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jueves, 16 de septiembre de 2010

Laboratorios de creación

(Cristino de Vera, Madrid, 2009)

El estudio de un artista plástico es un espacio sagrado. Un templo en el que se rinde culto a la belleza. El laboratorio en el que tiene lugar una de las más maravillosas experiencias alquímicas: la transmutación del espíritu del creador en obra de arte. Allí es donde la nada adquiere forma. Quizás estas circunstancias expliquen por sí solas la curiosidad y el interés que los talleres de pintores, escultores y artesanos han despertado siempre. Quien penetra en ellos quisiera descubrir dónde se esconde la magia, dónde habitan las musas que inspiran el arte. 

La fotografía nos ha brindado la oportunidad de conocer el lugar en el que Rodin modelaba el mármol, las paredes entre las que Picasso convivía con su propio genio, la habitación en la que el atormentado Giacometti concebía algunas de las esculturas más extraordinarias de todos los tiempos, el universo en el que Rothko se enfrentaba al vacío o la ventana por la que Morandi y los objetos que formaban parte de sus bodegones recibían la luz del exterior.

En los últimos años, el fotógrafo canario Nacho González Oramas ha ido profanando, con su cámara, los recintos mágicos de un total de sesenta artistas de las Islas. Todos ellos abrieron sus puertas y permitieron que este inquieto profesional se adentrara en sus territorios creativos, en su intimidad, y los inmortalizara  en compañía de sus útiles de trabajo: caballetes, telas, paletas, pinceles, botes de pintura, fuego... Cada uno de ellos frente al objetivo y junto a la soledad con la que, a diario, conviven y que les es tan necesaria para concebir y dar a luz cada pieza.

Gracias a Nacho González sabemos algo más de los secretos que tan celosamente han guardado Cristino de Vera, Martín Chirino, Felo Monzón, César Manrique, Pedro González, Juan Bordes, Miguel Panadero o José Antonio García Álvarez. La serie de instantáneas, que ha reunido bajo el título genérico de Espacios de creación, se expondrá durante un mes -del 23 de septiembre al 23 de octubre- en la sede de la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme (La Laguna, Tenerife). Arte al desnudo, sin artificios.

sábado, 5 de junio de 2010

Giorgio Morandi

Es la sencillez de la belleza en su máxima expresión. Vasos, botellas, jarras, latas… colocados sobre una mesa y pintados una y otra vez a lo largo de los años, a distintas horas del día, aprovechando la luz que en cada momento y de un modo diferente entra a través de una pequeña ventana, como si no existiera otra realidad, como si no fuera necesario salir al exterior y quebrar, de ese modo, el religioso espacio del estudio. Naturalezas muertas en las que una serie de objetos cotidianos, a los que habitualmente no prestamos más atención que la que requiere su uso práctico, adquieren todo el protagonismo y se convierten, en los sencillos bodegones de Giorgio Morandi (Bolonia, 1890-1964), en piezas mágicas.

Ahí está el creador italiano retirándose las gafas para fijar su vista de miope en esas formas que, una vez dispuestas convenientemente sobre la madera, llevará a continuación al lienzo, al papel o a la plancha metálica, creando unas composiciones en las que, además de quietud y silencio, el espectador descubre el sublime reflejo del espíritu humano.

No en vano, el también pintor Cristino de Vera, siempre generoso en sus calificativos con los grandes maestros, se refiere a él como a uno de los pintores del alma, como a alguien tocado por la secreta luz del espíritu. Un “mensajero del milagro” que llevó siempre consigo el “silencioso y musitado aliento de la luz”. Palabra de uno de los máximos exponentes de la pintura mística, de quien ha vivido comprometido con la espiritualidad de la creación.

Unas pocas obras de este artesano del alma se exponen ahora en Madrid. Son tan sólo tres acuarelas y doce aguafuertes, fechados entre 1927 y 1962, que cuelgan de las paredes de la Fundación Juan March. Suficientes, sin embargo, para que las retinas miren de cerca la luz de la poesía, para experimentar, por unos instantes, el éxtasis de la contemplación