Mostrando entradas con la etiqueta Público. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Público. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de enero de 2012

Público, necesario

El concurso voluntario de acreedores presentado por la editora del diario Público es un mal presagio, además de una malísima noticia. Para sus trabajadores. Para sus lectores. Para la izquierda. Para nuestra democracia. Me quedo con las palabras de su director, el tercero en la corta historia del periódico, Jesús Maraña, quien reiteraba los principios fundacionales de la joven cabecera, en lo que parecía más una sentida despedida que una exposición de las causas que han llevado a esta drástica situación: "Quería ser un diario sinceramente progresista, defensor de una España plural y moderna y respetuoso con sus distintas culturas, aspiraciones y lenguas, que sirviera como herramienta de conocimiento y como plataforma de debate de ideas a una izquierda también plural que siempre ha reivindicado la importancia de lo público y la defensa del Estado del bienestar y de las capas más débiles de la sociedad". 

Todo tiene tan mala pinta, que no sabemos, en estos momentos, si en los próximos días volveremos a encontrarnos con Público en los quioscos. Una lástima, ya digo, para quienes creemos que España necesita voces críticas, que nuestro país clama por portavoces de un pensamiento que se aleje del maldito neoliberalismo que nos ha traído hasta la orilla en la que nos estamos ahogando, que la ciudadanía no puede quedarse exclusivamente con los representantes de la derecha extrema que vociferan a diario desde el papel, las ondas y una TDT tan sospechosa como vomitiva. 

¡Qué poca esperanza para quienes defendemos un periodismo de izquierdas que proclame la vigencia de valores como la solidaridad, la igualdad o el laicismo, hoy tan lejanos! 

sábado, 8 de enero de 2011

El jardín de tu memoria

Escribió Manuel Altolaguirre que "ningún campo tan grande como el de nuestra memoria" y que "recorrerlo es buscarse a sí mismo". Y él mismo se buscó y confundió en unas confesiones y en unos recuerdos que quedaron reunidos en El caballo griego, un libro de memorias que no pudo concluir porque antes le sorprendió la muerte en una carretera de la España de la que se había exiliado veinte años antes, al concluir la guerra civil, durante la que mantuvo un firme compromiso con la legalidad republicana. Una muerte después de la cual su alma no se sintió desnuda, sino envuelta con el paisaje de sus pensamientos y emociones, abrigada por la memoria, que le sirvió de confortable luz frente al abandono y el olvido. Y él, que dijo que estaba "aprendiendo a morir a fuerza de recuerdos", nos legó unos cuantos y muy sabrosos en unas deliciosas páginas que, acertadamente, ha recuperado el diario Público en la edición de hoy, sábado 8 de enero, dentro de su colección Voces críticas. 

En apenas medio centenar de páginas, que se completan con una serie de notas sobre literatura por las que desfilan los principales poetas y dramaturgos de las primeras décadas del pasado siglo, como Luis Cernuda, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Emilio Prados, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas ("Y fue una despedida, larga, clara", escribe Altolaguirre tras la muerte de quien era "vuelo y cielo, luz henchida de aire"), Gerardo Diego y otros, el escritor malagueño nos acercó el drama de la España vencida, obligada, como él, a abandonar su patria y acabar recluida, en los primeros tiempos, en los campos de concentración franceses, en una tierra extraña donde "el llanto de las mujeres y de los niños no eran lágrimas líquidas, sino enturbiadas nubes coronando sus frentes". El dolor que destilan esos pasajes tiene también su contrapunto en las divertidas anécdotas que relata de los años anteriores al conflicto fratricida, protagonizadas por Salvador Dalí, Gala o un Rafael Alberti que no duda en vestirse de mujer para recibir la visita de André Gide. 

Qué placer haber encontrado hoy la voz crítica de Manuel Altolaguirre en una edición popular que, seguramente, habría gustado a quien también fue un magnífico editor e impresor.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Periodismo valiente

(@Gulf News Archive)
En estos días, el diario Público da cabida en sus páginas a un informe por entregas del periodista británico Robert Fisk titulado La masacre invisible. En él, el veterano corresponsal denuncia, desde el rigor investigador, una tragedia que apenas se refleja en la información cotidiana de los medios de comunicación: los asesinatos salvajes y vergonzantes de miles de mujeres a manos de sus familias por  cuestiones de honor. Una tragedia a la que el propio Fisk se refiere como "un crimen contra la humanidad". Según Naciones Unidas, la cifra mundial de víctimas anuales asciende a 5.000. Otras fuentes multiplican por cuatro esa cantidad. 

Este reportaje, sustentado sobre una investigación de casi un año de The Independent, me reconcilia con un tipo de periodismo cada vez más escaso, casi ocasional y anecdótico en la actividad diaria de prensa, radio y televisión. Como me devolvió la ilusión hace unas semanas la extraordinaria serie sobre los agujeros negros del planeta -Bangladesh, Haití, Gaza y República Centroafricana- publicada en el mes de agosto por El País. 

Sin embargo, desde hace ya bastante tiempo, lo que se lee, escucha y ve responde a un ejercicio profesional muy pagado de sí mismo, agarrado a la autocomplacencia y el autobombo, más cómodo con las comparecencias que haciendo preguntas, más preocupado por ser altavoz de las ocurrencias de los políticos que por realizar análisis profundos, más interesado por las aventuras de cama de famosas y famosos que por los problemas y dificultades de la ciudadanía, abonado al insulto en lugar de al respeto y la ética. Nada que ver con el periodismo crítico, inquisitivo, denunciante, incómodo con el que soñaba cuando era joven y que forjó mi vocación. ¿Sería una quimera reclamar su vuelta?