lunes, 1 de octubre de 2012

El caso Urdangarín y otras zarandajas

Al tiempo que los políticos se muestran incapaces de sacarnos de la crisis y muy temerosos ante las imprevisibles consecuencias de la contestación social que se va extendiendo poco a poco en las calles, los medios de comunicación nos ofrecen cada día algún nuevo capítulo de corrupción en la Administración. Cuando no se trata de algún alcalde -y ya van unos cuantos-, subyugado por el canto de sirena de los dineros inmobiliarios, el protagonista es el presidente de los jueces, amigo de los viajes privados con fondos públicos, un presidente autonómico amante de la moda o el propio yerno del Rey, que parece que encontró un chollo con la utilización del nombre de su real suegro para hacer pingües negocios.

Lo más descorazonador es que tales denuncias de corruptelas se quedan en meras anécdotas informativas, en sabrosos argumentos para un futuro thriller o, lo que es peor, en nada. Desconozco hasta dónde tiene que llegar un cargo público en sus afanes de enriquecimiento para que la Justicia determine su encarcelamiento o un escarmiento disuasorio para imitadores. El dossier de alguno de ellos engorda constantemente (¿cuánto tiempo llevamos leyendo o escuchando las andanzas de Carlos Fabra, Jaume Matas o Iñaki Urdangarín?) y aquí no pasa nada, como si estos personajes estuvieran eximidos -por una norma no escrita- de la aplicación del Código Penal.

Mientras llega ese día, tan lejano como el horizonte, que se va alejando a medida que nos acercamos a él, nos lo tomaremos con humor, con esa gracia tan del gusto de los gaditanos, que no dudaron en dedicar en los pasados carnavales (¡cómo pasa el tiempo!) más de una divertida -y ácida- composición al marido de la Infanta. ¡Qué remedio!

jueves, 27 de septiembre de 2012

La buena ciudadanía

(@www.noticias.starmedia.com)
La derecha extrema tiene la feísima costumbre -históricamente nefasta y repugnante, como se ha podido constatar en otras épocas- de categorizar a los ciudadanos. Basta con que no coincida la acción gubernamental con el sentir popular para que nos encontremos, de la noche a la mañana, en uno de los estancos clasificatorios fijados por la autoridad. Ya nos pasó a una gran número de españoles cuando nos manifestamos reiteradamente contra la injusta e ilegal guerra contra Irak, que el entonces presidente del Gobierno Aznar abrazó con el entusiasmo que testimonió una ya inolvidable foto en la que aparecía junto a Bush y Blair con gesto sonriente y cabellera despeinada. A juicio del señor Aznar (y de sus ministros de entonces, claro está), quienes salimos a las calles masivamente no eramos patriotas y, por tanto, debíamos ser considerados españoles de segunda.

Ahora, la distinción la establece el actual presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, al que las protestas del 25-S han pillado -imaginemos por un instante que casualmente- fuera de España. Y desde la distancia no ha tenido una ocurrencia mejor que proclamar su "reconocimiento a la mayoría que no sale en las portadas" y referirse a los que se quedaron en casa o en el trabajo como a buenos ciudadanos, marcando una línea con los que decidieron salir a la calle y hacer efectivo su derecho constitucional a manifestarse contra los recortes, los mercados y el desprestigio de la clase política, entre otras razones.

Hace muy mal quien hace este tipo de distinciones entre la ciudadanía, cuando debería actuar y hablar como presidente de todos porque, al final, somos todos -o casi todos- los que venimos sufriendo esta maldita crisis que parece no querer abandonarnos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Hipocresía periodística

Tirar la piedra y esconder la mano. Con una frecuencia cada vez mayor y más vergonzosa, los medios de comunicación se han apuntado a la moda de generar polémicas o escándalos y, posteriormente, cuando ya el polvorín ha estallado y la alarma social se ha desatado, recoger velas, rasgarse las vestiduras y preguntarse sobre los límites del periodismo y, por ende, de la libertad de expresión. Por lo visto, no debe parecerles deontológicamente correcto -por aquello de la autocensura- imponerse barreras y no traspasarlas en ningún caso.

Nos regalan imágenes truculentas o atrevidas, nos hacen escuchar grabaciones innecesarias y de escaso valor periodístico pero de un beneficioso morbo o nos torpedean durante semanas con anodinas y anecdóticas informaciones que llevan a portada para, a continuación, cuestionarse dónde debe el profesional del periodismo establecer la línea fronteriza. Da igual que se trate de una princesa en topless, de una atrevida anciana con vocación de artista plástica o de las voces de unos pilotos en los momentos previos a la explosión de su aeronave. Todo vale...hasta que, por extrañas razones, les vence el pudor o la vergüenza e inician una etapa de arrepentimiento...hasta la ocasión siguiente. No vaya a ser que la competencia les robe lectores, oyentes o telespectadores por no estar, como diría el viejo profesor, al loro.  


martes, 25 de septiembre de 2012

Fascismo digital

Hace ya mucho tiempo que llegué a la conclusión de que la supuesta democratización a la que han contribuido Internet y, sobre todo, las redes sociales, no es más que una falacia interesada. Pero más lo ha sido la afirmación de que esas herramientas han sido fundamentales para ampliar y consolidar la libertad de expresión. No hay más que observar ciertos comportamientos para acabar pensando que si a algo han ayudado es a extender lo que podríamos calificar de fascismo, borreguismo o matonismo digitales.

Viene esta reflexión a raíz de la reacción -eso sí, digital, aunque uno nunca sabe hasta dónde son capaces de llegar algunos- que ha tenido Dani, cantante del grupo Despistaos, tras leer la reseña que el periodista Fernando Neira escribió en El País sobre su reciente actuación en el festival MTV Madrid Beach 2012. En ese artículo se leía que Despistaos "son como El Canto del Loco pero de Guadalajara, más ramplones y con un cantante que goza de menor predicamento entre las potenciales suegras que Dani Martín". Ya sabemos que a muchos artistas, tan vanidosos ellos, no les satisfacen las críticas y sí los elogios y halagos. Ahí están los casos recientes de Joaquín Sabina, Pedro Guerra  y algún otro, a los que no gustaron tampoco los comentarios que Neira publicó sobre sus conciertos madrileños. Quizás porque no tuvieron en cuenta que una cosa es el crítico y otra muy distinta el fan.

Pero de ahí a ampararse en Twitter para iniciar una campaña contra el periodista, en la que no faltan los insultos y el mal gusto, va un trecho. El tal Dani, tan amante de una peculiar manera de entender la libertad de expresión, se lo tendría que hacer ver, como también algunos de sus muchos miles de seguidores virtuales, que con tanto entusiasmo participaron en la hoguera inquisitorial -menos mal que digital, insisto- a la que han querido tirar a un profesional del periodismo, al que el rigor y la honestidad avalan. 


Tales conductas ratifican una idea que lleva tiempo rondándome: vivimos en una democracia sin demócratas.

martes, 24 de julio de 2012

Tomás Gayo

Siempre tuve la impresión de que a Tomás Gayo la suerte le era esquiva. Daba igual que emprendiera uno u otro proyecto porque, al final, siempre triunfaba un destino que parecía conjurarse contra él. No importaba que sus ganas fueran muchas o que invirtiera todo su talento y todos sus recursos en una aventura teatral y en la siguiente y en la por venir. Al final, la victoria era de otros o, si era suya, no era total, nunca era completa. 

Lo conocí cuando me encomendó la comunicación de El adefesio, de Rafael Alberti. En el reparto estaban Manuel Galiana, María Luisa Merlo y Olivia Molina, que debutaba entonces sobre las tablas. Todas las papeletas apuntaban al triunfo y, sin embargo, la casi inmediata deserción de Galiana y Molina truncó un éxito esperado. Lo mismo le ocurrió después con otros espectáculos. Rozaba la gloria, pero...siempre aparecía un imprevisto, una contingencia...algo que impedía que pudiera disfrutar de un merecido reconocimiento.

Siempre quiso que Madrid, la ciudad en la que nació el 4 de marzo de 1960, se rindiera a sus pies. Cualquier gira debía concluir en la capital, aunque las posibilidades de fracaso fueran muchas, por no decir todas. La cartelera madrileña no ha sido fácil para nadie. Tampoco para quienes la mamaron desde pequeños y soñaron una vez con su conquista.

Ambicioso en la misma medida que generoso, se consagró por entero a la escena, siempre con el entusiasmo del debutante, como si cada estreno fuera la oportunidad que nunca llega al actor que aspira a ese aplauso para el que se prepara día tras día, ensayo tras ensayo. 

Tanta mala suerte ha tenido, que su muerte, acaecida el sábado 21 de julio en Cancún (México), se ha conocido ahora, cuando se ha sabido que nos han dejado el también actor Francisco Morán, la editora y escritora Esther Tusquets o el político Gregorio Peces-Barba, con los que tendrá que competir por el mismo espacio en la prensa, esos periódicos que devoraba buscando la reseña o la crónica de sus montajes. 

Descansa en paz, Tomás.

lunes, 11 de junio de 2012

Inútiles y mentirosos

Seis meses después de su llegada al poder, a uno le queda la impresión de que quienes nos gobiernan son unos inútiles y, además, unos mentirosos. ¡Cuántas cosas buenas, dijeron, iban a suceder cuando alcanzaran La Moncloa! Bastaba con que pisaran el Palacio para que se restableciera la confianza, los mercados nos devolvieran lo que nos habían robado y el desempleo iniciara un vertiginoso descenso. Y todo, sin subir impuestos, aplicar los tijeretazos, ni recortar derechos. ¡Cuánto buen ejemplo de gestión, recordaron, había en gentes como Camps, Aguirre o Rato! Y qué injustos éramos quienes poníamos en duda las hazañas financieras de tales personajes. Y como además eran muy amigos de la Merkel, y por ende de Sarkozy, pues todo resuelto. Nada de que preocuparse...hasta que comprobamos que no todo era tan sencillo, que nada estaba bajo su control y que las decisiones se adoptaban en otros lugares y no en esa residencia con nombre de estación de metro.

Si uno les pregunta por su gestión de este medio año, nada dirán de recortes, tijeretazos, subidas de impuestos, aumento del paro, prima de riesgo descontrolada o rescate financiero. Ya se han aplicado en el uso de las expresiones eufemísticas para disimular la realidad. Hasta la inyección de 100.000 millones de euros a la banca, que a más de un ministro cogió mirando a Cuenca, la venden como un éxito, como una bendición y un logro político. ¡Lástima que no la solicitaran antes! Y hasta se fueron a Polonia a celebrarlo.

Habrá que ver cuánto tarda en llegar el otro rescate, el que ya experimentaron antes Grecia e Irlanda.

Lo dicho, que son unos inútiles y unos mentirosos.

viernes, 8 de junio de 2012

Javier Krahe (2)

 (@EFE)
Finalmente triunfó la libertad, que es como decir que la reacción fue derrotada. Ocasionalmente, eso sí. Pero al menos, en los tiempos que corren, ya es algo, cuando desde el Gobierno están empeñados en castigar todo aquello que escapa a su control ideológico, llámese libertad de expresión frente al himno o la bandera, llámese libertad de manifestación, libertad de la mujer para decidir o cualquier otra forma de afirmar nuestra condición de ciudadanos de un país libre. Habría que preguntarle al ministro Gallardón qué nuevas sorpresas nos prepara su departamento (entre las que, obviamente, no hay ninguna que afecte al magistrado Carlos Dívar).  

Celebro que Javier Krahe (y con él la productora Montserrat Fernández) haya sido absuelto de un presunto delito de ofensa a los sentimientos religiosos por el que había sido sentado en el banquillo por la organización ultramontana Centro Jurídico Tomás Moro. Ahora que parece que la pesadilla ha terminado para el cantautor madrileño habría que preguntarle al juez que  ha llevado la causa para qué  admitió a trámite tan estrambótica y extemporánea reclamación. Porque, visto el fallo, no da la impresión de que quisiera travestirse de Torquemada. Y luego dirán que la Justicia está colapsada.

Y mientras tanto, al borde del rescate anunciado y tantas veces negado.