Mostrando entradas con la etiqueta Violencia machista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Violencia machista. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de diciembre de 2010

Nombre de mujer


El blog tiene hoy nombre de mujer. Podría ser ocupado, otra vez, por Sakineh Ashtianí, que continúa encarcelada en Irán, acusada de un delito tan absurdo como el adulterio. Sería oportuno que tuviera el de Marisela Escobedo, asesinada ante las cámaras, ante el mundo, para escarnio y vergüenza del Estado mexicano y de su Justicia, incapaces de proteger a sus ciudadanos, de poner coto a la violencia, de impedir la crónica de una muerte anunciada, de evitar un crimen que la propia víctima anunció días atrás.  Tendría mucho sentido que llevara el de la paquistaní Asia Bibi, a la que el fanatismo religioso, la barbarie de quienes se creen poseedores de la verdad divina, pueden conducir, de un momento a otro, a la horca, por su condición de cristiana en un país musulmán. Debería estar Yolanda, esa nueva mujer, otra más y van 71 en este año en España, muerta en una pequeña localidad de Ciudad Real, Porzuna, por quien se arrogó el derecho de disponer de su vida, como si fuera una mera pertenencia, un objeto que emplear a su antojo. Ellas, sacadas del anonimato por la tragedia, igual que tantas y tantas otras, en todas partes, que merecerían, lamentablemente, dar título hoy al blog.

Al final, lo que se establece como causa es probablemente una excusa, porque la causa o el problema último no está  más que en el cerebro del hombre, en el concepto y la manera que tiene de ejercer el poder en el día de hoy. El ejercicio de un poder que no admite rebeliones, ni siquiera contrapuntos, porque el sistema de género es, en sí mismo, cerrado. 

jueves, 25 de noviembre de 2010

Contra la violencia machista

Uno acaba volviéndose escéptico con la celebración cotidiana del Día Internacional de las más diversas causas. Un día está dedicado a la lucha contra el tabaco y a tu lado nadie deja por un segundo de echar humo. Al siguiente le toca el turno a las bicicletas y en el asfalto no ves ninguna. Y al otro, no debería haber ni un solo coche en las calles y resulta que son las veinticuatro horas con más tráfico del año. Lo que nos hace dudar de la trascendencia de estas efemérides. No sé si es porque siempre esperamos que sean los demás quienes nos resuelvan los problemas o quizás es que no damos abasto con tantas causas que exigen de nuestra participación para una solución urgente.

Hoy, 25 de noviembre, es una ocasión inmejorable para dedicar nuestro pensamiento a las víctimas inocentes de la Violencia de Género, para destinar nuestras acciones a la erradicación del machismo de la vida cotidiana. Hoy no toca contribuir con una moneda para poner fin al cáncer, porque las actitudes machistas, tan comunes, tan habituales, tan enquistadas, no se eliminan con dinero, sino extirpándolas del lenguaje, de las conversaciones, de los chistes, de los comportamientos, del trato con los demás. El asunto es demasiado serio como para mirar hacia otro lado, como para pensar que hoy es un Día Internacional más. Casi a diario, los medios de comunicación, los mismos que dan cabida a anuncios detrás de los que se esconde la explotación sexual,  nos dan cuenta de nuevas muertes de mujeres, de hogares rotos por la brutalidad de quienes se creen que sus parejas les pertenecen, de familias destrozadas por los machos que no saben de diálogo y amor, pero que manejan muy bien los puños y las armas.

Deberíamos convertir cada día del año en 25 de noviembre y contribuir, en la medida de lo posible, a acabar con esta lacra social que es el machismo. Pero, de igual modo, deberíamos llevar también con nosotros, a todas horas, la solidaridad con los más desfavorecidos, la lucha contra el racismo, la pobreza o el maltrato animal, la defensa de la infancia o la protección de los mayores... En definitiva, ser mejores, más humanos.