Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Católica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Católica. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de junio de 2012

Javier Krahe (2)

 (@EFE)
Finalmente triunfó la libertad, que es como decir que la reacción fue derrotada. Ocasionalmente, eso sí. Pero al menos, en los tiempos que corren, ya es algo, cuando desde el Gobierno están empeñados en castigar todo aquello que escapa a su control ideológico, llámese libertad de expresión frente al himno o la bandera, llámese libertad de manifestación, libertad de la mujer para decidir o cualquier otra forma de afirmar nuestra condición de ciudadanos de un país libre. Habría que preguntarle al ministro Gallardón qué nuevas sorpresas nos prepara su departamento (entre las que, obviamente, no hay ninguna que afecte al magistrado Carlos Dívar).  

Celebro que Javier Krahe (y con él la productora Montserrat Fernández) haya sido absuelto de un presunto delito de ofensa a los sentimientos religiosos por el que había sido sentado en el banquillo por la organización ultramontana Centro Jurídico Tomás Moro. Ahora que parece que la pesadilla ha terminado para el cantautor madrileño habría que preguntarle al juez que  ha llevado la causa para qué  admitió a trámite tan estrambótica y extemporánea reclamación. Porque, visto el fallo, no da la impresión de que quisiera travestirse de Torquemada. Y luego dirán que la Justicia está colapsada.

Y mientras tanto, al borde del rescate anunciado y tantas veces negado.

miércoles, 4 de enero de 2012

De Pepe Botella a Ana Botella

La verdad es que lo más fácil sería jugar a establecer las similitudes y diferencias entre las dos Botellas más famosas de la historia de España, la de José Bonaparte, hermano de Napoleón y rey postizo en tiempos del más ferviente patriotismo bélico, y la de Ana, reciente regidora madrileña y esposa del tercero en discordia en la famosa foto de las Azores. Seguramente nos lo pasaríamos muy bien fijando en qué se parecen ambos y en qué  se distinguen, como si del Trivial se tratara. En realidad, lo que me llama la atención - y al mismo tiempo me escandaliza- es aquello en lo que no se parecen en nada ambos mandatarios. Esto es, en el papanatismo religioso que caracteriza a una y del que el otro no hizo ninguna gala, preocupado como estaba en el contenido alcohólico del vidrio.

Por suerte, no tuve que sufrir esa ceremonia que transformó la plaza madrileña de Colón en un Valle de los Caídos de mentirijillas gracias a una impetuosa e imponente cruz. A lo mejor ya estaba cerrada la cita con Rouco Varela antes de que Alberto diera la alternativa a su teniente. Seguro. Pero ha sido ella la que celebró gustosa la ceremonia en territorio capitalino, después de otra ceremonia, la de su toma de posesión, que daría para más de un post.

En definitiva, que con la Iglesia seguimos topando y que, si nadie lo remedia, y no lo parece, continuaremos haciéndolo por mucho tiempo.

jueves, 25 de agosto de 2011

De Madrid, al cielo

(@EFE)
Toda vez que...

...Benedicto XVI ya no está entre nosotros...
...la JMJ 2011 es, por suerte, cosa del pasado...
...la capital ha dejado de ser un parque temático travestida de blanco y amarillo...
...el Retiro es, de nuevo, territorio libre de confesiones y pecados (aunque menos)...
...las autoridades regresan a los mercados y olvidan su actitud de meapilas...
...el laicismo continúa siendo una utopía en este país...
...la policía nos recuerda que, porra en mano, no hay quien pueda con ella...
...la Cibeles recupera su condición de lugar de encuentro de madridistas (últimamente cada vez menos) después de serlo, por unos días, de seminaristas, monjas, kikos, peregrinos y gente de todo pelaje...
...Rouco Varela ha recuperado la sonrisa, aunque no las vocaciones perdidas...
...la patronal continúa la búsqueda de los millones de euros de la visita papal...
...la aspavientosa se regocija de que en su Comunidad haya estado Su Santidad...
...Gallardón ha tenido una visión privilegiada del recorrido del papamóvil...

...a lo mejor es el momento de proclamar con razón, como vienen haciendo los más castizos, que "De Madrid, al cielo"...


miércoles, 3 de agosto de 2011

#MadridsinPapa

Cualquiera diría que Benedicto XVI le ha cogido el gusto a esto de venir a España a recordarnos que somos la reserva espiritual de Occidente, a pesar de lo agresivamente laicos que somos los ciudadanos de este país, según dijo hace apenas unos meses, con motivo de su anterior paseo por estas tierras. De lo que sí estoy seguro es que no viene a hacer acto de contricción por las bendiciones de la Iglesia a los crímenes del franquismo o por los actos de pederastia de algunos de sus sacerdotes. Lástima, porque de otro modo habríamos pensado que su visita no incluiría, como hacía su antecesor y repitió él mismo, un rapapolvo al Gobierno socialista por impío y defensor de normas contrarias a esa moral cristiana que en los últimos tiempos aflora con más fuerza que nunca.

Lo que sí me sorprende es el empeño de algunos, especialmente de ciertas autoridades autonómicas, en destacar los beneficios económicos de la presencia papal. Y yo que pensaba -¡ingenuo de mí!- que las ventajas de las religiones no se alcanzaban en este mundo de pecadores, sino que las recibiríamos una vez convertidos en polvo. Ya nos dirán, imagino, quiénes son los destinatarios de esos cien millones en positivo en que cifran la celebración de la JMJ 2011.

Y por si no fuera poco con inundar de santidad la ciudad de Madrid durante unos días, parece que en el Parque del Retiro los remos, los títeres, las echadoras de cartas, los vendedores de chucherías y globos tendrán una férrea competencia con los dos centenares de confesionarios portátiles que se instalarán en este espacio público, convertido en lugar de peregrinación, lamentaciones, arrepentimientos y perdones.

Vuelvo a recomendar, para contrarrestar los efectos narcotizantes de tanto incienso, la lectura de La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo. Eso,  o desaparecer del mapa y cerrar los ojos a la avalancha mediática que se avecina.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Pederastia S.L.

Leo a Juan Cruz que "lo inolvidable es lo que hiere" y que no lo cura el tiempo, ni lo sella el olvido. Entonces pienso en las imborrables heridas que perviven en las víctimas de los curas pederastas de Boston, Irlanda, Alemania y, según hemos sabido ahora, Bélgica; en las huellas que persisten en esos cuerpos, una vez inocentes, lastimados por la lascivia de los predicadores católicos que no dudaron en servirse de su privilegiada posición, en sacar partido de la confianza de las familias, en aprovecharse de la debilidad y fragilidad de miles de niños y niñas para abusar de ellos, para dar rienda suelta a sus más bajos instintos. 

Y se me ocurre que esos delitos son inolvidables, no sólo para quienes los padecieron, a quienes habría que haber dado toda la ayuda necesaria para que sus vidas no continuaran siendo el infierno en que las convirtieron aquellos desalmados, sino que también deben serlo para las sociedades en que se cometieron. Y que no pueden ser sellados ni por el tiempo, ni por su prescripción penal, ni por el propio olvido en el que la Iglesia Católica ha tratado de mantenerlos a lo largo de décadas, ni por las reparaciones económicas con que desde el Vaticano se ha querido resolver la vergüenza de la institución religiosa. 

Y trato de encontrar en las hemerotecas manifestaciones públicas de arrepentimiento, de ese propósito de enmienda que proclaman desde los púlpitos. Pero nada, tan sólo hallo silencio cómplice, ocultación, gestos que trasladan a las víctimas el sentimiento de culpa. Y me pregunto por qué las investigaciones se inician cuando los delitos ya han prescrito, cuando muchos de quienes sufrieron el daño ya han muerto -cuando no se han suicidado, como hemos conocido que sucedió en Bélgica-. Y también me interrogo por las instituciones públicas que debían haber velado y protegido la integridad de esos niños y esas niñas que tuvieron la desgracia de caer en las manos equivocadas, pero que prefirieron mirar para otro lado. 

No, hay cosas que, aunque hieran, no deben ser selladas por el olvido. Y hay delitos que, por mucho tiempo que transcurra -siempre inferior al que requiere el olvido-, deben ser juzgados y castigados.