miércoles, 18 de agosto de 2010

Estampas de refresco (9)

(Nîmes, 2006)
Los maniquíes acostumbran a ser figuras anodinas, hieráticas, inexpresivas, de rostros desdibujados o inexistentes, a los que muchas veces encontramos sin cabeza, como si únicamente importaran sus torsos, sobre los que se colocan las prendas que tratan de colocarnos. Los dependientes los manejan a su antojo, vistiéndolos y desvistiéndolos continuamente, responsabilizándolos de la facturación del comercio. En la mayoría de los casos, además, no nos resultan cómplices, porque sus delgados cuerpos, de talla pequeña, no coinciden con los nuestros, mucho más orondos, sobrealimentados. 

Por eso sorprenden estos dos aquí retratados, exageradamente expresivos, marcadamente femeninos, casi burlones, que se asemejan a esas dos amigas divertidas que, entre risas, nos cuentan que acaban de adquirir dos vestiditos de vivos colores a un precio muy asequible. ¿Quién puede resistirse a sonrisas tan generosas?

3 comentarios:

  1. Hola Antonio.
    A mí esos dos maniquíes me dan un miedo estomacal de cuidado.
    Me gustan tus "estampas de refresco".

    Un saludo!

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  2. También es cierto, siempre que los observes desde el lado más dramático o patético. SaludosSaludos

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  3. Pues yo los encuentro sumamente sensuales. Echo a faltar sus brazos con las correspondientes manos. Y esta misma carencia estimula aún más mi lascivia. A menudo lo que no vemos exacerba nuestra concupiscente imaginación. De sus bocas mejor no hablo: no estaría nada bien reproducir lo que se me viene a la mente.

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