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sábado, 3 de septiembre de 2011

Oskar Gröning

Oskar Gröning reconoce que el Genocidio, que la masacre nazi, bajo métodos industriales, existió y que él, como verdugo, estuvo allí. Pero también asegura que haber servido como SS-Rottenführer en Auschwitz no le ha obligado nunca a responder ante la justicia.  Es más, se sorprende ante la posibilidad de dar cuenta personalmente por los crímenes del nazismo. De igual modo, no tiene reparos en decir, ya a salvo, ya un anciano honorable, décadas después, que en aquel escenario de la muerte, en aquel lugar concebido para el exterminio, se cometieron "algunos actos que no eran compatibles con los derechos humanos". ¿Cínico? ¿Canalla?  ¿O simplemente un criminal insensible, ajeno al dolor humano?

Es difícil no seguir sintiendo una profunda emoción cuando se emite, una vez más, un documental como Auschwitz. Los nazis y la solución final. Obviamente, por La 2 de TVE. Otras cadenas comerciales, mientras, están dedicadas a princesas del pueblo, a cuestiones de casquería, a razones más próximas al bajo instinto que a otro lugar. 

Pasa el tiempo, desaparecen los supervivientes, pero queda el recuerdo, la necesidad de no olvidar, de recuperar la memoria de la atrocidad. No han pasado tantos años. Y tampoco otros atroces ejemplos históricos.



jueves, 29 de julio de 2010

Cándido Mañana


Uno no sabe si el coronel Aureliano Buendía escribió a sus familiares momentos antes de ponerse frente al pelotón de fusilamiento, un gesto de gracia al que se acogieron miles de condenados a muerte por el franquismo cuando se encontraban en capilla, a pocas horas de ser ajusticiados por el único delito de haber combatido en las filas republicanas.

Solos o en compañía, con la única perspectiva de la muerte próxima, los presos abrían sus corazones para despedirse de sus seres queridos, para pedirles que no los olvidaran nunca, para recordarles que morían por la libertad, para rogarles que a sus hijos les enseñaran que sus padres habían sido hombres buenos. Muchos de ellos apenas sabían escribir o se expresaban con dificultad. No importaba, había que dejar constancia del amor hacia los suyos, dejarles un último recuerdo. Como hizo Cándido Mañana, un maquis que en 1951 -el franquismo, por mucho que algunos se empeñen, siguió asesinando hasta el final- fue condenado a garrote vil. En una breve carta remitida a Charín Benita el mismo día de su ajusticiamiento, dice:

"Querida Charin
hoy dia 20 Me allegado
la hora de Muril
No suf[r]a por mi
nena) muchos besos
ato dos de mi parte
un abrazo y un recuer
do) Para siempre
de tu

Candido Mañana"

P.D.: Gracias a Raquel Miranda, por abrir su archivo familiar y facilitarme este sobrecogedor testimonio, uno más, de los crímenes franquistas.

jueves, 10 de junio de 2010

Oradour-sur-Glane

Cada 10 de junio, la pequeña localidad francesa de Oradour-sur-Glane, a menos de 20 kilómetros de Limoges, rememora uno de los episodios más sanguinarios de la Segunda Guerra Mundial: el asesinato a sangre fría de la casi totalidad de su población a manos de un regimiento de las Waffen-SS nazis. Tropas alemanas cercaron el pueblo ese día de 1944 y masacraron a 642 vecinos -191 hombres, 247 mujeres y 206 niños (seis de ellos menores de seis meses)-, destruyendo un total de 329 construcciones. El lugar se convirtió, en apenas unas horas, en una representación del infierno, en un inmenso cementerio. Únicamente seis vecinos consiguieron huir de la muerte. Fueron quienes contaron al mundo lo ocurrido, quienes relataron que las mujeres y los niños habían sido separados de los hombres y recluidos en la iglesia, que fue incendiada con ellos dentro. Una orgía de sangre y fuego en la que tomaron parte dos centenares de soldados.


Para que las generaciones siguientes no olvidaran el horror, se decidió que las ruinas a las que había sido reducida la villa se conservaran como si de una foto fija se tratara, como si el tiempo se hubiera detenido para siempre un 10 de junio de 1944. Como escribiera Luis Cernuda, "recuérdalo tú y recuérdalo a otros". Cada año, miles de personas recorren a pie ese conjunto fantasmal convertido en símbolo de la barbarie nazi y rinden tributo a las víctimas. En las cercanías se levantó el nuevo Oradour-sur-Glane. El 10 de junio de 1947, Vincent Auriol, entonces presidente de la República Francesa, colocó la primera piedra de la que hoy es una tranquila y típica población de la región de Limousin.