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martes, 16 de octubre de 2012

La cultura, esa olvidada

Ahora que nos recuerdan que en Educación estamos a la cola de Europa, aunque al ministro Wert le parezca una estupidez tomar decisiones políticas que traten de paliar este bochorno y prefiera ponerse frente a los micrófonos para regalarnos algunas perlas inolvidables. Ahora que el debate político, especialmente en las comunidades que tienen en unos días elecciones para renovar sus cámaras, se ciñe mayormente a la duda entre independencia o federalismo, como si no existieran problemas de mayor calado social. Ahora que la crisis sigue siendo una constante en nuestras vidas, hay quien se acuerda de la Cultura, así, con mayúsculas. 

Desconozco el caso que le han hecho o la repercusión que ha tenido el artículo que ha publicado hace unos días el actor y director teatral Ramón Barea en El Correo, titulado "¡A por setas, lehendakari, a por setas!", en el que hace una defensa a ultranza de la Cultura y nos recuerda, no solo al futuro presidente vasco sino al conjunto de la población, que la creación no debe ser contemplada exclusivamente como un valor mercantil o de cambio, que también lo es, sino, y sobre todo, como un ejercicio sanador, de rebeldía y okupación, como una realidad que plantea preguntas, invita a la reflexión, abre nuevos caminos y contribuye a la convivencia, tan necesaria en estos tiempos de trastos a la cabeza.

Leyendo su alegato, a uno le da por pensar que todavía quedan por ahí algunos quijotes de lanza en astillero y adarga antigua. ¡Bien hallados sean!




lunes, 15 de octubre de 2012

El ministro bufón

Cada día estoy más convencido de que esta crisis pertinaz -¡qué adjetivo tan querido por el franquismo para referirse a la sequía- nos ha robado, entre otras muchas cosas, el sentido del humor. Porque no encuentro otra razón que explique los pocos chistes que los españoles, tan dados a sacar punta de todo, le dedicamos al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, tan amigo de las declaraciones altisonantes y, sobre todo, de las bufonadas. Por muchísimo menos, al diplomático, escritor y político Fernando Morán la entonces incipiente caverna mediática lo crucificó a chascarrillos, muchos de muy mal gusto, cuando era ministro de Asuntos Exteriores. Ahora, el espejo de la Historia nos devuelve a una figura brillante, ponderada e inteligente, cuyos logros están ahí, gusten o no a los cavernícolas. 

De Wert, el ministro peor valorado de un Gobierno que no supera el aprobado en opinión de los españoles, nos va llegando un rosario de decisiones que reciben el rechazo mayoritario de los sectores afectados o una colección de manifestaciones de difícil encaje en los tiempos que corren, como las relativas a las becas, la Educación para la Ciudadanía o la españolización -otra expresión muy del lenguaje franquista- de los alumnos catalanes. 

Aún es pronto para que ese espejo al que antes me refería nos ofrezca con suficiente distancia la verdadera magnitud de este personaje, pero todo indica que, a este paso y gracias a sus esfuerzos, será una imagen muy, muy deformada. Y méritos habrá hecho para ello.