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lunes, 22 de noviembre de 2010

Inmigración

Hace algunos años, durante la presentación de un libro sobre los movimientos poblacionales en Europa, Juan Goytisolo denunció la perversión de una encuesta que recogía, como principal conclusión, que los españoles consideraban a los gitanos como los inmigrantes que menos confianza les generaban. Por contra, recordaba el escritor barcelonés que, precisamente, estos ciudadanos no eran extranjeros, pues llevaban viviendo en territorio español desde hacía más de cinco siglos. 

Ahora, un sondeo de la Fundación Bertelsmann constata que el 67% de los españoles piensa que el número de extranjeros que reside en nuestro país es elevado. Nada dicen las informaciones de la pregunta que se formuló a los encuestados para obtener este porcentaje. ¿En comparación con qué es alta la cifra de inmigrantes? ¿Sabían los interrogados cuántos extranjeros viven actualmente en España? ¿Son muchos mil? ¿Y diez mil? ¿Y un millón? ¿Y cinco millones? ¿Cuántos se convierten en demasiados? ¿Son muchas las mujeres que cuidan a nuestros mayores? ¿Eran demasiados los que se subían hasta hace unos meses a los andamios para seguir inflando la burbuja inmobiliaria, ahora deshinchada?

Para tranquilidad de quienes nos tememos lo peor, esto es, que empiecen a soplar vientos de racismo por estas tierras, el estudio, titulado La percepción de los españoles sobre la diversidad y la inmigración, constata que no ha aumentado la xenofobia entre nosotros. Yo no me atrevería a ser tan rotundo, tomando en consideración otros resultados de la encuesta, como que el 38% valora la inmigración como negativa o que el 72% la entiende como asunto de preocupación. Preocupantes son estas percepciones y no quienes entran en España en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo.

domingo, 8 de agosto de 2010

Almería imaginaria (1)

Todo viaje es una experiencia personal, única e intransferible. Da igual que viajemos en solitario o en compañía de nuestra pareja o familia, de los amigos o de simples desconocidos. A su fin, cada uno lo habrá vivido de un modo diferente y el recuerdo que de él guardará no coincidirá con el del resto de acompañantes. Por eso, hay tantos viajeros como viajes emprendidos y éstos, a su vez, pueden ser de muy diversa naturaleza: reales, veraces, imaginarios, literarios, oníricos, inverosímiles, referidos...

No hemos consultado ninguna guía turística de Almería antes de plantarnos en la localidad serrana de Níjar, en la que permaneceremos durante las próximas dos semanas. Seguramente, en esos libros aparezca una relación completa de los lugares de interés que todo turista que se precie ha de visitar si recala por estas tierras. Como esas referencias ya están ahí para quien quiera consultarlas, la intención es realizar, a lo largo de estos días, breves apuntes de los lugares visitados, expresar las sensaciones experimentadas, relatar las anécdotas o pensamientos surgidos en cada momento y lugar.

Almería nos ha recibido con las altas temperaturas que azotan el resto del país y con la noticia de una patera interceptada en sus costas con algunos inmigrantes a bordo. Por ahí, nada que se salga de lo corriente en estas fechas veraniegas. Un primer paseo por la avenida dedicada a Federico García Lorca, arteria principal del pueblo. Seguro que, en otro tiempo, la calle debió llevar el nombre del general Franco. En democracia cambiaron el recuerdo de las balas y las atrocidades por la poesía.

Apenas unas pocas horas transcurridas aquí y ya se empieza a experimentar el sentimiento de insularidad que ha descrito, acertadamente, algún que otro novelista almeriense.