lunes, 9 de abril de 2012

El generalote bolivariano


Si no fuera por el drama que están viviendo millones de ciudadanos sirios desde que iniciaron la rebelión contra el tirano Bashar al Asad, las palabras del generalote bolivariano sobre las supuestas reformas iniciadas por el Gobierno de Siria merecerían formar parte de un monólogo de humor de Luis Piedrahíta. Pero resultan repugnantes. Afirmar que el hijo de otro ilustre asesino, Hafez al Asad, ha emprendido cambios y que detrás de todo lo que sucede en ese país está la mano demoniaca de Estados Unidos es vivir fuera de la realidad o ser un cínico o un dictador de igual pelaje. Y más después de que el ejército sirio haya masacrado en los últimos meses a miles de personas y destruído ciudades con el único fin de mantener en el poder a otro vástago más de esta saga de criminales.

Quizás merezca otra entrada la actitud de la comunidad internacional en este tiempo, en el que ha mirado para otro lado cuando un pueblo se levantaba en armas contra la tiranía, alentado por una primavera que sí encontró respuestas en otros lugares. ¿O hace falta recordar la intervención militar en Libia?

jueves, 29 de marzo de 2012

A Flora García Ivars

Tuve la suerte de conocer a Flora García Ivars cuando entrevisté a su marido, el escritor Ricardo Lezcano, para el diario Canarias 7. Desde ese mismo día, hace ya unos años, he disfrutado de su amistad y su cariño. Una mujer valiente, generosa, divertida y, por encima de todo, optimista. Ni los malditos achaques de una salud quebrada desde la infancia, ni las intermitentes entradas y salidas del hospital pudieron doblegar su inteligente sentido del humor y su fina ironía. Hasta ayer, 28 de marzo, en que su cuerpo dijo basta. Casualmente, horas después de que se conmemorara el Día Mundial del Teatro, una afición a la que se entregó en cuerpo y alma, ya como aficionada, ya como actriz -creó junto a Ricardo el Teatro Insular de Cámara en Las Palmas de Gran Canaria de los años cincuenta y hasta hace muy poco seguía ensayando por el puro placer de pisar las tablas.

Flora, que supo estar siempre en un segundo plano, cediendo el protagonismo a Ricardo, dejó también un par de libros publicados y un breve relato biográfico, inédito, gracias al cual conocí las dificultades que pasó siendo niña: el paso a pie por la frontera pirenaica, a través de las montañas, camino del exilio francés, en pleno invierno del 39, las vivencias en un pequeño pueblo galo y el obligado regreso a una España nacional-católica que no perdonó a los que consideró traidores a la patria.

Y siempre me llamó la atención el profundo amor que profesaba a Ricardo, al que conoció cuando ella tenía tan solo diez años y él ya había vivido la experiencia de la guerra civil. La ternura con la que se dirigía a él. Los cuidados que le prestaba en todo momento. Siempre vigilante, siempre dispuesta.

Flora, gracias por tu amistad. Descansa en paz.

martes, 20 de marzo de 2012

Librería Antonio Machado

Hay noticias que parecen extraídas de la hemeroteca o de esa sección de Efemérides que tanto gusta a los periódicos con historia, si no fuera porque son recientes. He sabido a través del blog de Juan Cruz que una de las librerías en las que con mayor frecuencia adquiero mis lecturas, la Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes de Madrid, fue atacada este lunes por un ¿energúmeno?, ¿gamberro?, ¿pirómano?, ¿enemigo de la libertad?, que aprovechó que el local estaba cerrado para cometer una fechoría que, por suerte, no pasó a mayores.

¿Cómo denominar a quien considera que en los centenares de volúmenes dispuestos en los estantes hay enemigos potenciales a los que debe aniquilar, a los que debe lanzar un fuego purificador que acabe con ellos y, de paso, evite que prenda el conocimiento, la sabiduría o el placer que llevan consigo? El nazismo y también el franquismo se vanagloriaron de las quemas públicas de libros, actos con los que buscaban asesinar simbólicamente a sus autores, advertir a la población de lo pernicioso y peligroso de adquirirlos, poseerlos o leerlos, y, por encima de todo, imponer un régimen de terror en el que estuvieran ausentes las libertades de pensamiento, de expresión, de discrepancia o de debate, porque lo que debía imperar era el pensamiento único.

También la Transición vivió episodios como el ocurrido el día de San José, que creíamos desterrados para siempre de nuestra vida cotidiana. Quizás sea un hecho meramente anecdótico o, quizás, lo que resultaría preocupante, una muestra de los tiempos que corren.

lunes, 12 de marzo de 2012

Benjamín Escoriza

Hay noticias que te sacuden como lo haría un puñetazo en pleno rostro. Y así lo ha hecho la de la muerte de Benjamín Escoriza, ese maestro de la rica música mestiza de la Península Ibérica, ese hombre de sonrisa perenne y voz rotísima, que no perdía nunca el ritmo, porque había nacido con él, aunque por momentos nos pareciera inaudible,  que he recibido de quien ha escrito su necrológica para El País. No voy a proclamar aquí que éramos amigos, porque es incierto. Tampoco que habíamos hablado recientemente, porque sería mentir. Y es absurdo que me enorgullezca de que su teléfono móvil aparece en mi lista de contactos.

Pero sí que tuve la suerte de conocerlo gracias a mi oficio -¿profesión?- de periodista. Lo entrevisté para la  ya extinta Batonga! y me concedió una interpretación de La Tarara en un pequeño local, aunque yo era el único espectador. Luego tuve la ocasión de compartir momentos inolvidables en Fuerteventura, con motivo de una de las ediciones de Fuertemúsica!, festival que reunió por una noche a Radio Tarifa. Y alguna que otra vez me lo encontré en las cercanías de la SGAE, seguramente porque había ido a registrar los temas de sus trabajos en solitario.

De él me quedan recuerdos, la sorpresa que le produjo la sobria belleza de la isla a la que exiliaron a Unamuno, o la invitación que me hizo para que disfrutara de una paella a cambio de queso majorero, de la que nunca hice uso. Cuando hoy he recibido la fatal noticia, un pensamiento me ha venido inmediatamente: "¡Maldita sea, siempre se mueren los mejores!" Y he pensado en aquella persona generosa que se mostraba tal cual era, porque le daba igual quién estuviera enfrente. ¿Qué le habrá cantado a la muerte cuando lo vino a visitar este pasado sábado?, me pregunto.

sábado, 11 de febrero de 2012

Regresión democrática

El fantasma de la reacción recorre España. Los corruptos campan a sus anchas, exhibiéndose sin pudor en todas partes, mostrando los frutos del despilfarro, del saqueo continuado de las arcas públicas, sabedores de su impunidad. El Tribunal Supremo firma una vergonzosa sentencia que ha convertido este 9 de febrero en una fecha negra para la historia de la Justicia en España. Baltasar Garzón, otrora adorado por la derecha extrema por ser el azote del felipismo, es desterrado de la judicatura con el aplauso unánime de los antaño aduladores. El Consejo General del Poder Judicial declara intolerable las críticas al fallo, olvidando seguramente que en este país la libertad de expresión, el derecho a la crítica y a la discrepancia forman parte de la cotidianidad democrática. El flamante ministro del ramo, Alberto Ruiz-Gallardón -algún día el Grupo Prisa quizás explique a la ciudadanía su empeño de años en presentarnos al cachorro de Don Manuel como el miembro más destacado del sector progresista del Partido Popular- anuncia sin rubor una reforma legal que nos retrotrae a los primeros años de la democracia. Los miembros del Gobierno en su totalidad se escandalizan por las burlas -de mejor o peor gusto, allá cada cual con su valoración- lanzadas contra nuestros deportistas en un canal de televisión francés, cuando nunca, estando en la oposición, se molestaron en reprender a los jinetes del apocalipsis, tan dados al insulto y al mamporro verbal en los medios de comunicación afines. Y para rematar la faena, hoy, 10 de febrero, nos regalan una serie de cambios en el mercado laboral que echan por tierra años de lucha y de conquistas sociales, con la burda excusa de la crisis económica. 

lunes, 6 de febrero de 2012

Cibermatonismo

No deja de sorprenderme lo difícil que resulta a algunos llamar a las cosas por su nombre. El cierre de Megaupload y la detención de su cabecilla, Kim Schmitz, dedicados al enriquecimiento ilícito, al saqueo de la propiedad ajena y a una ostentación rayana en la pornografía, son valorados por no pocos ciudadanos como un ataque a la libertad de expresión y al acceso universal a la cultura, cuando no como una cortapisa a eso que llaman neutralidad en la red, como si en los tiempos que corren algo fuera neutral (Suiza dejó de serlo hace ya algunas décadas).

Lo más sorpresivo es que también los medios de comunicación han caído en la misma tentación facilona y tratan con simpatía al tal Dotcom, cuando no a los ciberextorsionadores de Anonymous quienes, ocultos tras el anonimato que les concede el clic del ratón, amedrentan, amenazan, coaccionan y socavan la libertad -esta vez sí- de aquellas personas o instituciones que, por una u otra motivación imprecisa, les resultan antipáticas o, directamente, no están dispuestas a someterse a la voluntad de lo que un periodista califica románticamente de "ejército inaprensible, heterogéneo y líquido de activistas y hacktivistas".

El gangsterismo ha adquirido una nueva forma y algunos parecen negarse a la evidencia. Allá ellos. A lo mejor son las próximas víctimas del ciberfascismo.

miércoles, 4 de enero de 2012

De Pepe Botella a Ana Botella

La verdad es que lo más fácil sería jugar a establecer las similitudes y diferencias entre las dos Botellas más famosas de la historia de España, la de José Bonaparte, hermano de Napoleón y rey postizo en tiempos del más ferviente patriotismo bélico, y la de Ana, reciente regidora madrileña y esposa del tercero en discordia en la famosa foto de las Azores. Seguramente nos lo pasaríamos muy bien fijando en qué se parecen ambos y en qué  se distinguen, como si del Trivial se tratara. En realidad, lo que me llama la atención - y al mismo tiempo me escandaliza- es aquello en lo que no se parecen en nada ambos mandatarios. Esto es, en el papanatismo religioso que caracteriza a una y del que el otro no hizo ninguna gala, preocupado como estaba en el contenido alcohólico del vidrio.

Por suerte, no tuve que sufrir esa ceremonia que transformó la plaza madrileña de Colón en un Valle de los Caídos de mentirijillas gracias a una impetuosa e imponente cruz. A lo mejor ya estaba cerrada la cita con Rouco Varela antes de que Alberto diera la alternativa a su teniente. Seguro. Pero ha sido ella la que celebró gustosa la ceremonia en territorio capitalino, después de otra ceremonia, la de su toma de posesión, que daría para más de un post.

En definitiva, que con la Iglesia seguimos topando y que, si nadie lo remedia, y no lo parece, continuaremos haciéndolo por mucho tiempo.