jueves, 10 de junio de 2010

Oradour-sur-Glane

Cada 10 de junio, la pequeña localidad francesa de Oradour-sur-Glane, a menos de 20 kilómetros de Limoges, rememora uno de los episodios más sanguinarios de la Segunda Guerra Mundial: el asesinato a sangre fría de la casi totalidad de su población a manos de un regimiento de las Waffen-SS nazis. Tropas alemanas cercaron el pueblo ese día de 1944 y masacraron a 642 vecinos -191 hombres, 247 mujeres y 206 niños (seis de ellos menores de seis meses)-, destruyendo un total de 329 construcciones. El lugar se convirtió, en apenas unas horas, en una representación del infierno, en un inmenso cementerio. Únicamente seis vecinos consiguieron huir de la muerte. Fueron quienes contaron al mundo lo ocurrido, quienes relataron que las mujeres y los niños habían sido separados de los hombres y recluidos en la iglesia, que fue incendiada con ellos dentro. Una orgía de sangre y fuego en la que tomaron parte dos centenares de soldados.


Para que las generaciones siguientes no olvidaran el horror, se decidió que las ruinas a las que había sido reducida la villa se conservaran como si de una foto fija se tratara, como si el tiempo se hubiera detenido para siempre un 10 de junio de 1944. Como escribiera Luis Cernuda, "recuérdalo tú y recuérdalo a otros". Cada año, miles de personas recorren a pie ese conjunto fantasmal convertido en símbolo de la barbarie nazi y rinden tributo a las víctimas. En las cercanías se levantó el nuevo Oradour-sur-Glane. El 10 de junio de 1947, Vincent Auriol, entonces presidente de la República Francesa, colocó la primera piedra de la que hoy es una tranquila y típica población de la región de Limousin.

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