino, mejor. Y como se produzca algún imprevisto, algún extraño movimiento o un ruido desconocido que anuncia una inesperada parada, se desata el pánico generalizado. No tanto por temor al encierro como al espacio de tiempo que se ha de pasar dentro sin pronunciar una frase, no vaya a ser que se acabe el aire y se muera uno de asfixia en lugar tan poco atractivo y en tales compañías.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Oskar Gröning

Oskar Gröning reconoce que el Genocidio, que la masacre nazi, bajo métodos industriales, existió y que él, como verdugo, estuvo allí. Pero también asegura que haber servido como SS-Rottenführer en Auschwitz no le ha obligado nunca a responder ante la justicia.  Es más, se sorprende ante la posibilidad de dar cuenta personalmente por los crímenes del nazismo. De igual modo, no tiene reparos en decir, ya a salvo, ya un anciano honorable, décadas después, que en aquel escenario de la muerte, en aquel lugar concebido para el exterminio, se cometieron "algunos actos que no eran compatibles con los derechos humanos". ¿Cínico? ¿Canalla?  ¿O simplemente un criminal insensible, ajeno al dolor humano?

Es difícil no seguir sintiendo una profunda emoción cuando se emite, una vez más, un documental como Auschwitz. Los nazis y la solución final. Obviamente, por La 2 de TVE. Otras cadenas comerciales, mientras, están dedicadas a princesas del pueblo, a cuestiones de casquería, a razones más próximas al bajo instinto que a otro lugar. 

Pasa el tiempo, desaparecen los supervivientes, pero queda el recuerdo, la necesidad de no olvidar, de recuperar la memoria de la atrocidad. No han pasado tantos años. Y tampoco otros atroces ejemplos históricos.



sábado, 27 de agosto de 2011

Vuelta a la realidad

Del mismo modo que la Navidad se nos anuncia con suficiente antelación a través de una insoportable avalancha de anuncios televisivos de juguetes, el final del verano viene precedido por una catarata aún peor que la que nos espera en diciembre y que no es otra que la que inunda los quioscos de infinitas colecciones y fascículos que, a modo de letanía, se repiten año tras año sin excepción. 

Las editoriales deben tener muy claro que durante el mes de agosto hemos hecho acto de contrición y que tras las vacaciones estivales estaremos dispuestos a comenzar una nueva vida, como el que inicia un régimen de adelgazamiento, y que, por tanto, qué mejor que empezar a coleccionar sellos y billetes del mundo, cochecitos de juguete, estilográficas, relojes de bolsillo o dedales; cómo desaprovechar la ocasión de aprender algún idioma que no llegaremos a hablar nunca, de conocer algún truco de cocina con el que sorprender a nuestros suegros o de especializarnos en labores de punto de cruz o ganchillo;  qué estupidez perder la oportunidad de estimular las habilidades manuales construyendo algún avión de combate por partes o, mejor aún, un dinosaurio hueso a hueso. Por no hablar del empeño de estas multinacionales  de la edición, que insisten una y otra vez en reimprimir libros de texto que utilizamos hace ya mucho tiempo, tebeos que leímos siendo muy niños o cuadernos con los que aprendimos a escribir.

También deben tener muy claro que se trata de un negocio muy rentable, porque de otro modo resultaría  inexplicable que cuando se acerca septiembre no haya quien encuentre un periódico o una revista, entre tanto cartón, juguete, álbum, mineral o curso de inglés. Y como saben que al segundo o tercer número el personal ya se ha cansado de la colección de marras, pues a esperar al septiembre siguiente, que seguro que hay quien pica y vuelta a empezar. ¡Un negocio redondo, vamos!

jueves, 25 de agosto de 2011

De Madrid, al cielo

(@EFE)
Toda vez que...

...Benedicto XVI ya no está entre nosotros...
...la JMJ 2011 es, por suerte, cosa del pasado...
...la capital ha dejado de ser un parque temático travestida de blanco y amarillo...
...el Retiro es, de nuevo, territorio libre de confesiones y pecados (aunque menos)...
...las autoridades regresan a los mercados y olvidan su actitud de meapilas...
...el laicismo continúa siendo una utopía en este país...
...la policía nos recuerda que, porra en mano, no hay quien pueda con ella...
...la Cibeles recupera su condición de lugar de encuentro de madridistas (últimamente cada vez menos) después de serlo, por unos días, de seminaristas, monjas, kikos, peregrinos y gente de todo pelaje...
...Rouco Varela ha recuperado la sonrisa, aunque no las vocaciones perdidas...
...la patronal continúa la búsqueda de los millones de euros de la visita papal...
...la aspavientosa se regocija de que en su Comunidad haya estado Su Santidad...
...Gallardón ha tenido una visión privilegiada del recorrido del papamóvil...

...a lo mejor es el momento de proclamar con razón, como vienen haciendo los más castizos, que "De Madrid, al cielo"...


martes, 16 de agosto de 2011

London's burning

(@LosPrimeros.tv)
Como si de la escenificación de una canción de The Clash se hubiera tratado, Londres -y también algunas de las principales ciudades británicas- ha estado ardiendo en los últimos dias y aún no se han apagado los rescoldos de las protestas. Ni los mas punkies del lugar hubieran imaginado un escenario similar en sus sueños de rebeldía y subversión. Ocurre que al poder le pone, mayormente, mantener el orden por encima de todas las cosas, no vaya a ser que, al final, los gobernantes acaben también quemados.

Gamberrismo, saqueo, vandalismo, salvajismo, desorden público han sido algunos de los sustantivos que han acompañado la acción represiva del gobierno inglés sobre quienes han salido a las calles con afán destructor. Desconozco el nivel de violencia social al que se había llegado en los últimos tiempos, hasta el punto de provocar esta explosión callejera, pero recuerdo que hace treinta años asistí a situaciones de marginación y agresividad silenciosa que no hacían presagiar nada bueno.

No defiendo en absoluto a los saqueadores y a quienes hayan cometido tropelías, pero también creo que ya es hora de que los estados avanzados hagan algo más que tranquilizar a los mercados mientras sus democracias se deterioran gravemente. No basta con las pelotas de goma o las mangueras para poner fin al descontento, por mucho aprovechado que acompañara las acciones de sublevación.

miércoles, 3 de agosto de 2011

#MadridsinPapa

Cualquiera diría que Benedicto XVI le ha cogido el gusto a esto de venir a España a recordarnos que somos la reserva espiritual de Occidente, a pesar de lo agresivamente laicos que somos los ciudadanos de este país, según dijo hace apenas unos meses, con motivo de su anterior paseo por estas tierras. De lo que sí estoy seguro es que no viene a hacer acto de contricción por las bendiciones de la Iglesia a los crímenes del franquismo o por los actos de pederastia de algunos de sus sacerdotes. Lástima, porque de otro modo habríamos pensado que su visita no incluiría, como hacía su antecesor y repitió él mismo, un rapapolvo al Gobierno socialista por impío y defensor de normas contrarias a esa moral cristiana que en los últimos tiempos aflora con más fuerza que nunca.

Lo que sí me sorprende es el empeño de algunos, especialmente de ciertas autoridades autonómicas, en destacar los beneficios económicos de la presencia papal. Y yo que pensaba -¡ingenuo de mí!- que las ventajas de las religiones no se alcanzaban en este mundo de pecadores, sino que las recibiríamos una vez convertidos en polvo. Ya nos dirán, imagino, quiénes son los destinatarios de esos cien millones en positivo en que cifran la celebración de la JMJ 2011.

Y por si no fuera poco con inundar de santidad la ciudad de Madrid durante unos días, parece que en el Parque del Retiro los remos, los títeres, las echadoras de cartas, los vendedores de chucherías y globos tendrán una férrea competencia con los dos centenares de confesionarios portátiles que se instalarán en este espacio público, convertido en lugar de peregrinación, lamentaciones, arrepentimientos y perdones.

Vuelvo a recomendar, para contrarrestar los efectos narcotizantes de tanto incienso, la lectura de La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo. Eso,  o desaparecer del mapa y cerrar los ojos a la avalancha mediática que se avecina.

domingo, 31 de julio de 2011

Hartazgo

(@Sergio Parra)
"Sensibilidad cristiana" es el eufemismo tras el que se parapetan los ultramontanos, empeñados en ejercer  la censura allá donde lo consideran y en no dejarnos vivir en libertad. Una expresión que emplean los ultracatólicos para justificar su fanatismo religioso. Cualquier motivo es bueno para hacer gala de su intolerancia, ya sea una exposición de fotos, una ley, una película o una obra de teatro. Nada escapa a la inflexibilidad de quienes se creen en posesión de la verdad y del dogma. La última hazaña de estos irrespetuosos ha sido provocar la retirada de una fotografía de Sergio Parra en la que aparece el actor Asier Etxeandía caracterizado como Jesucristo minutos antes de salir a escena, circunstancia que, de paso, ha provocado la dimisión de la directora del Festival de Mérida, Blanca Portillo

No hace tanto tiempo la diana de sus envenenados dardos fueron Leo Bassi y el rector de la Universidad de Valladolid, acusados de ofender esa tan traída sensibilidad católica al representar una parodia de Benedicto XVI en el paraninfo de la ciudad castellana. Y antes les tocó el turno a otros. Ahí está el caso de Íñigo Ramírez de Haro y Me cago en Dios, que levantó una innecesaria polvareda hace ya algunos años y que dio una desmedida publicidad -como ocurre siempre- a un mediocre texto dramático. O cuando frente a los cines Alphaville de Madrid se congregaban estos entusiastas creyentes, con Blas Piñar a la cabeza, a rezar el rosario, mientras en la sala se proyectaba la anodina y superflua Yo te saludo, María, de Jean-Luc Godard.

Esto no ha hecho más que empezar. A medida que se acerque la fecha de la JMJ, que amenaza con convertir Madrid en agosto en una ciudad insoportable, tendremos nuevas muestras de estas eufemísticas expresiones. ¡El verano que nos espera! Que a todos nos coja confesados o, en el mejor de los casos, con  La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo, entre las manos. 

miércoles, 27 de julio de 2011

#ayudaAfrica

Regresan estos días a los medios de comunicación imágenes que, ingenuamente, creía ancladas en el pasado, en un tiempo en el que en los colegios nos repartían unos sobrecitos para el DOMUND o, como nos decían los maestros a aquellas mentes inocentes, para erradicar el hambre en África. Al parecer, aquellas monedas que entregábamos días después en el mismo envoltorio no sirvieron para paliar la tragedia africana o apenas fueron una tirita en una herida que no ha dejado de sangrar y que se ha llevado por delante millones de vidas humanas, como si el único e irremediable destino de esos niños escuálidos, desnutridos, retratados junto a unas madres que luchan por darles un último hálito de vida, fuera la muerte.  

Aquellas fotografías estaban tomadas en la República de Biafra, un frustrado Estado que quedó arrasado por la guerra y la hambruna a finales de los setenta y que hoy es una región de Nigeria. Ahora, como si no hubiesen pasado los años, como si las instantáneas hubieran sido coloreadas para darles actualidad, volvemos a ver lo mismo. Gentes desesperadas, que buscan refugio del conflicto, las matanzas, la sed y el hambre en hacinados campos de refugiados. Mujeres, niños y ancianos que se aventuran a largas marchas -que se asemejan mucho a las que ordenaban los nazis en los últimos momentos de la Segunda Guerra Mundial- con la esperanza de encontrar, al final de ese camino, agua y alimentos que escasean. Ya no es Biafra, un lugar que seguramente nunca localizamos en un mapamundi, en estos momentos es Somalia, el Cuerno de África, una región castigada durante décadas.

Y mientras África no deja de ser un continente condenado a sufrir, un territorio con un negro futuro, en estas tierras de abundancia, dominadas por esos entes indefinidos que son los mercados, nadie se decide a intervenir, a detener lo que no es más que un genocidio, uno más en esta maldita historia de la humanidad.

lunes, 18 de julio de 2011

El orín de los perros

(@www.elpais.com.co)
Llegan las noticias sobre Libia que dan cuenta de los bombardeos aliados y sus víctimas inocentes, de los reconocimientos oficiales a los rebeldes o de la orden internacional de detención contra Gadafi y, al mismo tiempo, compitiendo por el escaso espacio que los medios de comunicación dedican a las informaciones del mundo, las procedentes de Siria, donde el sátrapa Bashar al Asad masacra desde marzo a la población civil sin que se produzca una simple condena, sin que se valore, ni de lejos, intervenir militarmente en ese país. ¿Y qué decir del dictador yemení y del sufrimiento al que ha estado sometiendo a su pueblo durante décadas? Ni una mención entre tanta reprobación al régimen libio al que, dicho sea de paso, se le tenía muchas ganas -no entro en si justificadas o no- desde los años ochenta y al que ahora se golpea una vez ha quedado aislado.

En un caso -Libia-, se habla solemnemente de genocidio; en los otros -Siria y Yemen-, se alude llanamente a asuntos de índole interno y se despacha la cuestión mirando hacia otro lado, no vaya a ser que la famosa primavera árabe se convierta en Oriente Próximo en un incendio de imprevisibles consecuencias. Y ante esta interesada disparidad de criterios, mientras mueren asesinados quienes persiguen la libertad, me vienen a la memoria aquellos versos de León Felipe que hablaban de justicia:

"Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora … ¿cuándo se pierde el juicio?"

Tampoco puedo dejar de pensar en esos millones de personas a las que espera una muerte segura si nadie hace nada para paliar las hambrunas que hacen estragos en el Cuerno de África. Y me pregunto: ¿no actuar no es una forma de genocidio? ¿Las vidas de esas gentes valen acaso infinitamente menos que el orín de los perros?

domingo, 17 de julio de 2011

Doble rasero

(@EFE)
No deja de sorprenderme el cinismo y la doble moral con la que se manejan los dirigentes del Partido Popular. Actitud a la que, dicho sea de paso, nos tienen muy bien acostumbrados. Desde que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ordenó el pasado 1 de julio la entrada y registro en la sede de la SGAE y la detención de varios de sus directivos, incluido su presidente ejecutivo, Eduardo Bautista, el PP se volvió un poco más vocinglero de lo normal y, aplicándose al refrán de "a río revuelto, ganancia de pescadores", dio por sentado que la culpabilidad de los imputados era evidente y propuso que, para evitar futuros desmanes, lo mejor era suprimir el canon digital, hacer desaparecer la Sociedad de Autores, crear una agencia pública de control y otras muchas medidas más, ancladas todas ellas en la demagogia, habiendo como hay un Código Penal aplicable a los delitos que investiga la Audiencia Nacional. 

El problema es que a Rajoy y a los suyos el recientísimo auto del magistrado José Flors, que sienta a Francisco Camps en el banquillo y le impone una fianza de 55.000 euros, los ha cogido con el mazo dando pero poco despiertos. Y ahora, donde dije digo, digo Diego y pelillos a la mar. Porque lo suyo sería dar por culpable al presidente valenciano, proponer la desaparición de la Generalitat y crear un organismo que controle a quienes puedan caer en la tentación de vestirse por la patilla. Pero lejos de esto, no sólo proclaman la presunción de inocencia -a la que, por cierto, tiene todo el derecho- que negaron a otros, sino que además hablan de maquinación policial y complot gubernamental. "Cosas veredes, amigo Sancho". 

Y dejo para otro día a la legión de columnistas, opinadores y charlistas que se lanzaron a condenar por adelantado a Teddy Bautista y ahora se abonan cobardemente a la teoría de la conspiración. A esto llamo yo doble rasero y falta de coherencia intelectual.

Como decían nuestro mayores, "no es lo mismo tocar, que levantarse a abrir". 

jueves, 14 de julio de 2011

Linchamiento bochornoso

(@Enrique Cidoncha)

Nunca he creído en los juicios paralelos que los medios de comunicación llevan a cabo en cuanto se inicia una investigación/proceso judicial, ni en las condenas sin sentencia judicial que emiten, dadas las consecuencias personales/morales/públicas para las personas implicadas en las mismas. Ahí están los recientes casos de DSK o Marta Domínguez.

Viene esto al caso por la repugnancia que me ha producido mucho de lo que he leído o escuchado estos días a raíz de la puesta a disposición judicial de Eduardo Bautista y otros tres directivos de la tan denostada Sociedad de Autores. Tanto tiempo llevaban esperando la foto del ex de Los Canarios saliendo de la Audiencia Nacional que, una vez conseguida, se lanzaron a denostar su figura hasta límites lamentables. Tal era el rechazo que su figura había despertado en ciertos sectores que se celebró su detención como si se hubiera llevado ante el juez al mayor criminal de la historia de España. Del aquelarre participaron, en santa y extraña hermandad, los autoproclamados representantes de la comunidad de internautas -a los que nadie ha nombrado democráticamente y que siguen ocultando la procedencia de los fondos que los alimentan-, los indignados, la derecha extrema mediática con su fiel infantería –que diría José María Izquierdo-, entre otros coyunturales compañeros de viaje.

No sólo no han esperado a que el juez dicte su fallo –condenatorio o no, eso ya se verá-, sino que para sostener sus argumentos contra el hasta hace un par de días presidente ejecutivo de la SGAE, además del insulto, se han amparado en su carácter supuestamente colérico y antipático –como si esto fuera un agravante- o, simplemente, como hizo La Gaceta de los Negocios, niegan hasta su brillante y exitoso pasado musical. Parece que se estuviera reproduciendo la trama de El extranjero, de Camus.

Ante este tsunami mediático en contra, han sido muy pocos –habas contadas- los que se han atrevido, públicamente, a expresar con contundencia la inocencia de Eduardo Bautista o a reclamar sin peros su presunción, si exceptuamos a Andrés Calamaro –al que le cayó una buena tunda twittera por tal osadía- , a Antonio Gala -agradecido por el reciente reconocimiento que recibió en los Premios Max celebrados en Córdoba- o a Juan Cruz, a quien, por tierra, mar y aire, no le ha importado partirse la cara por el amigo, ahora expuesto al escarnio y a la arena del circo.

Como comentaba un compañero de El País, del que reservo su identidad para evitarle una avalancha de insultos seguramente anónimos, en estos días hemos asistido a un “linchamiento abominable”. Bochornoso.

P.D.: Para las mentes más suspicaces, este comentario personal va mucho más allá de la relación laboral que durante estos últimos años he mantenido con Eduardo Bautista.


domingo, 1 de mayo de 2011

Una voz necesaria

(@www.vanguardia.com.mx)
Ha muerto Ernesto Sabato. Se ha ido una voz necesaria, imprescindible. Decimos adiós a una de esas personalidades cuyo compromiso vital hace en muchas ocasiones de faro de las sociedades e impide que éstas y sus ciudadanos enfermen. Él nos recordó que al final del túnel siempre hay luz por muy oscuro que nos parezca, nos avisó de que los héroes están demasiado cerca de las tumbas cuando no en ellas, nos llamó la atención sobre la fragilidad de la condición humana y, sobre todo, nos alertó de la naturaleza de los exterminadores, de los genocidas, tan de moda en estos tiempos en que los criminales campan a sus anchas en Siria, Yemen, Marruecos o Libia, como antes lo hicieron en su Argentina natal, en Uruguay, en Paraguay o en España. Contra ellos nos hizo expresar toda nuestra rabia, que también era la suya.

Como ha dicho su familia en el comunicado en el que ha hecho pública su muerte, Ernesto Sábato no les pertenecía solo a ellos, sino a todos nosotros. Como antes ocurrió con gente como José Saramago, Naguib Mahfuz o Francisco Ayala. Nos queda su magnífica obra, pero también el recuerdo de ese simple mortal, de ese tierno desamparado, como una vez él mismo describió a Don Quijote. Quizás tenía mucho del personaje de Cervantes, como lo tienen quienes están convencidos de que estamos sobre la faz de la tierra para luchar por la justicia y por el prójimo.



viernes, 15 de abril de 2011

¿Hombres?

¿Merecen ser llamados hombres quienes ordenan, bajo pretexto patrio, bombardear una aldea habitada por mujeres, niños y ancianos indefensos? ¿Tratados como tales quienes asesinan a sangre fría en nombre de supuestos intereses nacionales? ¿Considerados así quienes torturan hasta la muerte a sus semejantes, convertidos entonces en enemigos, empleando la crueldad más refinada y, al mismo tiempo, inhumana? Preguntas para las que quizá encontremos respuestas o para las que a lo mejor no haga falta hacerlo, pero que quedan en el aire después de la lectura de la última novela del escritor francés Laurent Mauvignier, titulada Hombres y editada por Anagrama.

La acción de la historia, protagonizada por dos excombatientes de la guerra que sostuvo Francia en Argelia en los años sesenta y que acabó con la independencia del país norteafricano, nos retrotrae, aparentemente, a otro tiempo, quizá olvidado por muchos, quizá desconocido por la mayoría, pero que recobra toda la actualidad cuando echamos la vista a cualquiera de los conflictos que en estos días están presentes en todos los medios de comunicación: Libia, Costa de Marfil, Siria, Yemen... La brutalidad con la que se emplea alguna de las partes, las atrocidades cometidas, ya en nombre de la democracia, ya en el del orden, ya en el de la libertad, el salvajismo de unos métodos que únicamente buscan la aniquilación del contrario...todo parece valer si se consigue el fin que se pretende. 

Y, entonces, Laurent Mauvignier se interroga, por boca de uno de sus personajes, "si una causa puede ser justa y los medios injustos" o "cómo se puede creer que el terror incremente el bien". Y las dudas vuelven a flotar en el aire, sin respuesta, sin una contestación que sea capaz de conciliar justicia y fuerza, humanidad e inhumanidad.

martes, 29 de marzo de 2011

Leo Bassi

Uno no puede dejar de tener la impresión de que, en esta España en que vivimos, aún quedan quienes, si por ellos fuera, nos devolvían tan gustosos a las cavernas. Su fanatismo es tal que no toleran -¿cómo van a tolerar cualquier cosa estos intolerantes?- ninguna manifestación que consideren contraria a sus principios, a sus creencias, a sus convicciones políticas o religiosas. La última hazaña de estos cavernícolas ha sido denunciar al actor Leo Bassi y al rector de la Universidad de Valladolid, Marcos Sacristán, por supuestos delitos contra los sentimientos religiosos cometidos durante una parodia de Benedicto XVI celebrada en octubre de 2010 en el paraninfo castellano. Ahí es nada. Con la Iglesia hemos topado...una vez más. 

Lo peor no es que haya gente como HazteOir.org o la Asociación Estatal de Abogados Cristianos, los denunciantes, sino que el Juzgado de Instrucción número seis de Valladolid haya admitido a trámite la querella. Al final, los que pedían desde días después de la representación medidas contundentes contra estos herejes se pueden salir con la suya. Todo un ejemplo de transigencia. Y, qué casualidad, los ofendidos son siempre los mismos. Cuando no es a Garzón, le toca el turno a Leo Bassi. Habrá que escuchar y leer en las próximas horas a esos que José María Izquierdo engloba dentro de lo que llama "la infantería" lanzando sus venenosos dardos contra el cómico y el rector. 

Ya uno duda de que el escritor Fernando Vallejo se niegue a venir a España por el asunto de los visados que se exige a los ciudadanos colombianos y comienza a creer que, en el fondo, lo que teme es caer en manos de uno de estos jueces carpetovetónicos, después de haber publicado ese irreverente La puta de Babilonia

viernes, 25 de marzo de 2011

Y ahora, ¿qué?

Ahora que se ha escarmentado al sátrapa libio, pero que está claro que lo de ponerlo de patitas en la calle no está dentro de las previsiones de la coalición que el aprendiz de Napoleón lidera, ¿qué? Ahora que Bashar al Asad ordena a sus tropas que siembren las calles de Damasco, Deraa y otras ciudades sirias de muertos, ¿qué? Ahora que el dictador yemení  Ali Abdalá Saleh hace oídos sordos a un pueblo que lleva meses clamando libertad, ¿qué? Ahora que la Plaza de la Perla de Manama (Bahrein) es un solar vacío en el que no resuenan ya ni los ecos de las protestas ciudadanas, ¿qué? Ahora que también Jordania se suma a la lista de países en que el pueblo reclama democracia y reformas sociales y politicas, ¿qué? Ahora que el mero anuncio de cambios en Marruecos es recibido como si ya se hubiera producido una transformación, ¿qué? Ahora que Mohamed Bouazizi es el nombre casi olvidado de alguien que quizá nunca creyó que con un gesto suicida provocaría una ola de revueltas en el mundo árabe, ¿qué? Ahora que la ilusión y el optimismo de estos últimos tiempos se tornan lentamente en desesperanza y decepción, ¿qué?

Y ahora, ¿qué?

domingo, 20 de marzo de 2011

Plaza de La Perla (3)

(@Reuters)
Ahora que el otrora amigo y socio comercial se ha transformado en enemigo irreconciliable, ahora que se han iniciado los ataques sobre Libia, ahora que los rebeldes han encontrado respuesta militar a su desesperado llamamiento de ayuda externa, ahora que confiamos en que la Odisea del amanecer sea limitada en su duración y efectos -especialmente sobre la población civil, que no sobre el régimen criminal de Gadafi, al que debe poner punto y final-, ahora que... 

Y mientras, en Yemen, cada manifestación pacífica es reprimida por las fuerzas de Ali Abdullah Saleh, que no dudan en disparar con fuego real y sembrar las calles de Saná de muertos. En Bahrein, el símbolo de la revuelta, la Plaza de la Perla, ha sido destruido por unas autoridades que, además de expulsar a los manifestantes del lugar, han recibido, entusiastas, a las tropas de ocupación. En Marruecos, en Siria, en Argelia... se suceden las protestas ciudadanas y también las mismas respuestas por parte del poder: la feroz represión. 

A uno le queda la sensación de que a Occidente le resulta más fácil volver a bombardear un país al que ya dio un escarmiento hace algunos años, que alentar, favorecer y respaldar -con hechos, no sólo con palabras pronunciadas a media voz- a quienes reclaman libertad y democracia desde el mundo árabe. A uno le queda la triste sensación de que si Ben Alí y Mubarak hubieran aguantado un poco más, aún estarían sentados en sus sillones de sátrapas...con el beneplácito occidental. 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Josefina Aldecoa

(www.alfaguara.com)
Hace unas semanas pensamos en Josefina Aldecoa para que presentara un libro. Su experiencia pedagógica, al frente de una institución laica, el colegio Estilo, que ella había fundado, nos parecía la mejor garantía de objetividad e independencia para disertar sobre una obra que habla a los más jóvenes de derechos, libertades y deberes. Nos informaron, a nuestro pesar, que su estado de salud la había apartado de toda  actividad pública. Hoy, durante el acto de presentación, hemos recibido la noticia de su muerte, de su adiós definitivo. Todo un mazazo.

La entrevisté hace unos años para Canarias7, a raíz de la publicación de El vergel, un libro en el que la isla de Lanzarote, a la que durante años fue de vacaciones cada vez que llegaba la Semana Santa, era protagonista de la narración. Hablamos entonces de Cuaderno de godo y de Parte de una historia, dos relatos escritos por su marido, Ignacio, situados en las Islas Canarias. Tiempo después, cuando dio a luz En la distancia, volvimos a encontrarnos. De entonces recuerdo una reflexión en la que refería esa vitalidad que parecía eterna, invencible: "Radiantemente viva, devoro horas, minutos, segundos desde el día que nací. Me alimento del mismo hecho de vivir. Y camino hacia un final inexorablemente programado", nos dejó escrito.

De ella guardo varias notas manuscritas pero, sobre todo, el recuerdo de una persona inteligente, coherente, generosa, respetuosa con la memoria, con un pasado al que otorgó la importancia necesaria para que no sepultara un presente necesario.

domingo, 13 de marzo de 2011

Plaza de la Desesperanza


Agdaym Izik. Midam Tahrir. Plaza de la Perla. Bengasi... Espacios que, en estos últimos meses, se han transformado en símbolos de libertad, de democracia, de esperanza. Lugares en los que los pueblos árabes han decidido, voluntariamente, superar la servidumbre, romper las cadenas, tratar de tú a tú a sus sátrapas, a los que, como ha escrito Driss Ksikes en un artículo publicado en el diario El País, "ayer mismo percibían como divinidades intocables". El dramaturgo marroquí recuerda que "el día en que esos pueblos traspasaron el muro del silencio, en que se autorizaron a sí mismos a salir de su mutismo de conveniencia, cruzaron el umbral de la ciudadanía". Nada de súbditos, como históricamente se les ha tratado. Ciudadanos con derechos y no solamente con deberes, como hasta ahora.

Ingenuamente, algunos pensamos que las democracias occidentales, en las que tunecinos, marroquíes, argelinos, libios, jordanos, etc. se miraron para rebelarse y plantar cara al autoritarismo, se mostrarían entusiasmadas ante los vientos de cambios y contribuirían al derrumbamiento de tantas décadas -¿quizás siglos?- de opresión. Pasan los días, las semanas, los meses y la emoción va dando paso a la desilusión, a la melancolía, a la desesperación. Pareciera que, en el fondo, los gobiernos democráticos se sintieran más cómodos tratando con los Mubarak, Gadafi, Mohamed VI, Ben Alí... que con las poblaciones que han decidido reclamar dignidad y justicia. El dictador libio masacra al pueblo mientras la sociedad internacional duda entre poner fin a la matanza o salvaguardar el abastecimiento del tan necesario petróleo. El monarca marroquí anuncia unas imprecisas medidas de reforma y ya tenemos a Francia y España celebrando lo que aún no se ha producido, lo que todavía no son más que promesas escritas en papel.

El tiempo transcurre y la Plaza de la Liberación se va transformando, lentamente, en la Plaza de la Desesperanza. ¿Otra oportunidad perdida? ¡Ojalá que no! Muchos millones de individuos se han embarcado en una revolución que no debería fracasar. Por el bien de todos, no sólo de los árabes.


domingo, 6 de marzo de 2011

Anonymous


No sé si es fruto de la imperiosa necesidad de socavar, aunque sea un poco, los cimientos de los sistemas occidentales y dejar que entre el aire y limpie los rincones y las telarañas, como cantaba Labordeta, o el resultado de un ejercicio de ingenuidad, pero convertir en justicieros, en héroes modernos -algunos incluso los tratan como los superhéroes de los cómics- a quienes se parapetan para hacer de las suyas tras el anonimato que les da Internet, tras la denominación genérica de Anonymous y de la imagen de un conspirador católico inglés, es, a mi juicio, una temeridad, por no ahondar en otros sustantivos menos favorecedores.

Individuos anónimos que, cuando se trata de dar la cara y hacer acto de presencia, lo escenifican en un número tan, tan reducido que resulta hasta cómico, por no decir patético. Para reclamar la dimisión de la ministra y exigir que se revoque la llamada Ley Sinde, se presentaron unos doscientos sujetos, ocultos tras la máscara de Guy Fawkes, a las puertas del Teatro Real en la gala de los Goya, profiriendo insultos y lanzando huevos a los invitados, en un gesto que el cantautor uruguayo Jorge Drexler tildó, con muchísima razón, de "fascismo de la prepotencia". Hace un par de días, medio centenar, con las mismas reivindicaciones, se plantó ante la sede del PSOE en Madrid. Y esos cincuenta individuos, igualmente uniformizados por la ya célebre careta, proclamaron, sin ningún pudor, a través de un manifiesto, que son el pueblo. Curiosa manera de apropiarse de la soberanía popular. Cada nueva actuación de este colectivo reafirma las palabras de Drexler. 

Menos mal que en las revueltas populares que se suceden desde hace semanas en los países árabes, son los ciudadanos, en un número de miles, de centenares de miles, los que se lanzan a tomar las plazas, a reconquistar el poder y expulsar a los tiranos. Si en Egipto, Túnez y Libia hubieran tenido que esperar al ciberactivismo de Anonymous para echar a los dictadores, aún estarían campando a sus anchas los Ben Alí y Mubarak, y Gadafi seguiría instalando sus jaimas en los países en donde actúan los anonymous  internautas, en lugar de combatiendo la rebeldía de los libios. 

La Historia nos ha enseñado que las revoluciones se producen en las calles y no frente a la pantalla de un ordenador. Por mucho que algunos se empeñen en lo contrario.

lunes, 21 de febrero de 2011

Plaza de La Perla (2)

(@infocatolica.com)
Todos los dictadores que en el mundo han sido aseguran que aman a su pueblo, que adoran a su pueblo, que viven para su pueblo. Un pueblo al que tutelan, al que protegen de las influencias del exterior, como si fuera un niño, un pequeño al que por nada del mundo dejan crecer. No vaya a cumplir la mayoría de edad y comience a pensar por sí mismo, a reclamar, a reivindicar, a pedir un margen de libertad, un pequeño margen en el que expresarse con libertad. Entonces, el pueblo amado, el pueblo adorado, el pueblo por el que el tirano se ha desvivido, por el que ha dado toda su vida, se convierte en el enemigo a batir, en el único enemigo a destruir. Porque, entonces, su supervivencia y la de su régimen se hace incompatible con la de su pueblo. O uno u otro.

Acaba de ocurrirle a Ben Alí en Túnez. Lo mismo le ha pasado a Mubarak en Egipto. Y está a punto de sucederle a Muamar Gadafi en Libia. El sátrapa se resiste a abandonar el poder y sostiene su régimen de cleptócratas a sangre y fuego, sin importarle ya nada, como si quisiera, antes de abandonar el trono en el que se ha mantenido durante cuatro décadas, dejar la huella del terror, el recuerdo de la barbarie,  del crimen, grabado en ese pueblo al que, una vez, dijo haber amado, haber adorado.

Y mientras los dirigentes occidentales tratan de buscar palabras que no ofendan al antaño aliado, al viejo amigo, no vaya a ser que finalmente se mantenga al frente de su país,  a otros nos queda pedir la intervención del Tribunal de La Haya. Porque ametrallar al pueblo, bombardear a los manifestantes no es más que un crimen de lesa humanidad.  

domingo, 20 de febrero de 2011

Plaza de La Perla

(@redigitaltv.com)
Durante décadas, los regímenes autoritarios y las monarquías absolutistas bajo los que han estado viviendo les hicieron creer que sus derechos como ciudadanos -en realidad han sido tratados siempre como súbditos, como menores de edad incapaces de tomar sus propias decisiones- eran innecesarios, irrelevantes para sus existencias. El ejercicio de la libertades individuales y colectivas les fue birlado, sacrificado, en beneficio de la estabilidad, la seguridad, el crecimiento económico, los beneficios financieros -de unos pocos, claro está-, la religión y el orden público. Hasta que han gritado "¡basta!". Y, como si se hubieran puesto de acuerdo, como si hubieran decidido inocularse a un mismo tiempo la rabia, han incendiado el mundo árabe. 

Las revueltas y las manifestaciones se suceden, desde hace semanas, en los países del Magreb y Oriente Medio. Los pueblos de Túnez y Egipto derrocaron a sus tiranos y no parecen dispuestos a que sus logros queden en papel mojado. Bahréin ha dejado de ser el nombre de un Gran Premio de Fórmula 1 o de un exótico destino turístico, una vez la población se ha lanzado a tomar las calles y convertir la Plaza de La Perla, en Manama, en símbolo de sus reivindicaciones democráticas. Y Libia, Yemen, Argelia o Marruecos son hoy los escenarios de masivas protestas reprimidas duramente por la policía y el ejército, que no dudan en disparar contra los manifestantes, provocando centenares de muertos y heridos. 

Miles de héroes anónimos protagonizan lo que parece ser la gran revolución del siglo XXI. Y ahora que el mundo árabe arde, Occidente no sabe cómo dar respuesta a ese grito de libertad porque, no nos engañemos, teme una democratización de esos países.

viernes, 11 de febrero de 2011

Midam Tahrir (2)

(@Reuters)

Hoy, al ver las explosiones de júbilo de los manifestantes egipcios congregados en Midam Tahrir tras conocerse la renuncia del dictador Mubarak, he sentido la misma emoción que cuando la televisión retransmitió en vivo la caída de Ceaucescu en diciembre de 1989. Entonces, fuimos testigos de cómo  el pueblo rumano recobró la libertad y volvió a ser protagonista de su propio destino. Ahora, tres semanas de manifestaciones y de revueltas populares, retransmitidas casi minuto a minuto a través de todas las ventanas de comunicación del mundo, han bastado para  acabar con tres décadas de tiranía en Egipto. 


Se abre una etapa de incertidumbre, aún es pronto para saber qué papel desempeñará el ejército y la clase política que ha acompañado durante estos años al caimán en su aventura totalitaria, en su cleptocracia. También para conocer la reacción que tendrán los países occidentales que con tanta simpatía trataban al rais y que preferían mirar hacia otro lado para no ver sus desmanes, sus atropellos, sus crímenes. Pero, de lo que no hay duda, es de que cuando un pueblo decide recuperar su rol protagónico, no hay quien lo detenga, por muchas armas que posea. Ya nada será igual, ya nada deberá ser igual en la antigua tierra de los faraones.


La rebelión en el mundo árabe a la que desde hace semanas asistimos no debería acabar aquí, ni ser frenada por el temor, tan recurrente pero tan dañino, al islamismo, al terrorismo integrista. Después de Ben Alí y de Mubarak, otros muchos sátrapas tendrán que abandonar los tronos a los que con sangre y fuego se han venido agarrando durante años. La democracia no es una utopía.  


PD: Mañana, 12 de febrero, a las 12 horas, en la Puerta del Sol (Madrid), Día Global de Acción por Egipto y otros países del Norte de África y Oriente Próximo, convocado por Amnistía Internacional.

jueves, 10 de febrero de 2011

Gliders House

A primera vista, los tiempos de crisis aconsejan nadar y guardar la ropa, por lo que pudiera pasar. Uno se vuelve conservador con el paso de los años y tampoco es cuestión de jugarse a los chinos el incierto futuro que se avecina. No es, sin embargo, la recomendación que nos trasladan quienes aseguran que para salir de la depresión económica actual hay que apostar por el riesgo, el ingenio y la valentía. Dos posiciones enfrentadas. Dos consecuencias muy diferentes: empobrecimiento frente a generación de riqueza.

Frente a los que somos más cobardes y nos basta con ir capeando el temporal confiados en que escampe pronto, están quienes, como el artista plástico Miguel Panadero, se aventuran por el territorio del atrevimiento y el azar. Además de mantener el estudio como centro de operaciones artísticas y comerciales, donde cualquier potencial comprador  puede adquirir alguna de sus obras -pinturas, grabados, acuarelas, ilustraciones, dibujos, esculturas, joyas o cerámicas-, Miguel ha resuelto salir de la trinchera y lanzarse al ataque con la bayoneta calada, mirando a la crisis de frente, a los ojos.

Nuestro hombre ha decidido añadir una actividad más a su currículo y lanzarse al diseño de camisetas. Combinando sus dotes artísticas y su afición al surf -cualquiera puede verlo, casi a diario, en la playa grancanaria de Las Canteras, tabla en ristre-, ha puesto en marcha su propia colección: Gliders House. Por el momento, la aventura se desarrolla lentamente, con una ventana abierta en Internet y otra en algunas tiendas de surferos. Su osadía, en la época que corre, merece el aplauso, al menos de los que seguimos parapetados bajo el paraguas rogando por el fin de esta maldita y caprichosa crisis. El futuro es de los intrépidos y Miguel Panadero lo es.

domingo, 6 de febrero de 2011

Midam Tahrir

(@elsemanaldigital.com)
Desde el 11-S, las imágenes más repetidas -y en demasiadas ocasiones, las únicas- que nos llegan desde el mundo árabe son las del integrismo islámico, las del fanatismo religioso, las de los terroristas suicidas o las de los coches bomba que explotan a primeras horas de la mañana en un mercado atestado de gente en ciudades demasiado distantes de nuestra cotidianidad como para conmovernos. A nadie ha parecido importar que sus poblaciones llevaran décadas viviendo bajo regímenes dictatoriales, que sus ciudadanos vieran pisoteados, cada día, sus derechos y libertades. Si los tiranos pertenecían al elegido grupo de los aliados de Occidente, todo les estaba tolerado, a fin de cuentas nos garantizaban seguridad y estabilidad. De lo contrario, pasaban a engrosar la selecta lista de enemigos que conforman eso que ha venido en llamarse eje del mal.

Sin embargo, el suicidio altruista de un modesto vendedor ambulante tunecino, Mohamed Bouazizi, ha sido capaz de poner el orden establecido patas arriba. Primero despertó a la sociedad de Túnez y, después, a la de otros países, como Jordania, Yemen o Egipto, que parecían narcotizadas, profunda y  largamente hechizadas. Dos semanas llevan los egipcios congregados en Midam Tahrir convencidos de que al régimen de Mubarak le ha llegado el parte de defunción. Dos semanas en las que la Plaza de la Liberación de El Cairo se ha convertido en el centro del mundo, en el epicentro de la libertad.

Suceda lo que suceda a partir de ahora, ya nada será igual, ya nada deberá ser igual. Si en 1989 Occidente brindó por la caída de los regímenes del Este europeo, ahora no puede dar la espalda a quienes se han levantado para reclamar lo mismo: democracia. Hacerlo, sería traicionar los principios en los que, teóricamente, se legitima nuestro sistema.

Lástima que quien creyó en su pueblo y en su capacidad histórica para cambiar el destino y romper las cadenas, no pueda ver lo que ocurre cerca del café al que, a diario, acudía. Más de uno, de todos modos, hemos pensado en Naguib Mahfuz, en su sencillez, en su modestia, en las palabras que, desde sus  novelas, proclamaban la tolerancia, la hermandad y la paz entre las naciones. 

jueves, 3 de febrero de 2011

Aznar se traviste de Chateaubriand

José María Aznar no ha ocultado nunca su odio visceral hacia los árabes, hacia el mundo musulmán. De ahí que, cuando Blair y Bush se apuntaron a libertadores del pueblo iraquí, el ex presidente corriera, como a quien persigue el diablo, a fotografiarse en las Azores. No fuera a ser que el tirano Sadam ocultara las inencontradas armas de destrucción masiva. Y ahora que en algunos países islámicos, como Túnez, Egipto, Jordania o Yemen, sus poblaciones salen a las calles a reclamar libertad y democracia, el  que fuera inquilino de La Moncloa no duda en sacar a la luz sus viejos fantasmas y supeditar las ansias de esos ciudadanos a los intereses de Europa y Estados Unidos

Quizá a nadie deba sorprender que Aznar retome ahora las ideas del timorato aristócrata francés Chateaubriand, quien, al interpretar a principios del siglo XIX las reformas de los otomanos, consideraba que civilizar Oriente implicaba extender la barbarie en Occidente. Esto sólo puede tener un significado, que no reside precisamente en la posición del ministro de Exteriores del rey Carlos X, sino en la tentación de Aznar, quien lleva tiempo intentando rescatar para los occidentales una identidad primaria, esencialista, excluyente y estática y olvidando que mientras una Europa medieval vivía en la sombra, otra lo hacía en la luz. 

Le guste o no al presidente de la FAES, aquella Al Andalus y su unidad político-territorial, que luego será España, le ha demostrado a la historia europea que los árabes conocieron la modernidad mucho antes que la Europa cristiana, precisamente llamada moderna. Y los árabes, quiera o no José María, son herederos directos de la Grecia clásica, cuna de la democracia. Y aunque los árabes se han olvidado de ella, como dice el refrán castellano, quien tuvo, retuvo. ¿O es que acaso los europeos siempre hemos sido democráticos? Eso sí que es echarse un farol. 

lunes, 31 de enero de 2011

Milton Rogovin

(@Milton Rogovin)
El coronel no tiene quien le escriba, pero los más desfavorecidos de la sociedad capitalista encontraron en Milton Rogovin al remitente que, desde el compromiso político, pero sobre todo artístico, denunció su exclusión social, su marginación. Los protagonistas de sus instantáneas -¿o habría que llamarlas documentos, testimonios de la injusticia?- fueron siempre Los Olvidados -sí, como el título de la película de Buñuel, que inspiró su serie The Forgotten Ones-, los que habitan los suburbios, los que quedan fuera de los límites del sistema, los que menos posibilidades tienen de salir del pozo. 

Admirador de la pintura de Goya y de los grabados de la alemana Käthe Kollwitz, que colgaban de las paredes de su casa, porque en ellos se denuncian las atrocidades de la guerra, se presta atención a la gente común y se muestran los problemas de los miserables, renunció voluntariamente a fotografiar la riqueza y el glamour que rodea a los ricos porque, según decía, la fotografía no era su medio de vida, sino la mejor forma con la que contaba para expresar sus pensamientos y sus sentimientos sobre los seres humanos: "Me hacía sentir bien la posibilidad de acercar a los olvidados a la atención pública. He creído que hacía algo importante".

Y tenía razón, porque importante es el legado que nos deja este generoso artista del que hoy he sabido que ha muerto a los 101 años de edad.

sábado, 29 de enero de 2011

Tesoros escondidos

De pequeño adquirí la costumbre -manía la llamaban los mayores- de guardar, entre las páginas de los libros que caían en mis manos, pequeños objetos, la mayoría de ellos sin valor: cromos repetidos, fotografías, billetes de autobús, folletos, pegatinas, tarjetas de embarque, entradas de conciertos o partidos de fútbol, postales, recortes de periódicos, envoltorios de golosinas y también -cosas de la juventud o quizás de la emoción de los primeros amores- pétalos de flor. Aquellos recuerdos hacían las veces de marcapáginas mientras duraba la lectura. Cuando esta concluía, quedaban olvidados, ocultos, apresados en un oscuro territorio, acompañados únicamente de palabras impresas que, a lo mejor, no volvían a ser pronunciadas hasta mucho tiempo después. 

He tenido la suerte de que mi biblioteca me ha acompañado a las nuevas casas que he ido habitando con el paso de los años. No le ocurrió lo mismo a Juan Carlos Onetti. El escritor uruguayo confesaba que en varias ocasiones se había visto obligado a dejar atrás, a su pesar, los centenares, miles de volúmenes que había ido atesorando. Y en cada nuevo destino, como la hormiga de la fábula, volvía a empezar de cero. A lo mejor, aunque es difícil saberlo, llegó a aceptar que había sido condenado, como un moderno Prometeo, al castigo de rehacer, una y otra vez, lo destruido por las malditas circunstancias. 

Esta mañana, en un ejemplar de La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, que he comenzado a releer, he hallado, para mi sorpresa, uno de esos tesoros escondidos: un paquete de tiritas, aún sin abrir, que conserva una etiqueta con su precio en pesetas: ¡30! No sé los años que ha podido permanecer dentro de esta edición barata de Seix Barral, ajeno a las andanzas del Barón de Cañabrava, Rufino, Joâo Grande o María Quadrado. Pero sí que con su equivalente en euros, hoy no podría comprar una unidad de esos protectores adhesivos que evitan rozaduras.  

jueves, 27 de enero de 2011

Mohamed Bouazizi (2)

Durante la movida madrileña, Glutamato Ye-Yé cantaba un divertido tema que anunciaba que Oriente estaba insurgente. Hoy, muchos años después, se cumple aquel presagio del grupo que lideraba Iñaki Fernández. Desde que el joven vendedor Mohamed Bouazizi se inmoló en Túnez, convirtiéndose en el principal mártir de la Revolución de los Jazmines, las protestas populares se han extendido por varios países árabes y amenazan con prender en el resto. A Túnez siguieron Argelia, Jordania, Egipto y ahora, Yemen. Parece que el movimiento no se detiene, a pesar de la represión ejercida  por los temerosos monarcas absolutos y los presidentes vitalicios, que empiezan a sentir que la camisa no les llega al cuello y sospechan que pronto se convertirán en compañeros de exilio de Ben Alí. Las imágenes de las manifestaciones de El Cairo, Suez o Sanaá, como antes las de las principales ciudades tunecinas, reflejan el malestar de unas poblaciones  hartas de su progresiva miseria y del enriquecimiento ilícito de las élites políticas. 

Occidente calla, como siempre, interesado como ha estado en sostener durante décadas a estas dictaduras. Pero no menos que los integristas, cuyas tesis encontraban en la opresión un magnífico caldo de cultivo y a los que la posibilidad de que se establezcan democracias asusta tanto como a los sátrapas actuales. Unos y otros tienen la impresión de que pueden perder su chiringuito, ya sea económico, político-militar o ideológico. 

Y mientras se suceden los acontecimientos a toda prisa, casi tanta como la que se vivió a partir de 1989 en el Este europeo, tras la caída del Muro de Berlín, la familia de Mohamed Bouazizi sigue llorando su muerte. Lástima que quien encendió la llama de la rebelión no pueda presenciar los efectos devastadores de su valiente aunque suicida acción.