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jueves, 30 de diciembre de 2010

Adiós a CNN+

Desde hace dos días, el canal 133 de mi televisor ha dejado de emitir. Un escueto mensaje sobre la pantalla en negro me informa que, por razones ajenas a la plataforma que tengo contratada, las emisiones han finalizado. Una eufemística manera de decirme que CNN+, que a lo largo de once años ha dado noticias las 24 horas del día, ha sido cerrado por sus actuales dueños. Al parecer, la información continuada y los debates darán paso a un reality show, si no lo han hecho ya. Un síntoma más del mal momento que atraviesa en nuestro país el periodismo hecho desde el sosiego y la objetividad, sin crispación ni insultos, consagrado por entero a los hechos, al sagrado principio de "just the facts", a las noticias, que son el pan nuestro de cada día de quienes nos dedicamos a esta profesión. Ahora se impone una forma de ejercer este oficio dominada por los malos modos, por las ofensas, por los improperios. Cuanto más soez, mejor. Es lo que se lleva. Es la particular manera que tienen algunos de hacer subir -dicen- las audiencias a las que -insisten- se deben por entero. 

Precisamente, según repiten sus gestores, han sido las bajas cifras de telespectadores a lo largo del tiempo las que han condenado a CNN+ y, sobre todo, a más de un centenar de profesionales, a los que, además de pasar a engrosar la lista de parados, no les ha quedado otro recurso que el de recoger firmas. Con las muestras de solidaridad trataban de impedir una muerte ya anunciada desde que Sogecable llegó a un acuerdo económico con Telecinco, aunque la responsabilidad del cierre sea más consecuencia de la mala administración de la empresa de PRISA, de su escasa originalidad para buscar nuevos formatos, para hallar novedosas fórmulas que relanzaran la cadena, que del mandato del nuevo socio, por mucho que algunos hayan querido en estos días esconder la mano. 

Hace once años, cuando el canal de "está pasando, lo estás viendo" iniciaba su andadura, entrevisté a Francisco G. Basterra, su director general, para Canarias7. Entonces me habló de un nuevo modo de hacer periodismo, importado de Estados Unidos, de un nuevo tipo de periodistas que saldrían a la calle en busca de las noticias en el mismo momento en el que se estuvieran produciendo. Aquellos sueños de antaño hoy ya han quedado rotos. Se ha impuesto la lógica empresarial al deseo informativo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El mundo, al revés (2)

No deja de sorprenderme la virulencia -como si les fuera la vida en ello- con la que algunos se despachan en su defensa a ultranza de la barra libre en Internet para los contenidos culturales. Una actitud agresiva que contrasta con la tibieza con la que se pronuncian o el silencio con el que callan, por ejemplo, para reclamar a las inmobiliarias unas viviendas más baratas o gratuitas, a los bancos unos intereses más bajos o, sencillamente, inexistentes, a las operadoras de telefonía unas líneas de ADSL menos costosas o, directamente, gratis. 

No deja de sorprenderme la facilidad con la que algunos han hecho suyas las tesis de la derecha extrema, detrás de las que hay un menosprecio sin tapujos a los creadores y a la Cultura, a los que se acusa de vivir de las subvenciones, negando, en cualquier caso, el talento, la dedicación, el esfuerzo o los recursos que toda creación intelectual y artística requiere para nacer y llegar al público. Y ocultando, al mismo tiempo, no sólo la necesidad de toda colectividad de proteger el acervo y la diversidad culturales, sino también las ayudas que reciben la agricultura, la minería, las elécricas, la industria automovilística, la banca, las exportaciones y otros tantos sectores tan productivos como la Cultura (4% del PIB y miles de empleos). 

No deja de sorprenderme el cinismo de quienes hablan con desprecio de los autores de las películas, los libros, los videojuegos y las canciones que se descargan impunemente, sin retribuir a sus legítimos propietarios; la desfachatez de quienes apelan a la neutralidad en la red y la libertad de expresión para justificar la sustracción de las obras ajenas; la hipocresía de quienes piden una mayor velocidad de las líneas para facilitar sus intercambios personales -eufemismo con el que se refieren al tráfico ilegal de la música, el cine y la literatura de otros-, cuando les bastaría con lo básico para transmitirse los alegatos libertarios de gente como Enrique Dans o Víctor Domingo, que caben en menos de 150 caracteres. 

Menos mal que, para que el mundo no esté del todo del revés, hay quienes se posicionan claramente en los medios de comunicación a favor de la creación. Como Victoriano S. Álamo, quien, desde las páginas de Canarias7, recuerda hoy que "lo único que se consigue dejando que Internet sea un lugar donde a los creadores se les ningunea, un día sí y otro también, es generar un futuro (y próximo) empobrecimiento cultural irreparable". Seguramente, este periodista tenga desde ahora más enemigos anónimos que simpatizantes. Es lo que tiene apostar por la justicia y criticar abiertamente el robo. 

Lo dicho, el mundo, al revés.

lunes, 19 de julio de 2010

Ricardo Lezcano

"No hay nada más profundamente humano que la vida y la muerte, de las que somos actores y víctimas al mismo tiempo", proclama quien se ha bebido la vida a grandes sorbos, procurando no desperdiciar ninguna gota, y a quien la muerte no ha sabido doblegar, porque él se resiste, cuando tiene el siglo a la vista, a que haga su triunfal entrada. A veces parece que Ricardo Lezcano (Madrid, 1917, pero canario de ascendencia y adopción) compitiera en longevidad con Francisco Ayala. Funcionario de Hacienda, porque de algo hay que vivir, ha sido, sobre todo, poeta, investigador, columnista e intelectual irreductible, de firmes convicciones socialistas. Durante años mantuvo viva la llama del teatro aficionado en Las Palmas de Gran Canaria a través del Teatro Insular de Cámara, que fundó con su hermano Pedro, también poeta, político y hombre de izquierdas, ya desaparecido. Aquella dedicación a los grandes dramaturgos del siglo XX, en una España inmersa en la dictadura franquista, le valió en 2009 el reconocimiento de un Maximino de Honor.

Como cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas, Ricardo Lezcano se ha embarcado en los últimos tiempos, con la ilusión y la energía de un joven, a publicar diversas antologías con los centenares de versos y artículos periodísticos -aparecidos en muy distintas cabeceras, como El País, La Provincia o Canarias7- que ha ido escribiendo a lo largo de su vida, como si quisiera hacer un repaso, ahora que está al final del camino, de su intensa trayectoria creativa. Su última entrega a la imprenta, recientísima, ha sido Memorial de luces, sombras y derrotas, testamento poético en el que canta a su amado territorio insular, a la infancia -Patria que le dio "la soledad e inmateriales empleos"-, a la madre -cuya vida arrebató naciendo-, al amor, a la soledad o a la amistad, pero también a aquellos tiempos ya lejanos que se marcharon llevándose consigo la derrota de la República y todos los sueños revolucionarios construidos en torno a ella.

Y mientras lo dejen, él seguirá ahí, porque, como ha escrito, "la vida no es más que la vida". Y ahí está, para vivirla, algo que él ha sabido hacer a las mil maravillas.