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lunes, 11 de junio de 2012

Inútiles y mentirosos

Seis meses después de su llegada al poder, a uno le queda la impresión de que quienes nos gobiernan son unos inútiles y, además, unos mentirosos. ¡Cuántas cosas buenas, dijeron, iban a suceder cuando alcanzaran La Moncloa! Bastaba con que pisaran el Palacio para que se restableciera la confianza, los mercados nos devolvieran lo que nos habían robado y el desempleo iniciara un vertiginoso descenso. Y todo, sin subir impuestos, aplicar los tijeretazos, ni recortar derechos. ¡Cuánto buen ejemplo de gestión, recordaron, había en gentes como Camps, Aguirre o Rato! Y qué injustos éramos quienes poníamos en duda las hazañas financieras de tales personajes. Y como además eran muy amigos de la Merkel, y por ende de Sarkozy, pues todo resuelto. Nada de que preocuparse...hasta que comprobamos que no todo era tan sencillo, que nada estaba bajo su control y que las decisiones se adoptaban en otros lugares y no en esa residencia con nombre de estación de metro.

Si uno les pregunta por su gestión de este medio año, nada dirán de recortes, tijeretazos, subidas de impuestos, aumento del paro, prima de riesgo descontrolada o rescate financiero. Ya se han aplicado en el uso de las expresiones eufemísticas para disimular la realidad. Hasta la inyección de 100.000 millones de euros a la banca, que a más de un ministro cogió mirando a Cuenca, la venden como un éxito, como una bendición y un logro político. ¡Lástima que no la solicitaran antes! Y hasta se fueron a Polonia a celebrarlo.

Habrá que ver cuánto tarda en llegar el otro rescate, el que ya experimentaron antes Grecia e Irlanda.

Lo dicho, que son unos inútiles y unos mentirosos.

lunes, 28 de mayo de 2012

Esperanza Aguirre (2)

Desconozco si Esperanza Aguirre  vio por televisión la final de Copa del Rey (a la que ABC añade en su portada del pasado sábado, en su campaña contra el presunto separatismo o quizás por si había dudas, "de España") que ella misma se había encargado de calentar días antes con sus inoportunas y oportunistas declaraciones. De lo que no me cabe duda, si damos por cierta la sabiduría popular, es que este fin de semana habrá tenido un dolor de oídos de campeonato, porque debieron de pitarle de lo lindo durante el partido de fútbol. Conseguir que se suspendiera el encuentro, no lo logró, pero sí -y tiene su mérito- que la pitada al himno (al que La Gaceta dedicó una portada el viernes que es para que Carlos Dávila se lo haga ver) fuera más sonada que la de 2009, que las aficiones le dedicaran más de una pancarta y que, en los momentos en que el balón circulaba por zonas de escaso peligro, 50.000 gargantas se acordaran de ella y, lo que es peor, de su madre, que no tiene culpa de nada, claro está.

Será difícil que a estas alturas cambie -sus buenos réditos electorales le ha dado siempre su espontaneidad-, pero después de lo ocurrido estos días y de lo bochornoso de su actuación, a lo mejor a partir de ahora mide algo más el alcance de sus palabras y ejerce con la responsabilidad que se le presupone por el cargo que ocupa. Pero será difícil. A pocos personajes públicos les gusta más un micrófono que a la señora Aguirre.   


miércoles, 23 de mayo de 2012

Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre es de esos políticos sueltos de lengua, incapaces de permanecer en un discreto silencio durante varias horas, que están convencidos de que deben opinar de todo, como si fueran tertulianos radiofónicos y no gestores públicos. Para entendernos, es de los que cada vez que hablan, provocan una subida del pan. Todo dentro de lo normal -lleva ya unos cuantos años siguiendo la misma táctica, adornándose con lo que algunos tildan de gracejo natural, y al parecer le da buenos resultados-, si no fuera porque con demasiada frecuencia se olvida de que vivimos en un país democrático en el que los ciudadanos gozamos del ejercicio de libertades fundamentales. Quizás ella se sintiera más a gusto en un régimen de pensamiento único, en el que no hubiera discrepancias ni discrepantes, manifestaciones ni manifestantes, divergencias ni divergentes, pero...le ha tocado vivir en esta España constitucional. 

Su última gracieta -no se me ocurre otro calificativo para sus declaraciones relativas a la final de la Copa del Rey de fútbol que se celebra el 25 de mayo en el Estadio Vicente Calderón- ha sido sugerir disparatas soluciones en el caso de que las aficiones del Barça y del Athletic Club piten y dediquen sonoras butifarras al himno nacional y a la representación de la Casa Real presente en la tribuna. ¿Acaso para asistir a un partido de fútbol hay que hacer una declaración jurada de adhesión a la Monarquía y, ya de paso, a la religión católica, apostólica y romana, por no hablar de suscribir un manifiesto a favor de la familia y del obispo de Alcalá de Henares?

Yo, la verdad, no tenía previsto silbar -tampoco se me da muy bien-, pero a lo mejor me da por rebelarme contra la sandez de esta señora y me sumo a la protesta. Lo dejo escrito por si acaso, a posteriori, les da por buscar culpables. Uno ya no sabe....


miércoles, 5 de enero de 2011

León de la Riva

(@www.diagonalperiodico.net)

Seguramente haya asuntos y personajes más interesantes sobre los que escribir hoy, víspera de una fecha de tantas connotaciones infantiles. El actual alcalde de Valladolid resulta más anodino que atractivo, empeñado como está en pasar a la historia por sus exabruptos y sus salidas de tiesto, más que por la buena gestión de una ciudad cuya ciudadanía no merece a alguien tan representativo de la España más soez. Si lo hago no es por la sorpresa que me ha producido escuchar a un señor tan de derechas citar a Bertolt Brecht. El susto ya lo pasé cuando a José María Aznar le dio por echar mano, a cada paso, de Manuel Azaña, con el que parecía haber compartido mesa y mantel, por la familiaridad con la que lo parafraseaba. 

Si no estoy rememorando las cabalgatas de reyes, que siempre vinculo a los caramelos lanzados desde las carrozas y a por los que, siendo niños, nos lanzábamos como posesos, haciendo peligrar nuestra integridad física, no es más que por la repugnancia intelectual que me producen quienes apelan con tanta frivolidad al nazismo, un recurso al que es muy aficionada otra ilustre popular, Esperanza Aguirre. Uno puede estar más o menos de acuerdo con la nueva ley antitabaco, pero igualar las denuncias a las que el ciudadano puede recurrir cuando se sienta molesto por el humo ajeno, con las que se producían bajo un régimen dictatorial que organizó la mayor maquinaria al servicio del crimen del que se tiene noticia y que provocó, por sus ansias expansionistas, varias decenas de millones de muertos, es no conocer la historia reciente o pasarse de graciosillo. Y gracia, lo que se dice gracia, no tiene ninguna. Quizás le convenga al señor León de la Riva leer lo que le ocurría a los enemigos del Tercer Reich cuando eran delatados, que nada tiene que ver con lo que les espera, en un Estado de Derecho, a los pillados in fraganti fumando donde no deben.