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domingo, 17 de julio de 2011

Doble rasero

(@EFE)
No deja de sorprenderme el cinismo y la doble moral con la que se manejan los dirigentes del Partido Popular. Actitud a la que, dicho sea de paso, nos tienen muy bien acostumbrados. Desde que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ordenó el pasado 1 de julio la entrada y registro en la sede de la SGAE y la detención de varios de sus directivos, incluido su presidente ejecutivo, Eduardo Bautista, el PP se volvió un poco más vocinglero de lo normal y, aplicándose al refrán de "a río revuelto, ganancia de pescadores", dio por sentado que la culpabilidad de los imputados era evidente y propuso que, para evitar futuros desmanes, lo mejor era suprimir el canon digital, hacer desaparecer la Sociedad de Autores, crear una agencia pública de control y otras muchas medidas más, ancladas todas ellas en la demagogia, habiendo como hay un Código Penal aplicable a los delitos que investiga la Audiencia Nacional. 

El problema es que a Rajoy y a los suyos el recientísimo auto del magistrado José Flors, que sienta a Francisco Camps en el banquillo y le impone una fianza de 55.000 euros, los ha cogido con el mazo dando pero poco despiertos. Y ahora, donde dije digo, digo Diego y pelillos a la mar. Porque lo suyo sería dar por culpable al presidente valenciano, proponer la desaparición de la Generalitat y crear un organismo que controle a quienes puedan caer en la tentación de vestirse por la patilla. Pero lejos de esto, no sólo proclaman la presunción de inocencia -a la que, por cierto, tiene todo el derecho- que negaron a otros, sino que además hablan de maquinación policial y complot gubernamental. "Cosas veredes, amigo Sancho". 

Y dejo para otro día a la legión de columnistas, opinadores y charlistas que se lanzaron a condenar por adelantado a Teddy Bautista y ahora se abonan cobardemente a la teoría de la conspiración. A esto llamo yo doble rasero y falta de coherencia intelectual.

Como decían nuestro mayores, "no es lo mismo tocar, que levantarse a abrir". 

jueves, 14 de julio de 2011

Linchamiento bochornoso

(@Enrique Cidoncha)

Nunca he creído en los juicios paralelos que los medios de comunicación llevan a cabo en cuanto se inicia una investigación/proceso judicial, ni en las condenas sin sentencia judicial que emiten, dadas las consecuencias personales/morales/públicas para las personas implicadas en las mismas. Ahí están los recientes casos de DSK o Marta Domínguez.

Viene esto al caso por la repugnancia que me ha producido mucho de lo que he leído o escuchado estos días a raíz de la puesta a disposición judicial de Eduardo Bautista y otros tres directivos de la tan denostada Sociedad de Autores. Tanto tiempo llevaban esperando la foto del ex de Los Canarios saliendo de la Audiencia Nacional que, una vez conseguida, se lanzaron a denostar su figura hasta límites lamentables. Tal era el rechazo que su figura había despertado en ciertos sectores que se celebró su detención como si se hubiera llevado ante el juez al mayor criminal de la historia de España. Del aquelarre participaron, en santa y extraña hermandad, los autoproclamados representantes de la comunidad de internautas -a los que nadie ha nombrado democráticamente y que siguen ocultando la procedencia de los fondos que los alimentan-, los indignados, la derecha extrema mediática con su fiel infantería –que diría José María Izquierdo-, entre otros coyunturales compañeros de viaje.

No sólo no han esperado a que el juez dicte su fallo –condenatorio o no, eso ya se verá-, sino que para sostener sus argumentos contra el hasta hace un par de días presidente ejecutivo de la SGAE, además del insulto, se han amparado en su carácter supuestamente colérico y antipático –como si esto fuera un agravante- o, simplemente, como hizo La Gaceta de los Negocios, niegan hasta su brillante y exitoso pasado musical. Parece que se estuviera reproduciendo la trama de El extranjero, de Camus.

Ante este tsunami mediático en contra, han sido muy pocos –habas contadas- los que se han atrevido, públicamente, a expresar con contundencia la inocencia de Eduardo Bautista o a reclamar sin peros su presunción, si exceptuamos a Andrés Calamaro –al que le cayó una buena tunda twittera por tal osadía- , a Antonio Gala -agradecido por el reciente reconocimiento que recibió en los Premios Max celebrados en Córdoba- o a Juan Cruz, a quien, por tierra, mar y aire, no le ha importado partirse la cara por el amigo, ahora expuesto al escarnio y a la arena del circo.

Como comentaba un compañero de El País, del que reservo su identidad para evitarle una avalancha de insultos seguramente anónimos, en estos días hemos asistido a un “linchamiento abominable”. Bochornoso.

P.D.: Para las mentes más suspicaces, este comentario personal va mucho más allá de la relación laboral que durante estos últimos años he mantenido con Eduardo Bautista.