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martes, 16 de octubre de 2012

La cultura, esa olvidada

Ahora que nos recuerdan que en Educación estamos a la cola de Europa, aunque al ministro Wert le parezca una estupidez tomar decisiones políticas que traten de paliar este bochorno y prefiera ponerse frente a los micrófonos para regalarnos algunas perlas inolvidables. Ahora que el debate político, especialmente en las comunidades que tienen en unos días elecciones para renovar sus cámaras, se ciñe mayormente a la duda entre independencia o federalismo, como si no existieran problemas de mayor calado social. Ahora que la crisis sigue siendo una constante en nuestras vidas, hay quien se acuerda de la Cultura, así, con mayúsculas. 

Desconozco el caso que le han hecho o la repercusión que ha tenido el artículo que ha publicado hace unos días el actor y director teatral Ramón Barea en El Correo, titulado "¡A por setas, lehendakari, a por setas!", en el que hace una defensa a ultranza de la Cultura y nos recuerda, no solo al futuro presidente vasco sino al conjunto de la población, que la creación no debe ser contemplada exclusivamente como un valor mercantil o de cambio, que también lo es, sino, y sobre todo, como un ejercicio sanador, de rebeldía y okupación, como una realidad que plantea preguntas, invita a la reflexión, abre nuevos caminos y contribuye a la convivencia, tan necesaria en estos tiempos de trastos a la cabeza.

Leyendo su alegato, a uno le da por pensar que todavía quedan por ahí algunos quijotes de lanza en astillero y adarga antigua. ¡Bien hallados sean!




sábado, 25 de diciembre de 2010

El mundo, al revés


El mundo, al revés. Los ladrones se ponen dignos y, ofendidos, interrumpen por unas horas el expolio masivo de obras musicales, audiovisuales y literarias ajenas, con cuyo tráfico ilegal se lucran de lo lindo, ante la amenaza de una norma -la tan traída y llevada Ley Sinde- que pretende poner coto al saqueo constante del trabajo de otros. En un ejercicio de evidente cinismo, los chorizos apelan al sagrado principio de la ¡libertad de expresión! para continuar robando a manos llenas películas, canciones, videojuegos y libros que no sólo no les pertenecen, sino para cuya puesta a disposición tampoco han pedido permiso a sus legítimos propietarios ni mucho menos pagado lo que en una economía de mercado corresponde. Y, además, para seguir rizando el rizo, argumentan que acabar con la rapiña es  recurrir a la censura. Curiosa forma de defender el pillaje en la Red.

Y mientras una de las partes favorecidas por este lucrativo negocio -las operadoras de telefonía- se frota las manos, porque el debate parece no rozarle lo más mínimo, los autoproclamados gurús de Internet incitan a compartir libremente lo que tampoco es suyo porque, según proclaman, contribuye a aumentar la cultura de la ciudadanía. Curiosamente, estos nuevos iluminados ni comparten sus viviendas o vehículos, ni mucho menos colectivizan sus sueldos para regocijo de esa misma sociedad a la que con tanto empeño quieren culturizar... con la depredación.

Pero el sonrojo no sería total si obviáramos a una clase política que produce auténtico bochorno cuando, haciendo un papelón lamentable, se demuestra incapaz de defender un derecho como la propiedad privada, consagrado en una Constitución que debería regir su actuación, porque tienen tanto miedo a los internautas como los niños que suspenden a presentar a sus padres el boletín con las calificaciones escolares.

El cuadro se completa con los afectados -creadores, empresarios del entretenimiento y trabajadores-, a los que no sólo se priva de sus creaciones y de la posibilidad de vivir de su trabajo sino a los que, en un claro y libre ejercicio de la tan cacareada libertad de expresión, se avasalla e insulta en los foros cuando tratan de hacer oír su voz, cuando no se les impide ejercer ese derecho tumbando sus webs.

Lo dicho. El mundo, al revés.