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lunes, 15 de octubre de 2012

El ministro bufón

Cada día estoy más convencido de que esta crisis pertinaz -¡qué adjetivo tan querido por el franquismo para referirse a la sequía- nos ha robado, entre otras muchas cosas, el sentido del humor. Porque no encuentro otra razón que explique los pocos chistes que los españoles, tan dados a sacar punta de todo, le dedicamos al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, tan amigo de las declaraciones altisonantes y, sobre todo, de las bufonadas. Por muchísimo menos, al diplomático, escritor y político Fernando Morán la entonces incipiente caverna mediática lo crucificó a chascarrillos, muchos de muy mal gusto, cuando era ministro de Asuntos Exteriores. Ahora, el espejo de la Historia nos devuelve a una figura brillante, ponderada e inteligente, cuyos logros están ahí, gusten o no a los cavernícolas. 

De Wert, el ministro peor valorado de un Gobierno que no supera el aprobado en opinión de los españoles, nos va llegando un rosario de decisiones que reciben el rechazo mayoritario de los sectores afectados o una colección de manifestaciones de difícil encaje en los tiempos que corren, como las relativas a las becas, la Educación para la Ciudadanía o la españolización -otra expresión muy del lenguaje franquista- de los alumnos catalanes. 

Aún es pronto para que ese espejo al que antes me refería nos ofrezca con suficiente distancia la verdadera magnitud de este personaje, pero todo indica que, a este paso y gracias a sus esfuerzos, será una imagen muy, muy deformada. Y méritos habrá hecho para ello. 


martes, 20 de marzo de 2012

Librería Antonio Machado

Hay noticias que parecen extraídas de la hemeroteca o de esa sección de Efemérides que tanto gusta a los periódicos con historia, si no fuera porque son recientes. He sabido a través del blog de Juan Cruz que una de las librerías en las que con mayor frecuencia adquiero mis lecturas, la Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes de Madrid, fue atacada este lunes por un ¿energúmeno?, ¿gamberro?, ¿pirómano?, ¿enemigo de la libertad?, que aprovechó que el local estaba cerrado para cometer una fechoría que, por suerte, no pasó a mayores.

¿Cómo denominar a quien considera que en los centenares de volúmenes dispuestos en los estantes hay enemigos potenciales a los que debe aniquilar, a los que debe lanzar un fuego purificador que acabe con ellos y, de paso, evite que prenda el conocimiento, la sabiduría o el placer que llevan consigo? El nazismo y también el franquismo se vanagloriaron de las quemas públicas de libros, actos con los que buscaban asesinar simbólicamente a sus autores, advertir a la población de lo pernicioso y peligroso de adquirirlos, poseerlos o leerlos, y, por encima de todo, imponer un régimen de terror en el que estuvieran ausentes las libertades de pensamiento, de expresión, de discrepancia o de debate, porque lo que debía imperar era el pensamiento único.

También la Transición vivió episodios como el ocurrido el día de San José, que creíamos desterrados para siempre de nuestra vida cotidiana. Quizás sea un hecho meramente anecdótico o, quizás, lo que resultaría preocupante, una muestra de los tiempos que corren.

miércoles, 3 de agosto de 2011

#MadridsinPapa

Cualquiera diría que Benedicto XVI le ha cogido el gusto a esto de venir a España a recordarnos que somos la reserva espiritual de Occidente, a pesar de lo agresivamente laicos que somos los ciudadanos de este país, según dijo hace apenas unos meses, con motivo de su anterior paseo por estas tierras. De lo que sí estoy seguro es que no viene a hacer acto de contricción por las bendiciones de la Iglesia a los crímenes del franquismo o por los actos de pederastia de algunos de sus sacerdotes. Lástima, porque de otro modo habríamos pensado que su visita no incluiría, como hacía su antecesor y repitió él mismo, un rapapolvo al Gobierno socialista por impío y defensor de normas contrarias a esa moral cristiana que en los últimos tiempos aflora con más fuerza que nunca.

Lo que sí me sorprende es el empeño de algunos, especialmente de ciertas autoridades autonómicas, en destacar los beneficios económicos de la presencia papal. Y yo que pensaba -¡ingenuo de mí!- que las ventajas de las religiones no se alcanzaban en este mundo de pecadores, sino que las recibiríamos una vez convertidos en polvo. Ya nos dirán, imagino, quiénes son los destinatarios de esos cien millones en positivo en que cifran la celebración de la JMJ 2011.

Y por si no fuera poco con inundar de santidad la ciudad de Madrid durante unos días, parece que en el Parque del Retiro los remos, los títeres, las echadoras de cartas, los vendedores de chucherías y globos tendrán una férrea competencia con los dos centenares de confesionarios portátiles que se instalarán en este espacio público, convertido en lugar de peregrinación, lamentaciones, arrepentimientos y perdones.

Vuelvo a recomendar, para contrarrestar los efectos narcotizantes de tanto incienso, la lectura de La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo. Eso,  o desaparecer del mapa y cerrar los ojos a la avalancha mediática que se avecina.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Agdaym Izik (3)

La semilla de rebelión plantada hace algunas semanas en la aridez de la hamada próxima a El Aaiún ha germinado y se ha fortalecido gracias al orgullo y el pundonor con el que la han abonado cada día los más de 20.000 saharauis que hoy habitan las miles de jaimas que forman ese Campamento de la dignidad hacia el que se dirigen las miradas de admiración del mundo. Quienes creían que el movimiento de protesta era flor de un día tendrán que revisar sus criterios de valoración, porque asistimos a la mayor movilización del pueblo del Sáhara Occidental desde su abandono por España hace 35 años. Querer ignorar este hecho y sus consecuencias futuras, tratando de reducirlo a una mera reivindicación de tintes económicas y laborales, es apuntarse a un ejercicio de ceguera política. 

Y, mientras, asistimos a la visita a Madrid del ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Taib Fasi Fihri, que, sin el  más mínimo miramiento a las normas de educación protocolaria, delante de su homóloga, Trinidad Jiménez, se permite reprender y acusar a la prensa libre de nuestro país de mentir sobre la realidad  de las libertades políticas y los derechos humanos en el reino alauita. Unos días después, en una pantomima de juicio celebrado en Casablanca contra siete saharauis que reclaman la independencia del territorio ilegalmente ocupado por Marruecos, dos periodistas españoles son agredidos e insultados. Maniobras de defensa que recuerdan mucho a las que organizaba el franquismo cada vez que desde el extranjero se atacaba la dictadura. Lástima que la memoria sea tan frágil y tengamos que seguir escuchando y leyendo en algunos medios de comunicación españoles que Rabat está embarcado en un decidido e imparable proceso de democratización. 

¿Qué espúreos intereses se esconden detrás de esas afirmaciones periodísticas? ¿Y de ciertos silencios que se convierten en cómplices de los atropellos y la represión marroquíes?

domingo, 24 de octubre de 2010

Wikileaks


Hace algunos años, cuando investigaba con Mirta Núñez los crímenes del franquismo en los archivos militares, nuestra reclamación de causas judiciales era despachada a menudo con un rotundo no, que se justificaba en la supuesta salvaguarda de la intimidad de los familiares de los represaliados (que eran precisamente los más interesados en conocer la verdad de lo ocurrido a sus parientes), aunque a quienes de verdad querían proteger era a los descendientes de quienes formaban aquellos tribunales de guerra (todos ellos pertenecientes al ejército), a los que no temblaba el pulso cuando de sentenciar a muerte se trataba. 

Ahora escucho una excusa muy similar de los responsables políticos y militares de  Estados Unidos a raíz de las filtraciones de Wikileaks sobre la guerra sucia, las matanzas y los abusos de los derechos humanos perpetrados en Irak por las tropas norteamericanas e iraquíes y por los mercenarios de Blackwater. Ni el Pentágono ni el Departamento de Estado hablan de investigar los hechos, de llevar a los culpables ante la justicia o de reparar de alguna manera el daño causado. Ni mucho menos se les ha oído pronunciar la palabra perdón. Se escudan en la seguridad nacional y en la protección de las vidas de  estadounidenses y de sus aliados.

Me pregunto, mientras leo con espanto los horrores ahora puestos al descubierto por la web de Julian Assange, qué estará pensando aquel que una vez regresó a España con acento tejano y que no dudó en poner una franca sonrisa para la famosa foto de las Azores, aunque en aquel momento se estuviera poniendo en juego la vida de miles de seres humanos.

jueves, 29 de julio de 2010

Cándido Mañana


Uno no sabe si el coronel Aureliano Buendía escribió a sus familiares momentos antes de ponerse frente al pelotón de fusilamiento, un gesto de gracia al que se acogieron miles de condenados a muerte por el franquismo cuando se encontraban en capilla, a pocas horas de ser ajusticiados por el único delito de haber combatido en las filas republicanas.

Solos o en compañía, con la única perspectiva de la muerte próxima, los presos abrían sus corazones para despedirse de sus seres queridos, para pedirles que no los olvidaran nunca, para recordarles que morían por la libertad, para rogarles que a sus hijos les enseñaran que sus padres habían sido hombres buenos. Muchos de ellos apenas sabían escribir o se expresaban con dificultad. No importaba, había que dejar constancia del amor hacia los suyos, dejarles un último recuerdo. Como hizo Cándido Mañana, un maquis que en 1951 -el franquismo, por mucho que algunos se empeñen, siguió asesinando hasta el final- fue condenado a garrote vil. En una breve carta remitida a Charín Benita el mismo día de su ajusticiamiento, dice:

"Querida Charin
hoy dia 20 Me allegado
la hora de Muril
No suf[r]a por mi
nena) muchos besos
ato dos de mi parte
un abrazo y un recuer
do) Para siempre
de tu

Candido Mañana"

P.D.: Gracias a Raquel Miranda, por abrir su archivo familiar y facilitarme este sobrecogedor testimonio, uno más, de los crímenes franquistas.

miércoles, 23 de junio de 2010

¿Olvidar? No



"Quien honra a sus muertos, se honra a sí mismo", reza en la entrada de algunos cementerios. Y, sin embargo, en España, todavía hay muchos que se empeñan en que esa leyenda no se cumpla, impidiendo a millares de familiares de asesinados por el régimen de Franco que, más de setenta años después de acabada la Guerra Civil, puedan recuperar los cuerpos de sus seres queridos y darles un último adiós. Argumentan, cínicamente, que abrir fosas e identificar a las víctimas sólo sirve para reabrir viejas heridas, como si las únicas cicatrices estuvieran del lado de los vencedores, que, por si fuera poco, durante cuarenta años pudieron honrar a sus muertos, mientras se reservaba a los vencidos el silencio, la humillación, la venganza, el sufrimiento, la represión.

Se cuentan por miles los españoles que deben ser rehabilitados. Se cuentan por miles las familias que siguen confiadas en que algún día les sean devueltos los restos de sus abuelos, padres, tíos y hermanos. Y mientras llega ese esperado momento, mientras la vergüenza se cierne sobre un país que desprecia la memoria individual de tantos y tantos ciudadanos, queda el consuelo de pronunciar los nombres de los desaparecidos, de los paseados, de los fusilados. No hay que renunciar a ese derecho. Gritemos sus nombres uno a uno junto a las tapias de los cementerios en donde un pelotón acabó con sus vidas, en las cunetas, en los campos, en las simas, donde cobardemente fueron asesinados. Allí donde se sepa que alguien permanece enterrado, arrebatado a los suyos, digamos bien alto su nombre y sus apellidos. Honrémoslos, porque entonces nos estaremos honrando a nosotros mismos y haciendo justicia. Y sigamos luchando para recuperar sus restos, para que en cada uno de esos lugares de infamia, un memorial, una placa, un monumento los rememore y nos devuelva a todos su recuerdo.