Treinta y cinco años de ocupación ilegal del Sáhara Occidental no han bastado a Marruecos para doblegar la voluntad de independencia del pueblo saharaui. Un muro de más de dos mil kilómetros no le ha servido a Rabat para separar a una población que se siente unida, a pesar de la distancia impuesta por las armas, en los deseos de libertad. La opresión, el pisoteo de los derechos humanos, la represión, las condenas de cárcel o los asesinatos cometidos por la dictadura alauita no han hecho disminuir las ansias de miles de mujeres y hombres de alcanzar, algún día, el sueño de un Estado propio.
El abandono de España, la desidia y la tibieza, cuando no el olvido, de los sucesivos gobiernos -centristas, socialistas y populares- no han sido capaces de rebajar o apagar el compromiso y la solidaridad de una ciudadanía que, en todos estos años de afrenta, se ha sentido hermanada con quienes una vez constituyeron una provincia española y tiene el Sáhara en el corazón.
Y hoy, en Madrid, miles de ciudadanos, españoles y saharauis, hemos querido decirle a los gobiernos de Marruecos y de España que la población del Sáhara Occidental no se rinde, que el Frente Polisario es el portavoz legítimo y reconocido internacionalmente de ese pueblo y que la parálisis diplomática y el sometimiento a espurios intereses de Trinidad Jiménez y Zapatero o la violencia de la policía y el ejército de Mohamed VI no podrán matar la utopía.
Al campamento de Agdaym Izik, arrasado este pasado lunes, seguirá otro, y otro, y otro... ¿O acaso creen algunos que es posible asesinar la dignidad de un pueblo?





