
sábado, 31 de julio de 2010
Miguel Panadero



jueves, 29 de julio de 2010
Cándido Mañana

"Querida Charin
hoy dia 20 Me allegado
la hora de Muril
No suf[r]a por mi
nena) muchos besos
ato dos de mi parte
un abrazo y un recuer
do) Para siempre
de tu
Candido Mañana"



martes, 27 de julio de 2010
Mogador/Essaouira

En otra ocasión hablaremos del ensimismamiento, la afectación y el narcisismo de la literatura de Ruy Sánchez. Pero eso, en otro momento; ahora toca abandonarse a los sentidos.



domingo, 25 de julio de 2010
Fundación Cristino de Vera

Hay aniversarios que pasan sin pena ni gloria. Y hay otros de los que nos enteramos por tierra, mar y aire, aunque no tengamos el más mínimo interés en conmemorarlos. El pasado viernes, 23 de julio, se celebró el primer año de la Fundación Cristino de Vera - Espacio CajaCanarias, con un sencillo acto en su sede de La Laguna (Tenerife) en el que, seguramente, sobraban los políticos, siempre tan oportunistas, siempre tan dados a aparecer en la foto, aunque con ellos no vaya la historia. Lástima que el acontecimiento no fuera considerado noticia por la mayoría de los medios de comunicación, tan inquietos como estaban por el resultado final del examen al que habían sido sometidos los bancos europeos, los mismos que hace un par de años causaron la crisis en la que todos estamos inmersos.
En este primer año de vida, la Fundación ha recibido ya la visita de más de 17.000 personas, ha organizado exposiciones temporales de Chillida o Luis Fernández, tiene previsto exponer próximamente a Miró y, sobre todo, ha dado a conocer el trabajo creativo de Cristino de Vera -que el 15 de diciembre cumple 79 años a su pesar-, un maestro en el tratamiento metafísico de la luz. Como él mismo proclama, la luz es el elemento más importante de su pintura, esa pintura habitada por vanitas, paños, rosas, velas y figuras femeninas, esa pintura que con el paso de los años se ha ido despoblando de artificios, hasta casi alcanzar el vacío. "Mi estética podría definirse como una búsqueda de la esencia de toda cosa, ser, imagen; como la búsqueda de una raíz espiritual que hay en cada forma del Universo", proclama quien vive ajeno a modas, tendencias y servidumbres comerciales, atento exclusivamente a la inspiración que le llega de un espíritu inquieto, preocupado por el hombre, por su finitud.
La fundación de este hombre humilde y sencillo, más interesado en desviar los reconocimientos hacia sus maestros que en acaparar la gloria, siempre tan efímera, ha cumplido un año. Todo un acontecimiento, aunque algunos sigan más preocupados por la reválida de los verdaderos causantes de esta crisis.


sábado, 24 de julio de 2010
Tinto de verano



lunes, 19 de julio de 2010
Ricardo Lezcano



jueves, 15 de julio de 2010
Ana Herreros



martes, 13 de julio de 2010
Robert Capa




domingo, 11 de julio de 2010
Irène Némirovsky



jueves, 8 de julio de 2010
Alemania-Holanda



martes, 6 de julio de 2010
Comedia de amistad



domingo, 4 de julio de 2010
Anne Michaels



sábado, 3 de julio de 2010
José Emilio Pacheco

Se habló, escribió y publicó tanto del mexicano José Emilio Pacheco (1939) en los días en que pasó por España para recoger el Premio Cervantes hace unos meses -incluso de la anécdota que protagonizó al perder los pantalones en la ceremonia de entrega en Alcalá de Henares- que, no siendo un especialista en su obra, resultaría a estas alturas pretencioso hacerlo. Con estas pocas líneas únicamente busco trasladar el placer que me ha producido leer una novelita de este poeta, ensayista y narrador que, editada en 1981, Tusquets Editores ha recuperado ahora: Las batallas en el desierto.
Una historia de iniciación, de tránsito de la niñez a la adolescencia, del despertar al amor más inocente personalizado en la madre de un compañero de clase. Protagonizada por un muchachito, Carlos, que es también el cronista, la narración nos acerca, de un lado, a los sentimientos infantiles, a esos instantes mágicos en que se nos desboca el alma y somos incapaces de gestionar las sensaciones que nos inspira otra persona; de otro, a unos momentos históricos en que México transitaba con dificultad hacia la modernidad embarcado en un régimen que permitía con excesiva tolerancia la corrupción y los manejos políticos (¿Quizás como en la actualidad?).
Y entre peleas de pandillas escolares e incomprensión de los adultos transcurre esta deliciosa experiencia amorosa contada en primera persona por quien en un tiempo fue niño y ya es un adulto –casi un anciano- que aún sueña con una mujer a quien confía en encontrar algún día. Símbolo de la infancia perdida y no recobrada.
Como conclusión, esa frase que nos regala un Carlitos decepcionado por el destino: "El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio".

