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jueves, 10 de noviembre de 2011

Las ferocidades de la caverna

Se pregunta Iñaki Gabilondo, en el prólogo de Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, de José María Izquierdo, qué peso tienen en el pensamiento del Partido Popular los vociferantes periodistas que, alineados en el extremo diestro, llevan años ridiculizando y humillando, desde sus tribunas mediáticas, a todo aquel que no coincide con sus ideas, alimentando con sus exabruptos el odio y la mentira, tergiversando, con sus insinuaciones, la realidad, saltándose a la torera los elementales principios de la deontología profesional... Lamentablemente, los últimos acontecimientos protagonizados por miembros del PP le dan la razón y confirman que estos profetas incendiarios capaces de escribir o pronunciar mil ferocidades forman parte de "la galería de héroes de la familia" popular.

Ahí está, dando ejemplo, Fernando Autrán, coordinador de Circulación del Ayuntamiento de Madrid, que empleaba Twitter para remedar a "estos bizarros representantes mediáticos de la grosería y el insulto", como los califica Izquierdo. La prensa ha informado que su jefe, Alberto Ruiz-Gallardón, lo ha destituido de forma fulminante al conocer sus andanzas en la Red. Lo curioso es que la afición de Autrán viene de lejos y no de hace unos días. Otra candidata a engrosar la lista de Izquierdo en una segunda edición de la feroz antología es la ocurrente Francisca Pol, ahora dimitida, que también utilizó Internet, esta vez Facebook, para difundir un fotomontaje de muy mal gusto de Carme Chacón.

¿Casualidad? La respuesta, a partir del 20-N, una fecha casualmente extrema.


jueves, 14 de julio de 2011

Linchamiento bochornoso

(@Enrique Cidoncha)

Nunca he creído en los juicios paralelos que los medios de comunicación llevan a cabo en cuanto se inicia una investigación/proceso judicial, ni en las condenas sin sentencia judicial que emiten, dadas las consecuencias personales/morales/públicas para las personas implicadas en las mismas. Ahí están los recientes casos de DSK o Marta Domínguez.

Viene esto al caso por la repugnancia que me ha producido mucho de lo que he leído o escuchado estos días a raíz de la puesta a disposición judicial de Eduardo Bautista y otros tres directivos de la tan denostada Sociedad de Autores. Tanto tiempo llevaban esperando la foto del ex de Los Canarios saliendo de la Audiencia Nacional que, una vez conseguida, se lanzaron a denostar su figura hasta límites lamentables. Tal era el rechazo que su figura había despertado en ciertos sectores que se celebró su detención como si se hubiera llevado ante el juez al mayor criminal de la historia de España. Del aquelarre participaron, en santa y extraña hermandad, los autoproclamados representantes de la comunidad de internautas -a los que nadie ha nombrado democráticamente y que siguen ocultando la procedencia de los fondos que los alimentan-, los indignados, la derecha extrema mediática con su fiel infantería –que diría José María Izquierdo-, entre otros coyunturales compañeros de viaje.

No sólo no han esperado a que el juez dicte su fallo –condenatorio o no, eso ya se verá-, sino que para sostener sus argumentos contra el hasta hace un par de días presidente ejecutivo de la SGAE, además del insulto, se han amparado en su carácter supuestamente colérico y antipático –como si esto fuera un agravante- o, simplemente, como hizo La Gaceta de los Negocios, niegan hasta su brillante y exitoso pasado musical. Parece que se estuviera reproduciendo la trama de El extranjero, de Camus.

Ante este tsunami mediático en contra, han sido muy pocos –habas contadas- los que se han atrevido, públicamente, a expresar con contundencia la inocencia de Eduardo Bautista o a reclamar sin peros su presunción, si exceptuamos a Andrés Calamaro –al que le cayó una buena tunda twittera por tal osadía- , a Antonio Gala -agradecido por el reciente reconocimiento que recibió en los Premios Max celebrados en Córdoba- o a Juan Cruz, a quien, por tierra, mar y aire, no le ha importado partirse la cara por el amigo, ahora expuesto al escarnio y a la arena del circo.

Como comentaba un compañero de El País, del que reservo su identidad para evitarle una avalancha de insultos seguramente anónimos, en estos días hemos asistido a un “linchamiento abominable”. Bochornoso.

P.D.: Para las mentes más suspicaces, este comentario personal va mucho más allá de la relación laboral que durante estos últimos años he mantenido con Eduardo Bautista.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Libertad de expresión

(7 de novembre, 1971 © F. Antoni Tàpies, Barcelona/VEGAP © de la fotografia: Martí Gasull)

Ferviente defensor de la libertad de expresión, que considero un pilar fundamental de las sociedades libres y democráticas, me repugnan quienes esgrimen constantemente este derecho fundamental -reconocido en muy pocos países y por cuyo ejercicio muchos ciudadanos son represaliados, torturados o encarcelados en diversas partes del mundo- para denigrar, crispar, humillar, insultar, alardear de machismo recalcitrante o de mal gusto, faltar de forma reiterada a la verdad o, simplemente, falsear la Historia. Ahí están las tribunas -escritas y audiovisuales- de una buena retahíla de columnistas y tertulianos habituales de radio y televisión: Alfredo Urdaci, Federico Jiménez Losantos, Ricardo PeytavíCarlos Dávila, Herman Terstch, David Gistau, Salvador Sostres, Pío Moa... No se trata de airear aquí las gestas de cada uno de ellos, pues de las lindezas diarias de esta caterva de opinantes ya dan cuenta, en sus respectivos espacios periodísticos y con mucha gracia, Javier Vizcaíno y José María Izquierdo, autores de sendos blogs en Público y El País, de muy recomendable consulta. Tampoco sorprende que todos se prodiguen en medios de comunicación de una orientación política muy definida. Será, quizás, que se mueven más por una actitud ante la vida que por una ideología concreta. ¿O irán ambas cosas, actitud e ideología, de la mano?

También los hay que aprovechan esto de la libertad de prensa para alardear de ignorancia o, simplemente, de escasa sensibilidad artística o, por ir un poco más allá, de complejos. Es lo que me sugiere la columna titulada Noticias 'muy verdaderas', publicada en el Canarias7 hace unos días, en la que, entre tópicos, José R. Sánchez proclama, sin rubor, su antipatía hacia el arte y los creadores contemporáneos. Después de bromear con la obra de Joan Miró y Tàpies, declara sentirse a gusto con quienes, como él, no entienden el "desparrame" de los artistas, o confiesa satisfecho que ya se siente un ciudadano más, "silente hasta ahora, al tiempo de valorar las creaciones contemporáneas que muchos pretenden hacernos comulgar con que son dignas de admirar". No le faltó a su discurso mas que alguna referencia al cine español para cumplir los lugares comunes al uso. A lo mejor ya está preparando su próxima entrega, con otras noticias más verdaderas.